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La relación secreta de Sarver con el Mallorca

El dueño norteamericano, que el domingo cumple 60 años, controla el club desde la distancia y sin concesiones a la galería

Robert Sarver, en el palco del Visit Mallorca Estadi. ISAAC SUTORRAS

La última vez que Robert Sarver (Phoenix, Estados Unidos, 1961) pisó suelo español describe de la mejor manera su forma de ser y de actuar. Posiblemente solo el CEO del Mallorca, Alfonso Díaz, debía saber que el magnate norteamericano, que a seis días de cumplir 60 años atraviesa por los peores momentos de su vida tras la acusación de racismo y acoso sexual, tenía intención de presenciar el partido de su equipo ante el Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Solo momentos antes de empezar el encuentro se supo que iba a estar en el palco junto a Florentino Pérez. Era el 22 de septiembre. El club, a lo mejor por órdenes del propio Sarver, no informó de su llegada, como tampoco de que cuatro días después iba a ver en Son Moix el partido del Mallorca contra Osasuna. Y lo hizo solo, en un extremo del palco, seguramente para no llamar la atención. Era la primera vez que pisaba la isla en mucho tiempo porque se ausentó en el último ascenso a Primera, en el mes de mayo, ajetreado con los Suns, finalista de la NBA.

Así es Sarver. Casi invisible, el tejano, que cuando está en Mallorca se aloja en Son Vida o en el Sant Francesc Hotel, casado con Penny Sanders y padre de tres hijos, Jake, Zach y Max, huye de cualquier tipo de protagonismo. Tal vez por eso, sus personas más próximas en el Mallorca, el presidente y amigo Andy Kohlberg y el consejero de negocios Alfonso Díaz, sean del mismo perfil, callados, silenciosos, siempre lejos del mundanal ruido. Y seguramente por todo lo contrario despidió sin contemplaciones al anterior CEO, Maheta Molango, hablador, dicharachero, amigo de los micrófonos, la antítesis de Sarver, pese a que conserven la relación, como se pudo comprobar cuando se reunieron después del partido del Bernabéu en el hotel Eurobuilding.

Cuando hace cinco años pagó 21 millones de euros por las acciones del Mallorca para hacerse con el control del club se dio a conocer en un ‘media day’ con los medios de comunicación locales. Fue en Son Bibiloni, y el recuerdo que queda de aquella cita de hace ya cinco años es que no pronunció una palabra más alta que otra. Tranquilo, teniendo muy claro dónde se ha había metido -en un club en ruinas- y convencido de que su aventura se resolvería de forma satisfactoria. Pedía tiempo. Dijo que sanearía el club -lo ha hecho invirtiendo cerca de 60 millones de euros- y que estaría un mínimo de cinco años. Va para seis y ahí sigue.

La última vez que se supo que se había vuelto a rascar el bolsillo en beneficio del Mallorca fue el pasado 10 de agosto. A diferencia de otros tiempos, en un escueto comunicado el club dio a conocer que se había saldado la deuda que todavía se mantenía con Hacienda del concurso de acreedores. En la línea de discreción que sigue el club, no se publicitó la cantidad, de unos ocho millones de euros. Era un motivo de alegría. Tras décadas de estar con la soga al cuello, el Mallorca era definitivamente un club saneado. Pero se hizo a su manera, sin alharacas.

Su mandato ha chocado de forma permanente con las instituciones locales. Con el Consell, que le desestimó la licencia de obra para la residencia de Son Bibiloni, y con Cort por la reforma de Son Moix y la venta de los terrenos del desaparecido Lluís Sitjar. Ahora parece bien encaminada la eliminación de la pista de atletismo de la discordia.

Tan desconocido es para la afición mallorquina que algunas pistas de lo que piensa se han conocido de boca del presidente del Mallorca y amigo personal Andy Kohlberg. En una entrevista concedida el pasado 27 de marzo a este diario, el extenista de dobles expresó su deseo, que es el de Sarver, de que «el valor de la franquicia aumente con el tiempo desde una perspectiva de negocio». O «tenemos ofertas por el Mallorca, pero no las desvelaré porque no tenemos ninguna intención de vender».

Las horas de angustia de Sarver y el desenlace de los problemas a los que debe hacer frente por las acusaciones de racismo y acoso, que no apunta nada bien, tendrá efectos colaterales en su relación con el Mallorca. La paz social del club está en peligro porque su dueño también lo está. Pero lo que parece seguro es quesi algún día rompe el cordón umbilical con la entidad rojilla lo hará a su manera, en silencio y en el más absoluto secreto.

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