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MINUTO 91

El incalculable valor de Salva Sevilla

A punto de cumplir 37 años, el centrocampista andaluz sigue siendo el faro del Mallorca, que está obligado a ofrecerle la renovación, y no una cualquiera

Luis García, en el centro, tapado, se abraza con sus ayudantes tras el gol de Salva Sevilla.

Luis García, en el centro, tapado, se abraza con sus ayudantes tras el gol de Salva Sevilla. Manu Mielniezuk

Llegó sin hacer nada de ruido hace cuatro años al Mallorca y, transcurrido ese periodo, se ha hecho por méritos propios un hueco en el corazón de la hinchada mallorquinista. A un mes de cumplir 37 años, sigue sentando cátedra en el Mallorca. Y ayer volvió a demostrarlo con un gol marca de la casa, y van unos cuantos. Fichado por el anterior secretario técnico, Javi Recio, aterrizó en la isla para jugar en Segunda B -ese es su gran mérito- casi en semi-retirada, tras una temporada para olvidar en el Espanyol. Pero fue vestirse de rojillo y empezar a impartir clases magistrales con el balón pegado a los pies. Se puede decir, sin temor a exagerar, que el Mallorca ha jugado al ritmo que él ha impuesto en el terreno de juego. El golazo, con mayúsculas, que marcó ayer al Almería no es el primero que anota esta temporada. Firmó una maravilla al Girona -su obra cumbre- y otra al Castellón. Hombre clave para Luis García, como lo fue para Vicente Moreno, el Mallorca tiene ahora la misión de renovarle. Y sin mirar su carnet de identidad, que el jugador se lo ha ganado a pulso. Salva Sevilla debe elegir si quiere seguir compitiendo en un campeonato de primer nivel, y más si la próxima temporada el equipo asciende a Primera, o jugar en la irrelevante liga china, eso sí, ganando mil veces más que aquí. Salva Sevilla se ha ganado la renovación, y no una cualquiera.

Adiós a Bolao. El Mallorca tuvo ayer un bonito gesto con Ángel Gómez Benito, ‘Bolao’, uno de los héroes de Vallejo, donde se consiguió el primer ascenso a Primera, en 1960. También Luis García, que se acordó del que fuera bravo central vasco y de Miquel Busquets, socio número 4 del club. Los que han contribuido a hacer grande a la entidad, en este caso uno en el terreno de juego y otro en la grada, con su fidelidad, merecen todo el respeto y consideración. Se puede decir que aquel equipo, formado por el propio Bolao, Currucale, Mir, Oviedo y Forteza, entre otros, fue el precursor de otros que han llegado después y también han hecho historia.

Djokovic amplía su tiranía. Melbourne es a Djokovic lo que París es a Nadal. El serbio conquistó ayer su noveno título en el Abierto de Australia, su grande número 18, y se coloca a dos del mallorquín y de Federer. La final de ayer ante el ruso Daniil Medvedev, que llegaba a la gran cita con el balcánico sumando veinte victorias consecutivas, supuso de nuevo la clara demostración de que, cuando Djokovic es uno de los protagonistas de la final en Australia o Nadal en París, lo que haya pasado antes no sirve de mucho. La tradición cuenta en este tipo de partidos. Lo comprobó ayer Medvedev y también el serbio en la final del pasado año en Roland Garros, en la que el mallorquín le pegó una tunda para la historia. El aspecto emocional es más importante que cualquier otra circunstancia. Medvedev, por su inmaculada trayectoria, llegaba con muchas opciones de sumar su primer grande, pero a la hora de la verdad no es por casualidad que Djokovic haya ganado nueve veces en Australia o Nadal trece en París. La carrera por ser el mejor de la historia continúa. La próxima cita es Roland Garros y el rey de Australia ya ha avisado: «Voy a centrar mi calendario en los Grand Slam». En la treintena, nadie osa toser al ‘Big Three’.

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