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Primera Divisón

¡Robert Sarver, ‘go home’!, por Emilio Pérez de Rozas

Baba y Maffeo persiguen a Ansu Fati. VINCENT WEST

Sé, queridos culés, amantes del Barça, apasionados de todo lo azulgrana, fervientes seguidores de Joan Laporta y sus 235 palancas, riesgos mil y posible venta al por mayor del més que un club, que pasaron el sábado una noche eufórica viendo cómo su remozado equipo, con el mismísimo Gerard Piqué en plan Superman y (casi) capitán del segundo de LaLiga, se imponía (por la mínima, tampoco saquen pecho, un poco de Lewandowski y un mucho de Ter Stegen) al Real Mallorca, en el estadio de Son Moix, que, de momento, no se llama Venga a veranear a Mallorca o Páselo bien en Mallorca o Gratis total en Mallorca porque el club no ha llegado aún a un acuerdo con la señora presidenta (socialista) del Consell de Mallorca Catalina Cladera para cobrar 1.850.000 euros por promoción de la isla.

Yo les entiendo. El Barça sigue ganando y todo eso que se llevan a la almohada. Pero déjenme que les diga que el Real Mallorca, que, sí, plantó cara, ha empezado el campeonato con mucho brío y sobrevive con enorme decencia en el centro de la tabla, ni era enemigo, ni está en esto, es decir, en LaLiga, para nada que no sea encontrar tres equipos peores para mantenerse en Primera División.

Les voy a contar una cosa. Ustedes, que dicen ser unos apasionados seguidores del Barça y hasta serán socios e, incluso, abonados, les da igual lo que esté haciendo Laporta y su directiva con las palancas y la venta adelantada del 25% de los próximos ingresos que vienen. También les da igual que esa gente que se llama Goldman Sachs y se apellida usureros (miren las dos acepciones de la RAE: persona que presta con usura o interés excesivo y persona que, en algunos contratos o negocios, obtiene lucro desmedido) se atrevan a pedir, como garantía del préstamo para el Espai Barça, la propiedad del club. Déjenlo ahí. Ustedes ven que el equipo gana (por la mínima) y ya tienen suficiente. Pues bien, el Real Mallorca, como el otro gran club de la isla (bueno, lo de gran es demasiado), el Atlético Baleares, ni siquiera son de los mallorquines. El Barça aún puede fardar de que sí es (de momento) de sus socios, pero el Baleares es del alemán Ingo Volkmann y el Real Mallorca del norteamericano Robert Sarver, que ni sabe el dinero que tiene y, encima, propietario como es del Phoenix Suns de la NBA y del Phoenix Mercury de la NBA femenina, acaba de ser inhabilitado durante un año y multado con 10 millones de dólares por «conducta racista, menosprecio a sus empleadas, comentarios inapropiados relativos al sexo o a la orientación sexual, así como comentarios irrespetuosos».

Licencia de hotel

Pues bien, no solo no le ha pasado nada en Mallorca (ni le pasará), sino que las instituciones públicas («una cosa es Sarver y otra el club, que nos ayuda a promocionar la isla», dicen los más altos políticos de Baleares) están dándole vueltas a qué truco encontrar para darles, finalmente, esa subvención de 1.850.000 euros. Eso y lograr un recoveco en el urbanismo palmesano para que les concedan una licencia para construir un hotel (otro) en la Ciudad Deportiva Antonio Asensio de Son Bibiloni.

El norteamericano ese, que ha venido dos veces a la isla y no tiene valor, normal ¿no? de venir más, no está por la cantera sino por el negocio. Lo dicho, amigos, no farden de este triunfo. El Real Mallorca es de un yankee que deshonra a esta isla. Y nadie lo dice. Y nadie lo expulsa. Barco de rejilla, suelen decir los mallorquines para alejar a alguien que no quieren, a un impresentable como Sarver.

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