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En contra

Luis García Plaza: «Me ficharon con la obligación del playoff, esto es una locura»

Luis García Plaza.

Luis García Plaza. TWITTER

Luis García Plaza (Madrid, 1972) llegó al Real Mallorca después de una carrera de defensa central, y de haber ascendido al Levante y haber dirigido al Getafe en Primera. Le ficharon con el aviso de que «si vamos octavos es un fracaso, y ojalá te dé para ascender directo». Está cumpliendo.

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Sin público se juega mejor?»

Todo lo contrario. El fútbol es para la gente, y necesitamos al público. Deseamos que vuelvan.

Con público no hubieran ganado tanto fuera.

Posiblemente, pero también hemos perdido cuatro partidos en casa, que hubiéramos podido remontar con el apoyo de la afición.

Esta afición no se distingue por su ardor guerrero.

No lo sé, como no la he visto, pero presencié el ascenso a Primera y me pareció maravillosa. Quiero que mi gente vuelva, pero somos unos mandaos.

¿Cómo le tratan por la calle?

Con mucho cariño, pero sin olvidar que ya tenemos 57 puntos, algo que no me imaginaba ni en sueños. La temporada va perfecta hasta ahora. Repito, hasta ahora.

Ahora tiene la obligación de ascender.

La presión nos la ponemos nosotros, jugando al máximo cada partido. Al llegar me dijeron que «si vamos octavos, es un fracaso. Tu obligación es jugar el playoff y ojalá te dé para el ascenso directo». Así que esto es una locura.

Un equipo descendido es un boxeador noqueado.

Si no está noqueado, está roto. Encontré un Mallorca desorientado, por eso el Rayo se nos llevó por delante en cuanto marcó el primer día, pero estos jugadores tienen hambre. Ya han tenido la Primera, y quieren volver.

El dueño a diez mil kilómetros, el sueño de todo entrenador.

Jajaja. Por eso nos dejan más autonomía que en otros clubes, confían en nosotros. He hablado dos veces con el dueño americano, y veo un proyecto muy estable. Ojalá se ascienda uno de estos años, con o sin mí.

¿Qué le ha dicho Robert Sarver?

Me ha felicitado. Están muy contentos, no tanto por el bagaje de puntos como por el fútbol atractivo que jugamos.

Por lo menos usted se explica más que el anterior.

Soy muy claro, con el tiempo aprendí que si eres seco, debes mostrarte así, y hablador si ese es tu estilo. Guardando las formas, nunca termino de hablar pensando que me he callado algo, o que he fingido.

¿Lo cambiaría todo por haber triunfado como jugador?

No, porque disfruté mucho jugando. Cada uno está en la categoría que le corresponde, y mi nivel era de Segunda B, a lo mejor de Segunda. Fui profesional, internacional Sub-16.

Así puede replicar a quienes nunca han jugado.

Nunca lo hago. No se me ocurriría hablar de medicina ni de ingeniería, pero la grandeza del fútbol es que todo el mundo se cree que sabe, se coloca a tu altura.

¿Por qué ha arrinconado a Lago Junior?

Porque no pueden jugar todos. Ponía a Murilo y me preguntaban por Antonio Sánchez, pongo a Sánchez y me preguntan por Lago. Siempre me reclaman al que no juega, algo que los entrenadores vemos con naturalidad.

Luka es Messi, y usted sin enterarse.

No, Luka es un chaval que tiene un futuro increíble, pero ha llegado demasiado pronto. No está hecho, hoy no puede ser titular porque la experiencia es un grado, pero lo será en dos años.

¿Hay fondo de armario para un maratón de 42 etapas?

Sí, este año por desgracia tenemos una plantilla más larga de lo habitual. A veces me sobran futbolistas, que jugarían más en otro caso, pero ese riesgo compensa que suframos un brote de covid y los necesitemos.

¿Son como niños?

No, pero viven en un mundo un poco irreal. Son jóvenes que ganan más que la gente normal, que protagonizan muy pronto experiencias para las que no están preparados. Por eso empleo psicólogos, para asentarlos.

Le he entrevistado porque a este Mallorca no se le hace justicia, ganan líderes en Logroño y les critican.

Eso mismo viví a nivel interno con los jugadores. Tuve que decirles que «joer, tíos, hemos de ser felices con lo que estamos logrando». Si no juegas bien y ganas, debes alegrarte igual. Es el riesgo de acostumbrarse a las victorias.

¿Qué probabilidad hay de un final feliz?

Cinco puntos de ventaja a estas alturas no son nada, pierdes un partido y los tienes ahí. Hasta que no queden seis o siete encuentros, no se puede predecir nada.

Ya vivió un ascenso fulgurante con el Levante.

Y otro en China, que la gente suele olvidar. La experiencia en el Levante fue muy especial. Un ascenso supone un mejor contrato económico, una categoría superior, pero lo más impresionante es hacer feliz a la gente, verlos llorar y disfrutar. Eso no tiene precio.

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