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Aprender de los errores | Por Ricard Cabot

Los jugadores celebran uno de los dos goles al Alcorcón. Manu Mielniezuk

Aestas alturas de la película, Robert Sarver, o Andy Kohlberg, o Alfonso Díaz, o quien sea que mande en la planta noble de Son Moix, deben tener claro que la Primera División es otra cosa muy diferente a Segunda. Deben saber, porque ya lo han sufrido en sus propias carnes, que si no se construye un equipo competitivo, si no se junta un grupo de profesionales comprometidos y de calidad, la permanencia volverá a ser más una utopía que la posibilidad de que se haga realidad.

Existen dudas más que razonables sobre lo que puedan hacer los norteamericanos, pero al examinar su trayectoria, no solo en el Mallorca, sino en los Phoenix Suns, las esperanzas de que hayan aprendido la lección son más bien pocas. «No somos un club de cuatro entrenadores por temporada», dijo el presidente Kohlberg en entrevista a este diario. No es una frase baladí; es una forma de pensar de la propiedad norteamericana, que no caen en la euforia por un ascenso ni pierden la cabeza por un descenso. Ni siquiera a Segunda B, como ya han demostrado.

Los Reina, Raíllo, Abdón, Salva Sevilla y Dani Rodríguez se han ganado con creces su renovación en el Mallorca. El club ha querido premiar el compromiso de unos futbolistas empeñados en devolver al equipo a Primera tras el descenso de la temporada pasada. Pero, además de estos jugadores, debe ponerse en manos de Luis García Plaza un equipo que compita. La temporada del equipo ha sido inmaculada, hasta el punto de conseguir el ascenso más placentero -que no fácil- de los nueve logrados a lo largo de los más de cien años de historia del club. Pero todo lo bueno realizado este curso puede volver a ser flor de un día si no se sientan las bases de un conjunto que sepa manejarse en la selva que es la Primera División.

Tras la salida en febrero del año pasado de Maheta Molango y, a final de curso, la traumática de Vicente Moreno, harto de la errática política de fichajes, y del secretario técnico Javier Recio, hay que reconocer a la cúpula del club que ha sabido moverse con tino. Alfonso Díaz, el teórico sustituto de Molango, desempeña, sin el ruido de su predecesor, un efectivo trabajo en la sombra. Él se encarga de los números y deja la parcela deportiva a los que saben. El perfil del director deportivo Pablo Ortells es muy similar al de Díaz. Fue él quien fichó, y acertó, en la contratación de Luis García, con quien había coincidido en el Villarreal. Y el técnico madrileño ha encajado a la perfección en el proyecto. Positivo siempre, y sobre todo natural tanto en las victorias como en las derrotas, Luis García ha caído de pie en el Mallorca, bien recibido por los jugadores y, se supone, adorado por una afición que le reconoce su gran parte de culpa en el ascenso.

La ventaja con respecto al último ascenso es que la relación del técnico con los diferentes estamentos del club no está tan desgastada como con Moreno. Luis García se ha ganado con creces que pongan en sus manos un equipo de garantías para pelear la permanencia. Todo lo demás supondrá una nueva decepción. El club se merece un mínimo de estabilidad.

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