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Alemany y Nadal, a por el Barça

Sin opciones Freixa, es seguro que un mallorquín jugará un papel clave en la nueva etapa

Joan Laporta.

Joan Laporta.

Dos mallorquines de primer nivel, Mateu Alemany y Toni Nadal, competirán el próximo domingo por formar parte del equipo del nuevo presidente del FC Barcelona. Si no hay sorpresas, todo apunta a que las elecciones del próximo domingo las ganará Joan Laporta o Víctor Font, con un claro favoritismo para el primero, bajo cuyo primer mandato (2003-2010) el club vivió posiblemente la mejor etapa de su historia.

En el caso de que se cumplan los pronósticos, Alemany será el director general deportivo con Laporta. Por su parte, Toni Nadal, en el supuesto de que sea Víctor Font el vencedor, se encargará de impartir valores. Formará parte el tío y exentrenador de uno de los mejores tenistas de la historia del área de comportamiento y relaciones institucionales del club. Lo que está claro es que, prácticamente descartado Toni Freixa, el tercero en discordia, la nueva etapa que se abrirá a partir del domingo en Barcelona tendrá protagonismo mallorquín.

Joan Laporta se mueve arriba y abajo por la sede central de su campaña con la desenvoltura que se le presupone. «‘Gràcies per venir’», le dice a un socio. «‘Com estem?’», le dice a otro. Laporta comparece durante un par de horas para animar a sus seguidores a traer su firma. El flujo es constante. «Cuando él viene, la gente lo sabe y se forma cola», explica un miembro de la campaña.

Laporta tiene un indiscutible aura de celebrity que explota con sentido de la proximidad. A cambio de la firma, los socios obtienen una foto de camadería junto al candidato, con el brazo sobre el hombro, en un escenario provisto para el photo call. «‘Anem bé, ¿oi?’», pregunta un abonado, como si formara parte del equipo. Aparecen hasta familias con niños, que posarán con el expresidente con el goce de si lo hicieran con un futbolista.

Alguno deberá esperar más de la cuenta. Entran en la sede dos veteranos del Barça como Pichi Alonso y Víctor Muñoz, que formaron tándem en el Mallorca de Bartolomé Beltrán en 1995, con el propósito compartido de signar por el proyecto de Laporta. También posarán bien abrazados a él. Y departirán después un buen rato sobre fútbol y, dada la coyuntura, sobre las elecciones y el impulso efervescente que ha adquirido su campaña.

Consignas felices

En la sociedad barcelonista se ha asentado la convicción de que el triunfo electoral de Laporta resulta prácticamente inevitable. En el interior de la sede de la ronda de Sant Antoni flota esa burbujeante sensación. Es un ambiente ufano, que casa con el mensaje que ha propagado el abogado de 58 años desde que lanzara la campaña en el recinto modernista de Sant Pau.

Laporta ha subrayado consignas que buscan espantar la serpiente derrotista que se ha colado hasta en la última rendija del club en los últimos tiempos de Josep Maria Bartomeu al mando. Laporta aventa frases como que quiere «recuperar la autoestima del barcelonismo», «devolver la alegría al club», o convertir la entidad en «un motor de optimismo». Frases que parecen haber calado, quizá por que suenan más reales y con más cuerpo si las pronuncia un personaje con reconocida capacidad de vivir la vida con espíritu lúdico.

Desde que colgara la mastodóntica lona en un edificio cercano al Bernabéu con el lema -«ganas de volver a veros»-, su candidatura aceleró como si llevara las piernas de un Dembélé con la musculatura en forma. Atrás han parecido quedar todos los demás, incapaces de emular una operación de márketing de similar impacto y que ideó Lluís Carrasco, su jefe de campaña.

Por ese claro despunte en la carrera, el expresidente se ha convertido en el blanco de críticas y advertencias de los otros dos aspirantes al trono azulgrana, Víctor Font y Toni Freixa. Uno avisa sobre los peligros del retorno al pasado. Otro alerta de las frivolidades ante la calamitosa situación económica. Un tercero lanza sospechas de «intereses ocultos» detrás de su candidatura. Desde el bando laportista se desdeña toda esta cháchara. En la campaña se dicen todas estas cosas y más, y este es otro Laporta, comedido y que rehúye las refriegas.

A nadie escapa que el turbo de su proyecto viene alimentado por su incuestionable carisma, lo reconocen sus adversarios, y la sensación de liderazgo que consigue transmitir.

