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Un año sin Molango, la nueva normalidad en el Mallorca

El club ha pasado de una gestión personalista con el consejero delegado suizo a una más repartida en la toma de decisiones, bajo la permanente supervisión de la propiedad

Molango, junto al presidente Kholberg en el palco de Son Moix.

Molango, junto al presidente Kholberg en el palco de Son Moix. B. Ramon

“Business is businnes”. Mañana, jueves, se cumple un año de estas palabras que pronunció Maheta Molango en el interior de su vehículo, en el aparcamiento de Son Moix, cuando le acababan de anunciar su despido como consejero delegado del Real Mallorca. Con “el negocio es negocio” pretendía explicar los motivos que habían llevado a la propiedad a prescindir de sus servicios tras 1.499 días, o lo que es lo mismo, cuatro años, un mes y siete días, en los que había controlado hasta el más mínimo detalle. Su falta de sintonía con el presidente Andy Kohlberg y con el asesor deportivo, el exjugador Graeme Le Saux, que le acusaban de una gestión demasiado personalista, fue decisiva para que aquel 11 de febrero cogiera los bártulos y abandonara el estadio. Para siempre.

Molango, que cobró un suculento finiquito tras ser destituido del cargo -tenía contrato hasta junio de 2021-, sigue viviendo en la isla, en Bendinat, junto a su esposa, que ostenta un puesto importante en un conocido banco, y sus hijos. Pero está desvinculado de todo lo que tenga que ver con el club, más allá de las amistades que mantiene. Hace un año el Mallorca militaba en Primera División y ahora lo hace en Segunda, aunque la categoría deportiva no es lo único que ha cambiado en el club. La gestión, aunque los dueños sigan siendo los mismos, es diametralmente distinta. Hay voces que se atrevían a apuntar que el estilo de Molango era dictatorial, por mucho que tuviera que rendir cuentas en Arizona, y que eso fue lo que le condenó.

Todo pasaba por sus manos, tanto las decisiones deportivas como las económicas. No se movía un dedo sin su aprobación, mientras que ahora las funciones están mucho más repartidas. El director deportivo Pablo Ortells ostenta mucho más poder sobre el balón que el que jamás tuvo su predecesor Javi Recio, que aguantó en el cargo hasta el final de la temporada pasada. Y Alfonso Díaz, que entró en el club de la mano del suizo, ostenta toda la responsabilidad en el capítulo económico. Eso sí, hay un matiz importante respecto a la anterior etapa. Kohlberg ha dado un paso más y está mucho más implicado que antes en la toma de decisiones. Después es el empresario norteamericano el que, sobre todo en los consejos de administración, pone al día al máximo accionista Robert Sarver, que confía a ciegas en su amigo.

Le Saux también mantiene una muy buena relación con el propio Ortells, que es consciente de que rendir cuentas con el exinternacional inglés es lo mismo que hacerlo con la propiedad. “Ha sido un cambio tranquilo”, aseguran en Son Moix. El ambiente es “mucho más normal”, explican en el club.

Por la puerta de atrás

También es verdad que los positivos resultados, que tienen al equipo líder de Segunda, después de un siempre traumático descenso, han ayudado a la calma y a dotar de credibilidad el nuevo escenario, tan marcado por el impacto de la pandemia. Molango se marchó por la puerta de atrás. Se limitó a publicar una carta en la que aseguraba estar “eternamente agradecido a Sarver, Kohlberg y Nash”, por la oportunidad que le habían dado al darle el timón del Mallorca, y “a la afición”, con la que tuvo una relación de amor odio.

Molango ha guardado silencio desde su salida, y sus escasas comparecencias públicas siempre han sido lejos de la isla. Por ejemplo, sorprendió al explayarse sobre su adiós en una cadena de radio colombiana. “Mi trabajo no se valoró o no se quiso valorar. Llevábamos cuatro años juntos. Yo tenía una visión diferente de las cosas y creía que los ingredientes para conseguir un objetivo determinado debían ser unos en concreto. Sin embargo, la propiedad tenía una visión diferente. No había ningún sentido ni ninguna necesidad de desgastarse si no estábamos alineados. Lo mejor era que cada uno siguiera su camino”, dijo en el programa ‘Folha Seca’ en una entrevista en la que criticó que el seguidor bermellón “es de gastar poco o nada de dinero” en los días de partido.

Molango vivió poco más de cuatro años muy intensos en el Mallorca. Aterrizó en la isla en enero de 2016, con solo 33 años, como brazo ejecutor de la propiedad americana en Palma. Con el equipo en Segunda División y, tras una nefasta gestión, el suizo condujo al equipo cuesta abajo y sin frenos a los suburbios de la división de bronce.

Desde entonces su nombre quedó en entredicho, una mancha difícil de borrar en su currículum como ejecutivo mallorquinista, pero Sarver le ratificó en su cargo tras un viaje a Arizona junto a Recio. El banquero le mantuvo la vara de mando para que hiciera y deshiciera a su antojo. Fue entonces cuando Maheta aprendió a no fiarse de los que le rodeaban. Reestructuró la entidad desde los cimientos, acallando a desertores y colocando a su alrededor solo gente de su confianza. Las cosas empezaron a funcionar, movidas sobre todo por el acierto en la contratación de Vicente Moreno. El equipo encadenó dos ascensos y regresó a la máxima categoría en la memorable noche del 23 de junio.

En el centro del huracán

Molango, que llegó a ser la única persona de confianza de la propiedad americana durante la mayor parte de su etapa en la planta noble de Son Moix, mantuvo en sus últimos meses el perfil que adoptó tras la temporada del descenso, consciente de que su excesiva exposición ante la opinión pública no le había reportado nada positivo. Pese a todo, el directivo, hábil a la hora de conseguir ingresos, siempre estuvo en el centro del huracán cuando la polémica salpicaba a la entidad. Hasta el verano de 2019 no se salió del guion en lo deportivo, pero su relación con Moreno se fue deteriorando. La pretemporada en Benahavís marcó un antes y un después entre ambos tras las incendiarias declaraciones de Dani Pendín, ayudante del valenciano, que se quejaba de la ausencia de fichajes que conocieran la Liga y que hablaran español. La respuesta de Molango no se hizo esperar. Una semana después fichó al macedonio Trajkovski, por cuatro temporadas.

Por primera vez el cuerpo técnico ponía en entredicho públicamente el trabajo de Maheta. Su relación ya no volvió a ser la misma. Molango fue perdiendo confidentes en su entorno, pero seguía contando con el favor de una propiedad que parecía no estar muy al tanto de lo que acontecía en la isla. Nada más lejos de la realidad. Con la vuelta del conjunto bermellón a Primera las críticas regresaron y volvieron a centrarse en la figura del suizo. Muchas de las incorporaciones que llegaron en verano no mejoraban lo que Moreno ya tenía, sentenciando al equipo desde la secretaría técnica. Fichajes como Alegría o Salibur no elevaron el nivel. El bloque de Segunda era insuficiente. Con el equipo en la zona baja y con la necesidad de reforzarse en invierno para dar un salto de calidad, las únicas incorporaciones que llegaron fueron las de Koutris y Pozo. Fue el detonante de todo. La chispa que encendió la mecha, ya demasiado corta en la propiedad. El descalabro en los fichajes precipitó su destitución, siendo Kohlberg el encargado de comunicarle personalmente su marcha, mañana hará un año.

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