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Minuto 91

El Mallorca pierde el tren

Cucho se lamenta tras una oportunidad fallada ante el Valladolid, con Kubo tendido sobre el césped.

Cucho se lamenta tras una oportunidad fallada ante el Valladolid, con Kubo tendido sobre el césped. Guillem Bosch

Auna persona que lleva invertidos la friolera de cincuenta millones de euros, poco se le puede recriminar. Robert Sarver evitó con su llegada en enero de 2016, hace ahora cuatro años, la casi segura desaparición del club. Solo por esto, los miles de aficicionados del Mallorca deberían estarle eternamente agradecidos. Pero, y aquí reside la contradicción, resulta muy difícil de entender que, habiédose rascado Sarver el bolsillo de la forma en que lo ha hecho, se resista a realizar otro esfuerzo -infinitamente minúsculo comparado con el anterior- y reforzar al equipo para defender el bien más preciado del club, la Primera División. Los norteamericanos parecen vivir en otro mundo, en su mundo, alejados de la realidad del fútbol europeo y español, como si no fueran conscientes -y lo peor es que lo son- de la diferencia que hay entre militar en Primera o en Segunda, y no solo en el capítulo económico.

Con el cierre del mercado de invierno, el Mallorca parece que ha dejado pasar el tren, que puede que sea el de la permanencia. Pozo y el desconocido Koutris parecen escaso botín para ofrecer una mayor consistencia a un equipo que da la impresión de haber dado todo lo que tenía que ofrecer. Aun admitiendo las dificultades a la hora de trabajar por el dichoso límite salarial, da la impresión de que la dirección deportiva y ejecutiva del club -Recio y Molango- han dejado los deberes para el último momento.

A Moreno casi siempre hay que entenderle más por lo que calla que por lo que dice. "Entreno con lo que tengo", afirmó cuando se le preguntó el viernes por el mercado de invierno, una respuesta enigmática que bien podría haber ido dirigida a Molango, que en su día dijo aquello de que "yo ficho y el entrenador entrena". Poco amante de meterse en líos, el técnico valenciano nunca lo dirá, pero no hay que ser muy listo para imaginarse que no está precisamente satisfecho con el trabajo de sus superiores en el mercado invernal. Trabajará con lo que tiene, qué remedio, consciente de que las opciones de salvación son más bien escasas. Y si la consigue, se habrá ganado que se le haga la ola el resto de sus días. Lo cierto es que en este club nadie da ninguna explicación, aunque solo sea a los abonados que cada verano pasan por caja. Ni Moreno, ni Recio, ni Molango, ni Köhlberg, ni Sarver.

Esto no quita para que alguna de sus decisiones sean difíciles de entender. Por ejemplo, porqué Xisco Campos está por delante de Sedlar, que ha pasado de tercer central a la grada sin motivo aparente. Tres cuartos de lo mismo sucede con Fran Gámez, que pagó su mal partido en Anoeta quedando fuera de la convocatoria ante el Valladolid cuando su sustituto, Sastre, no lo hizo mejor.

Enésima decepción del B the travel, que perdió ayer en el Palau ante el recién ascendido Alicante de Llompart por 63-78, un resultado abultado y que refleja bien a las claras que el equipo de Alonso tiene un problema con los equipos de la zona media baja de la tabla. Ha perdido el equipo una gran oportunidad de colocarse a una sola victoria del líder Valladolid, que también ha perdido esta jornada, precisamente, su próximo rival.

Gigante Djokovic. El serbio conquistó ayer su octavo Abierto de Australia y decimoséptimo título de Grand Slam en una memorable final a cinco sets contra el austriaco Dominic Thiem. Se coloca a tres títulos de Federer y a dos de Nadal, a quien arrebató el número uno. La batalla por ser el mejor de la historia sigue abierta.

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