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Diario de Mallorca

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Fútbol

El Mallorca regresa al punto de partida

Los bermellones recuperan ante el Espanyol en Copa las virtudes que le convirtieron en fiables con la esperanza de que se trasladen a la Liga

Los jugadores del Mallorca celebran el gol que marcó Abdón ante el Espanyol.

La permanencia en la Primera División pasa por el mismo camino por el que transitó el sábado en la Copa del Rey. El Mallorca recordó al del primer tramo de la temporada en su esperanzadora puesta en escena ante el Espanyol en los octavos de final (2-1). Ganó y se metió en los cuartos del torneo del KO diez años después, un hecho digno de celebrarse, pero lo más importante es que el equipo deslizó detalles que invitan al optimismo para la Liga. 

Los bermellones desplegaron un juego que parecía perdido, con personalidad, hambre y determinación frente a un adversario peligroso. Luis García Plaza fue valiente en su apuesta y la respuesta de sus pupilos sobre el césped estuvo al nivel. El equipo mantuvo el bloque adelantado, una circunstancia que se echaba de menos y que enviaba un mensaje claro a los catalanes, visiblemente incómodos. El Mallorca quiso dominar desde el principio, con una idea de juego que pasaba por tener el balón y tratar de hacer daño con buenas transiciones de defensa a ataque, aprovechando las condiciones de Kang In Lee, Dani Rodríguez y Kubo para acercar la pelota al área. Además, mordía cuando no tenía la posesión, con una buena presión que ayudaba tener las líneas más alejadas de su propia área. Con Galarreta, que poco a poco está recuperando su buen tono, y Salva Sevilla, el dinamismo en el centro del campo ayudó, sin hacer nada del otro mundo, a hacer recular al Espanyol.

Esta es la identidad que le llevó al ascenso a Primera División de forma brillante el curso pasado y que pudo mantener en el arranque de esta temporada en la elite. Podía ganar, empatar o perder, ya fuera en casa o fuera, pero tenía un estilo indiscutible que le ha llevado a estar con cierta distancia respecto a los puestos de descenso. El problema es que estas características, con descaro y garra y salvo contadas excepciones, brillaban por su ausencia en sus últimos encuentros. Fue como si los mismos protagonistas se hubieran olvidado de saber hacerlo. Y eso se empezó a notar en la clasificación, lo verdaderamente importante. La derrota ante el Levante de la anterior jornada, que no había ganado a nadie en toda la temporada, fue la gota que colmó el vaso (2-0). 

Dos victorias en los anteriores diecisiete partidos tenían difícil justificación, sobre todo porque el equipo había pasado a perder y a jugar mal, que no siempre son conceptos unidos. El colchón adelgazó a solo tres puntos sobre el descenso dejando a los rojillos en una situación preocupante. Tumbar al Eibar (1-2) y al Espanyol en la Copa del Rey ha dado aire y ha dejado espacio para la ilusión en esta competición, pero el mejor legado posible sería que, con actuaciones como la del sábado, aumente la confianza y autoestima del grupo para volver a dar la talla en el torneo de la regularidad. Seguir en Primera División es su mayor patrimonio.

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