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Opinión

Otro gran resultado para el Mallorca

Lewandowski jugaba en casa, y Valjent le ayudó a sentirse cómodo VALENTI ENRICH (SPORT)

No era el Barça de los choques estelares, pero tampoco el Mallorca notó la diferencia y en treinta segundos ya le había entregado el balón y el partido al rival abusón. El estilo agazapado de Aguirre no engaña a nadie, aunque es posible que el entrenador atrincherado alinee a un central menos de los que desearía.

Se necesita sangre fría para mantener la pasividad del Mallorca sin pestañear, algún día ni saltarán al campo. La dejación de funciones también implica jugar contrarreloj, a la espera del primer gol. Si en el equipo rival milita Lewandowski, todos los espectadores saben a quién deben vigilar. No así los centrales amontonados por Aguirre, así que Valjent miró a otro sitio a los veinte minutos, y cayó la muralla.

 Cuando Guardiola menospreciaba al Mallorca reservando a Messi en Son Moix o como se llame, se desataba un escándalo. Los esforzados socios mallorquinistas se desplazaron ayer para admirar a Lewandowski, que no les defraudó. El geómetra del área trazó a la perfección desmarque, carrera, dribling y remate en su gol, mientras los centrales locales deliberaban. Su víctima propiciatoria fue Valjent, pero Copete había interpretado el papel de aprovechado alumno del polaco un rato antes. 

En realidad, Lewandowski supera en mallorquinidad a cualquiera de los defensores del Mallorca, en cuanto comprador del chalet más feo de la isla. El polaco jugaba en casa, podía dormir en Santa Ponça, y Valjent le ayudó a sentirse cómodo. Solo le faltó calzarle las pantuflas. El ariete amenazaba poco después con un segundo zarpazo, pero le pareció demasiado fácil y estaba saciado.

Comparen con la parálisis que acució a Antonio Sánchez a la media hora, solitario por la derecha frente a la defensa de plastilina del Barça, pero buscando refugio en el anonimato. En efecto, era una repetición de su jugada ante el Madrid, donde también le pesó la responsabilidad en exceso. Compensó con su remate envenenado de la segunda parte, que llegó con el resultado ya firmado por ambos contendientes.  

Xavi había alineado de entrada a los declinantes Busquets, Alba, y Piqué, el hombre de negocios del Barça que odia tener que trabajar. En circunstancias normales, se hubieran quedado en el banquillo a fin de reservarlos para choques de cierta enjundia. En cambio, el central es hoy reserva fijo, aunque ponerle una canción de Shakira durante el calentamiento puede calificarse de tortura psicológica.

Si hubiera dispuesto de esa opción, los dos equipos no hubieran regresado al césped después del descanso, extraño comportamiento en un espectáculo de pago. Durante largos tramos de la segunda mitad, veinte jugadores permanecían inmóviles como si todos ellos fueran guardametas, y solo dos atletas fingían un desplazamiento.

El Barça es peor de lo esperado y menos inquietante que el Madrid, pero se equivocan quienes piensan que no hubiera obtenido un segundo gol de haberlo necesitado. Los partidarios de ilusionarse con derrotas no demasiado abultadas deben recordar que ganar no es lo más importante, es lo único importante. Festejar un partido perdido es de perdedores.

En resumen, la séptima jornada se salda con otro gran resultado para el Mallorca, el cuatro a cero del Bilbao al Almería. Por no hablar del nuevo empate del Cádiz en casa, ahora con el Villarreal. Estos marcadores son más importantes para la permanencia que el previsible desenlace de Son Moix. O como se llame.

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