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Diario de Mallorca

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Minuto 91

El Mallorca no merece seguir en Primera

Los números y actuaciones sonrojantes como la del sábado son impropias de un aspirante a mantenerse en la élite y le inhabilitan para seguir entre los mejores

Sergio Rico se lamenta tras encajar uno de los seis goles ante el Granada. GUILLEM BOSCH

Hay derrotas y derrotas. Y la del sábado ante el Granada es impropia de un club que pretende seguir en la élite del fútbol español. En el día señalado, en el partido que tenías que dar sí o sí el do de pecho, en el que de ninguna manera se podía fallar, se hizo el ridículo de la forma más estrepitosa. Perder 2-6 ante un rival directo con toda la afición apoyándote es no estar a la altura de las circunstancias. El peso de la responsabilidad pasó por encima de los jugadores, principales responsables de dejarse atropellar por un equipo que llegaba a Palma con una sola victoria en 2022, pero también por un Javier Aguirre superado por los acontecimientos, por la trascendencia del partido. Alineó el mexicano al equipo que la mayoría de aficionados tenía en mente, pero no estuvo acertado en los cambios. Llegó con la idea de ponerle un candado a la defensa, pero el equipo va de goleada en goleada y ante rivales directos. Tres le marcó el Elche, seis el Granada, unos números tan incontestables como impresentables y que, salvo sorpresa, condenan al Mallorca a Segunda.

Ya habrá tiempo de buscar responsables.

Son muy pocos los que se salvan. Desde el primer momento ha existido nula autocrítica. Desde la misma cúpula del club, ausente la mayor parte del año y delegando en un Alfonso Díaz que será muy bueno en su trabajo pero con nulo carisma para ser la imagen de la entidad. Luis García, destituido tras siete derrotas consecutivas, fue víctima de su discurso conservador y de ver fantasmas donde no había. Y a Aguirre le ha venido grande el puesto. Tras un inicio esperanzador, con victoria ante el Atlético incluida, el equipo se le ha caído de forma incomprensible. Al grupo se le ve sin ninguna idea de juego y el único recurso parece ser poner balones a Muriqi. Pobre táctica.

Si, como parece, se consuma el descenso,

hará falta una remodelación drástica de la plantilla. Confiar en los mismos que, por segunda vez, se han visto incapaces de conservar la máxima categoría, sería un error de consecuencias imprevisibles. Resulta ahora fácil dar nombres, que están en boca de todos. De la actual plantilla sobra más de la mitad: Sergio Rico (cedido), Reina (acaba contrato), Fer Niño (cedido), Kubo (cedido), Salva Sevilla (acaba contrato), Oliván (comprometido con el Espanyol), Muriqi (cedido), Amath, Kang y un largo etcétera. Y el director deportivo, que ni mucho menos se escapa de la quema, habrá de calibrar qué hacer con jugadores que parece que ya lo han dicho todo en este Mallorca: Raíllo, Valjent -vaya temporada la de los centrales, que han vuelto a ser un agujero en Primera-, un decepcionante Baba, Dani (con el que hay un principio de acuerdo para renovarle pese a su pésimo curso), Ángel y algunos más. Capítulo aparte merecen Greif y Hoppe. El guardameta eslovaco, por el que se pagaron tres millones, sufre una lesión que es un misterio y que solo le ha permitido jugar un partido (2-3 ante el Osasuna); el delantero norteamericano, 3,5 millones mediante, parece haber sido un capricho de Sarver. De lo contrario no se entiende el fichaje de un delantero desconocido y con quien ninguno de los técnicos ha contado con él. 

 Quedan tres jornadas, pero la goleada ante el Granada demuestra que el Mallorca no merece seguir en Primera.

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