No hay ni un socio aún en la sede. Es demasiado pronto. Primera hora de la mañana, pandemia, confinamiento municipal, ciudad atrapada y detenida desde hace meses por un virus que ha cambiado la vida a todos. A él, también. No está físicamente, pero su imagen aparece por todos lados. Un voluntario aguarda tranquilo la llegada de algún aficionado azulgrana para depositar la firma, el tesoro más buscado estas últimas semanas, en apoyo de Víctor Font. Detrás de una gran cortina gris se esconde la sala de trabajo de un hombre de Granollers (48 años) metódico, perfeccionista, obsesivo y disciplinado, al que todavía no se conoce demasiado, a pesar de que lleva más de siete años elaborando su proyecto. ¡Sí, siete años!

Es un recién llegado a la cima del universo culé, al que se asomó en 2003, conectado a Ferran Soriano, actual CEO del City Football Group, con quien había compartido aventura profesional. Pero era tan tímida su aportación que no tuvo visibilidad. En 2010, ya con Marc Ingla, se escuchó con más asiduidad su nombre. Pero sin colarse en el entorno. Ni siquiera cuando en 2013 acude a una cita en la Costa Brava con Juli López, exjugador azulgrana, hermano de Gerard y Sergi, que le cambia el panorama. «Ahí, en esa charla, comenzó todo», dice Font.

El hombre que estaba instalado en Dubái desde hacía 15 años, dirigiendo Delta Partners, su empresa de telecomunicaciones, regresó a Catalunya abandonando su otro hogar. «Se podría decir que yo vivo en un avión», recordaba antes de volver al Vallès Oriental, entrando así en el corazón de «la tormenta perfecta». Lleva meses diciendo Font que el Barça está «en una tormenta perfecta por la crisis deportiva del equipo, la económica, el futuro de Messi», sin reparar entonces que la pandemia iba a dar otro toque más negro a ese escenario tenebroso que sacude al Camp Nou. No imaginó, sin embargo, Font que él estaría ahora mismo en el interior de ella tras diseñar durante siete años y medio su proyecto, basado en «el talento de Xavi» como eje deportivo, acompañado por Jordi Cruyff , aunque el fragor de la campaña convierta lo que eran «activos suyos» en «patrimonios» capaces de ser absorbidos hasta por su gran adversario: Joan Laporta.

Tenía Font trabajado todo. Todo, excepto que este acudiera a la cita de 2021, pensando que el fracaso de 2015 le dejaría ya fuera de la circulación. En aquellos comicios, el empresario de éxito ejerce de consultor vinculado al sector de las telecomunicaciones, medios y tecnología, oteó el panorama y decidió no acudir. Laporta sí fue y perdió. Ahora, el expresidente (2003-2010) se ha disparado como favorito. Y Font no tiene obra alguna construida en el Barça. Posee una idea. Pero necesita ganar para plasmarla y tiene enfrente al mejor candidato, al que le resulta imposible seguir su ritmo.

Desde aquella frase sobre Koeman («ni aunque gane el triplete se quedará») a una desafortunada opinión sobre Griezmann («su fichaje no se debería haber hecho»), pasando por esa pregunta políticamente poco correcta («¿por qué no puede haber un partido de España en el Camp Nou?») y concluyendo en la extraña e incomprendida incorporación de Jordi Majó, que duró unas horas en su grupo de trabajo, despedido por unos antiguos tuits. Errores de principiante ha cometido Font, aunque se apoya en el «equipazo» que lidera, formado «por empresarios que ya son protagonistas en la nueva economía».

Con ellos, intenta el más difícil todavía: ganar a Laporta («es nostalgia contra el futuro») y detener la terrible caída del club. «El Barça es un tren que va a 200 kilómetros por hora directo contra la pared, con riesgo de concurso de acreedores y de quiebra económica», afirma Font. A ese tren, que va sin conductor alguno, necesita subirse él. Y necesita pararlo el próximo domingo porque no hay futuro sin presente.

Y, por si faltara alguien en su proyecto, se ha incorporado a su equipo Toni Nadal, tío y exentrenador del mejor deportista español de todos los tiempos y culé de toda la vida. Lo quiere en su equipo para impartir valores, igual de importante que saber jugar bien. Formará parte del área de comportamiento y relaciones institucionales. El mejor fichaje para dar un aire nuevo y olvidar una etapa nefasta en el barcelonismo.

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