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El jugador

Carlos Castro, fichaje estrella del Mallorca, regresa a Gijón sin cumplir las expectativas

El jugador no convence a Moreno y asume un papel secundario

Castro, en un entrenamiento en Son Moix.

Castro, en un entrenamiento en Son Moix. P.J. Oliver

Carlos Castro, el fichaje estrella del Mallorca el pasado verano, ha pinchado. Y si no reacciona rápido, parece que definitivamente. Titular indiscutible para Vicente Moreno en el comienzo de la temporada -disputó los seis primeros partidos de Liga como titular-, ha pasado a asumir un rol secundario dentro de la plantilla. De primer delantero a tercero, superado, ahora, por Álex López, y anteriormente por Abdón Prats. Tan delicada es su situación que nadie está en condiciones de apostar que el punta asturiano forme parte de la expedición que el próximo viernes viaje a Gijón, su casa, donde dio sus primeros pasos como futbolista.

Castro, de 23 años, con ficha hasta junio de 2020, ha disputado solo 429 minutos de Liga sobre un total de 1.530. Ocho partidos de diecisiete. Unos números que lo explican todo, al menos que no es un indiscutible para su técnico.

Nadie en el club sabe explicar porqué Castro, un futbolista que reúne unas condiciones ideales para destacar, se encuentra en esta situación. "Es un chaval extraordinario, que se entrega en los entrenamientos", apuntan desde Son Bibiloni. Sólo los empleados del club sabén cómo entrena Castro ya que las sesiones preparatorias solo están abiertas para la prensa durante los primeros quince minutos.

Desde Gijón destacan su poca ambición. "Ya está bien como está", señalan. "No pelea, no da lo que tiene que dar", añaden. Así lo debieron entender los entrenadores que ha tenido en el Sporting. Rubén Baraja apenas contaba con él. Su último partido como titular fue el derbi asturiano en el Tartiere, cuando el Sporting perdió 2-1. A partir de la siguiente jornada, Baraja pasó a jugar con un único punta. Castro fue el sacrificado.

El entrenador que le sacó un mejor rendimiento fue Abelardo Fernández, actual técnico del sorprendente Alavés. Fue el ex central del Barcelona y Sporting el que le subió al primer equipo desde el filial. Y jugó más o menos de forma regular. Hasta que Abelardo se cansó. De su falta de regularidad, de su falta de empuje. No acababa de despuntar. Daba una de cal y otra de arena. Diabético, Castro acabó con la paciencia de Abelardo, desesperado porque el jugador cuidaba poco el tema de la alimentación.

Posiblemente haya pesado en el ahora jugador del Mallorca las enormes expectativas que despertó su irrupción en Gijón. Le llegaron a comparar con David Villa, junto al fallecido Enrique Castro, Quini, el mejor futbolista asturiano de todos los tiempos. Demasiada presión.

Sus primeros seis meses en el Mallorca están resultando un calco de su última temporada en el Sporting, donde solo disputó 18 partidos, firmando un único gol, la misma cifra que ahora. Castro desapareció de las alineaciones después de la derrota en Son Moix ante el Albacete. Fue el 23 de septiembre. Algo no debió gustar a Moreno porque no se le volvió a ver vestido de corto hasta seis partidos después, el 4 de noviembre, en el empate en Oviedo, el gran rival del Sporting. Aquel día Castro fue suplente, pero al menos disfrutó de sus primeros minutos en mes y medio. Pero se volvió a repetir la historia porque en los tres siguientes encuentros, ante Córdoba, Zaragoza y Numancia, el asturiano volvió a desaparecer del equipo y, en algún caso, incluso de las convocatorias. Fue titular en la victoria en Reus el pasado día 1 y se volvió a quedar fuera el pasado sábado contra el Málaga. Lo que pueda ocurrir el próximo sábado en El Molinión es un misterior. Como lo es Castro.

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