El Mallorca arrebató ayer al Espanyol el efímero liderato que usurpó gracias al adelanto de su partido ante el Sabadell. Lo hizo a lo grande, dando un golpe de autoridad, superando a uno de los principales rivales de la categoría, al que ya deja distanciado a cinco puntos, además del golaverage, decisivo si se produce un empate entre ellos a final de Liga.

La victoria deja en los rivales la sensación de que va a resultar muy difícil descabalgar a este Mallorca de los puestos de ascenso, por mucho que vengan apretando fuerte como hace el Leganés.

Los de García Plaza merecieron con creces la victoria por muchísimas razones. Porque fueron a por ella desde el minuto cero, y prueba de ello es que no habían pasado casi un cuarto de hora y ya habíamos visto dos tiros de gol.

Porque Salva Sevilla fue el dueño y señor de la pelota en todo momento del tempo del partido, marcando el ritmo y rubricando su estratosférica actuación con un gol que merece el calificativo de obra de arte.

Ganó el Mallorca, en fin, porque recuperó su solidez defensiva, manteniendo su puerta a cero ante un rival que llevaba once partidos seguidos perforando la portería contraria cuando jugaba lejos de casa. Solo hay un pero, la lesión de Galarreta, aunque si esta coincide con la vuelta del Baba que todos conocemos, como sucedió ayer, no vamos a echarlo demasiado en falta.

En la cima de Segunda por méritos propios.