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Diario de Mallorca

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Opinión

Del fútbol y otras ligerezas

Aquellos que me conocen saben que desde mi más tierna infancia soy un fanático (pacífico) del fútbol y sobre todo, del RCD Mallorca, y los...

Los jugadores del Mallorca celebran un tanto ante el Eibar. lof

Aquellos que me conocen saben que desde mi más tierna infancia soy un fanático (pacífico) del fútbol y sobre todo, del RCD Mallorca, y los que no me conocen, acaban de saberlo.

Antepongo esta afirmación porque voy a ser bastante crítico con algunos aspectos del mundo del fútbol que me parecen desmesurados. Hace ya algunos años sostenía que no era nada sano para un club de fútbol que la fuente principal de sus ingresos fueran los derechos de televisión con desprecio entonces de la asistencia de espectadores al estadio. Un dirigente del Barcelona me decía entonces (hablo de unos 15-20 años atrás) que el club podría regalar el abono a sus socios ya que estas aportaciones no suponían más de un 5% de sus ingresos. No sé cuanto habrá cambiado hoy en día, pero no mucho.

Es obvio que el juego se estaba transformando en un espectáculo sin escrúpulos en el que las televisiones estaban contribuyendo a crear unos monstruos con pies de barro. Ahora mismo, con el obligado parón del fútbol -y prácticamente de todos los eventos deportivos- debido a la epidemia del COVID-19 estamos viendo el desespero del fútbol profesional por reanudar las competiciones. No lo hace por amor al arte sino al dinero, hay grandes cantidades en juego. Es casi infantil y desde luego ridículo que estén especulando con distintas fechas para volver a competir sin darse cuenta de que esta decisión le escapa a la LFP porque dependerá de las instrucciones de las autoridades sanitarias.

Por muchos planes que hagan la FIFA, la FIFAUEFA y quienes ustedes quieran añadir, no habrá competición hasta que no se den las circunstancias adecuadas. Pero hay mucha prisa porque hay unos contratos de por medio, unas cláusulas temporales que hay que respetar. Todo esto está muy bien pero no deja de ser distinto de lo que cada empresa, pequeña o grande, está sufriendo o va a sufrir en este país.

Incluso en el ámbito estrictamente deportivo, ¿cómo se puede reanudar un campeonato interrumpido por más de dos meses (no veo ninguna posibilidad antes de finales de mayo, si es que la hay)?. Si normalmente en verano con las vacaciones de un mes ya parece que los equipos se han descompuesto, ¿cómo poner en forma a una plantilla encerrada por tanto tiempo en las casas? ¿de verdad quieren jugar uno o varios meses a puerta cerrada? No tiene sentido. En mi opinión, y puede que la evolución de esta maldita pandemia me quite la razón, debería ya tomarse la decisión de anular la temporada en todas las categorías, sin ascensos ni descensos. Y lo mismo con las competiciones europeas (lo siento por el Atlético de Madrid y su hazaña de eliminar al Liverpool) a menos que se encontraran fechas para disputar los partidos pendientes que a diferencia del campeonato nacional serían solo 5 o 6 para aquellos que llegasen a la final en la Champions y prácticamente lo mismo en la Europa League. Si el histórico y tradicional torneo de tenis de Wimbledon se ha cancelado, ¿por qué va a ser distinto el fútbol? Aunque lo cierto es que los dirigentes de Wimbledon fueron mejores gestores y contrataron en su día un seguro que ahora les salva.

Es una desgracia, sí, lo reconozco, pero para todo el mundo. Para España, los ingresos por turismo son esenciales y ¿qué va a pasar este año? Ahora mismo nadie sabe cuando terminará el confinamiento en Alemania o en el Reino Unido y, por tanto, cuando empezarán a venir turistas... si es que vienen. Por mucho que se reúnan los responsables del sector y planifiquen la llegada de turistas, al final, dependerá de la situación sanitaria. ¿Por qué va ser distinto el fútbol? Habrá pérdidas, es evidente, pero no es lo mismo ser despedido de una empresa o estar con el salario mínimo en precarias condiciones que rebajarse mucho el salario y seguir viviendo bien.

He conocido a muchos dirigentes del fútbol y a muchos jugadores a lo largo de mi vida profesional como diplomático. Siempre me sorprendió este sentido de la prioridad que los directivos dan al fútbol sobre otras actividades o profesiones (con algunas excepciones) como si servicios médicos, diplomáticos, administraciones, etc, tuvieran que estar permanentemente a su disposición.

Desgraciadamente creo que vamos hacia un periodo de recesión bastante largo y sería muy insensato que el fútbol y otros deportes de elite no aprovecharan la ocasión para hacer nuevos planteamientos. Esta terrible crisis de ahora debería servir para una cura de humildad y para sentar las bases de un espectáculo con unas partidas de gastos e ingresos mucho más realistas.

Confieso que tengo unas ganas locas de ver un partido de fútbol y de ir al estadio, pero no a cualquier precio, no ignorando la realidad de mi país, empezando por la salud de los propios jugadores en un deporte en el que el contacto físico es inevitable.

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