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Minuto 91

El esprint final se le está haciendo largo al Mallorca

Pol Figueras defiende una acción de ataque del Oviedo, ayer en el Palau.

Pol Figueras defiende una acción de ataque del Oviedo, ayer en el Palau. BAHÍA SAN AGUSTÍN

No se trata de rasgarse las vestiduras por la inesperada derrota del Mallorca en Castellón. El equipo hizo mucho, al menos para empatar, pero sería injusto no reconocer los méritos de los ‘orelluts’, que marcaron su golito y se dedicaron a defender, muy bien por cierto, la preciada ventaja. El nuevo tropiezo de los rojillos a domicilio -un punto de los últimos doce- cuando hasta ese momento su trayectoria lejos de Son Moix era inmaculada, es el mejor termómetro del momento en que se encuentra el equipo. Pese a que los números son caprichosos y se empeñen en demostrar lo contrario, no pasa nada por reconocer que los hombres de Luis García no atraviesan por su mejor momento. Es un equipo plano, funcionarial, que afronta los partidos como un día más en la oficina, o al menos eso parece, justo en el momento en que se hallan inmersos en el tramo decisivo de la temporada. En Castellón faltó remate, contra el Lugo vivieron del gol de Dani Rodríguez a los 54 segundos, en Fuenlabrada fueron goleados, en Gijón superados y ante el Oviedo, ni fu ni fa. Sin olvidarse de todo lo mucho y bien que se ha hecho hasta ahora, el equipo ha perdido la frescura de antaño. Parece inevitable fijarse en lo que hace el Almería, pero lo mejor es centrarte en lo que tú hagas y resolver el ansiado ascenso cuanto antes. Van por buen camino, pase lo que pase esta noche en los Juegos del Mediterráneo. Pero la sensación que dan es que este esprint final se les está haciendo largo.

A vueltas con la Superliga. La UEFA saca fuego por la boca al desvelar TheTimes y The New York Times que algunos de los principales clubes de Europa están promoviendo la creación de una Superliga europea, una competición cerrada al estilo NBA y que reuniría a los quince clubes más grandes del continente. El organismo europeo ya ha amenazado con duras sanciones a los que se descabalguen de las normas que rigen el fútbol internacional y que sería la muerte de la competición por excelencia, la Liga de Campeones, y dejaría en nada los torneos domésticos. Ante semejantes advertencias lo lógico es que todo quede en agua de borrajas. Los grandes clubes priman las obscenas cantidades de dinero que recibirían por participar en esta nueva competición sin tener en cuenta los riesgos que corren, entre otros, que el interés por lo que que haga el equipo de turno, llamémosle Real Madrid o Barcelona, puede decaer hasta cotas inimaginables la temporada que el equipo se mueva en la zona media o baja de la tabla, sin aspiraciones de codearse con los mejores del continente. La Champions tiene el atractivo de que el factor suerte también juega en momentos puntuales, mientras que en una competición de larga duración prima la regularidad.

Alba Torrens y el Palmer Palma. El baloncesto mallorquín cobró ayer protagonismo por partida doble. En primer lugar, en la persona de Alba Torrens. La binissalamera consiguió ayer con el Ekaterimburgo ruso su sexto título de Euroliga, que se dice rápido, adornando todavía más un palmarés que impresiona. En el Palau también se vivió una jornada de las que hacen afición, con la agónica victoria del Palmer Palma sobre un Oviedo que estuvo por delante en el marcador todo el partido menos los últimos cuatro segundos. Bárbaro.

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