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Fútbol. Primera División.

La opinión de Emilio Pérez de Rozas: El Mallorca merece una explicación, ¿verdad?

El entrenador del Mallorca Jagoba Arrasate durante el partido de la primera jornada de LaLiga que RCD Mallorca y FC Barcelona disputan hoy sábado en el estadio de Son Moix. EFE/CATI CLADERA

El entrenador del Mallorca Jagoba Arrasate durante el partido de la primera jornada de LaLiga que RCD Mallorca y FC Barcelona disputan hoy sábado en el estadio de Son Moix. EFE/CATI CLADERA / CATI CLADERA

Emilio Pérez de Rozas

Palma

Toda la sabiduría que señores y señoras, con las que probablemente usted y yo no nos iríamos ni al cine, mucho menos pasaríamos un fin de semana juntos o les prestaríamos el coche, han empleado, dicen, en reorganizar al colectivo y sistema arbitral, saltó por los aires en el segundo partido de la temporada, es decir, en el segundo encuentro de los 380 que se jugarán este año. Peor aún, peor, en el minuto 23 de los 34.200, como poco, que se disputarán.

«No hace falta ‘desir’ nada más», que decía Louis van Gaal, cuando era entrenador del FC Barcelona. El mayor problema del arbitraje, en serio, el más grave por la importancia que sus propios creadores le han otorgado, es que, cambiándoles el nombre a los árbitros, iban a convertirse en los mejores colegiados del planeta.

Es muy posible, mucho, que aquellos que tomaron esta decisión ni siquiera sabían que los árbitros eran nombrados por sus dos apellidos para evitar que, de pronto, en las gradas del estadio del Atlético se escuchase el cántico de «¡Franco, cabrón, fuera del Calderón!» Y es que había un árbitro que se llamaba Ángel Franco y pasó a llamarse Franco Martínez. Y así todos.

Lo gracioso y ese es otro sinsentido de la nueva organización arbitral es que dicen que ese cambio tiene como propósito «humanizar al colegiado». ¿Perdón? Y al club, entrenador, jugadores y seguidores ofendidos, despreciados, ¿quién los humaniza? El nuevo humano puede presentarse en Son Moix y hacer lo que le dé la gana, como no parar el partido cuando un jugador recibe un balonazo en la cabeza (norma obligada en el nuevo estilo de arbitraje) o no pedir la revisión de la jugada para expulsar ¡vaya que sí! a Raphinha, con el mismo VAR que se expulsó a Muriqi.

Me da que el Real Mallorca no abrirá la boca pero, desde luego, alguien debería reclamar, pedir y/o exigir una explicación. Jagoba Arrasate, que es la Madre Teresa de Calcula, no solo por los arbitrajes que soporta («estoy profundamente triste, me estoy desenamorando de este deporte al que he amado desde que mi padre me lleva a Atocha», dijo en enero), tenía toda la razón del mundo cuando el viernes dijo, con respecto al partido de Miami (un ejemplo más del caos), que «la guarnición se está comiendo al solomillo».

No hay, no habrá, humildad suficiente en esa nueva organización arbitral, que, según Javier Tebas, presidente de LaLiga y ¡ya lo ha conseguido! vicepresidente de la Federación Española, «no es necesario que esté integrada por exárbitros internacionales», como para que, mañana mismo, Marta Díaz, arbitra de largo recorrido y portavoz del Comité Técnico de Árbitros (CTA), pida perdón, pida disculpas y le dé la razón al Real Mallorca e, incluso, al cuarto árbitro de Son Moix, asegurando que «en efecto, el partido se debió detener, como les dijimos en nuestra charla, y la entrada de Raphinha a Mateu Morey debió revisarse en el VAR».

El cambio que se ha producido en el CTA no va en esa dirección. Es más, sobre la posibilidad de que alguien, bueno, la señora Díaz, dé explicaciones de las jugadas polémicas, existe, ya de entrada, el matiz de que sus declaraciones se anuncian como algo esporádico, «algunas jugadas cada dos o tres semanas». ¡Cada dos o tres semanas y, en 23 minutos de temporada, ya se ha incendiado LaLiga! ¿En serio? No, no va en serio. Ellos van sembrando el caos, minuto a minuto, y alguien dará explicaciones cada dos o tres semanas.

La humanización del arbitraje y, sobre todo, su credibilidad pasa, no solo por dar explicaciones de los errores que pudiesen producirse jornada tras jornada, sino también por pedir disculpas, sobre todo si, como es el caso escandaloso del sábado en Son Moix, todo el mundo recibió la clase magistral de que «cuando un futbolista recibe un pelotazo en la cabeza ¡se para el partido!» y cuando, además, el auxiliar principal de Munuera Montero, perdón, José Luis Munuera, le pide a gritos que pare el partido.

Lo que es ‘flipante’ es que, además de ser y sentirse más humanos, los ‘nuevos’ colegiados, convertidos en infalibles por el mero hecho de ser conocidos por su nombre y primer apellido, también se han doctorado, de pronto, en medicina y saben, solo con una mirada, si un futbolista está o no conmocionado, aturdido, mareado. «Es un golpe al despejar el balón. Escucha, escúchame un segundo: ha despejado el balón con la cabeza. He hablado con él, no está para llevárselo», fue la explicación de Munuera Montero, perdón de nuevo, José Luis Munuera.

Es el nuevo y moderno «sigan, sigan». Insisto, el nuevo/viejo cerebro del CTA ha saltado por los aires en el minuto 23 de los 34.200 de esta nueva Liga. Con o sin Inteligencia Artificial. En este caso, más artificial que inteligencia, la verdad.

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