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Opinión

El Mallorca tiene 105 años, no 16

Es una constante cuando vienen mal dadas, si se le puede llamar así a estar en ascenso directo a Primera cuando faltan siete jornadas para el final, que aparezcan en un sector del mallorquinismo los románticos de la etapa dorada, entre 1997 y 2013, en la que fue un fijo en la elite y se paseó por Europa, con finales y títulos incluidos. Eso siempre será un orgullo para el club y sus aficionados, por supuesto, pero no puede salir a relucir tras cada decepción. Solo hubo un Alemany, Etoo, Stankovic o Cúper, por citar solo a algunos. Estos no están, ni volverán, por lo que recurrir a comparaciones con lo de ahora, sobre todo en el caso de la gestión de la entidad, es ridículo. Es como si el Mallorca solo hubiera existido en esos dieciséis años, cuando su historia, otro motivo para ponerse la mano en el pecho, ya alcanza los ciento cinco. Los de ahora, que siempre pueden mejorar, tienen al equipo a las puertas de Primera, por lo que algo bien habrán hecho. La derrota en Castellón fue inesperada, pero el fútbol es apasionante también por estas cosas. Hoy los focos apuntan hacia el Almería-Espanyol para conocer el grado de importancia del traspiés. Pero no hay que engañarse. Basta mirar la clasificación para que sea absurdo dramatizar. Es lógico preocuparse ante un objetivo tan bonito y cercano, pero el Mallorca sigue dependiendo de sí mismo y, además, con un buen colchón. Mejor no perder los papeles.

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