04 de junio de 2018
04.06.2018
Segunda B
Mallorca21Majadahonda

Como un amistoso

Damià, de penalti, y Cedric, dos jugadores que han tenido un papel secundario durante la temporada, dan una mínima ventaja al Mallorca sobre el Rayo Majadahonda, que marcó al final de un partido sin tensión y prescindible en el calendario

03.06.2018 | 23:46
Como un amistoso

Valoraciones

  • El árbitro: LEO Ollo Sin problemas
    A lo mejor si hubiera habido algo más en juego que el título honorífico de campeón de Segunda B hubiese tenido más problemas. Acertó en el penalti a Cedric y los madrileños le reclamaron al menos uno en el área del Mallorca. Bien a la hora de mostrar tarjetas en un partido muy deportivo por ambos bandos.

    Lo mejor: El final de temporada
    Queda un último capítulo, intrascendente como el de ayer, el próximo domingo en Majadahonda. Lo mejor es que la temporada, larguísima para todos, llega a su fin y se acaba el martirio de la Segunda B para un Mallorca que debe empezar a preparar la próxima campaña para no repetir errores de antaño.

    Lo peor: La intrascendencia del choque
    Cuando no hay puntos en juego, la emoción que genera cualquier partido se va al traste. Es lo que ocurrió ayer entre dos equipos que afrontaron el duelo sabiendo que los deberes estaban más que hechos.

Una de las primeras medidas que debe tomar el nuevo presidente de la Federación Española Luis Rubiales es prescindir de partidos como el de ayer entre el Mallorca y el Rayo Majadahonda, los dos equipos que se han ganado en el terreno de juego el derecho a jugar en Segunda la próxima temporada. Como ya ha adoptado en la Copa del Rey, competición que hasta los cuartos de final se jugará a un partido a partir de la temporada 19-20, el nuevo máximo mandatario del fútbol español debe cargarse duelos intrascendentes como el que protagonizan, muy a su pesar, mallorquines y madrileños.

El duelo fue un castigo para los jugadores y los poco más de tres mil espectadores que se dieron cita en Son Moix. Para más inri, el encuentro se disputó bajo una fina lluvia, en un día de primeros de junio que invitaba a enfundarse una chaqueta más que ir en manga corta. El partido, por llamarlo de alguna manera, recordó a cuando en los 80 el Ciutat de Palma se disputaba en dos días, y antes de la gran final se celebraba el partido por el tercer y cuarto puesto con las gradas del añorado Lluís Sitjar semivacías. Lo de ayer fue igual, la misma sensación, la de dos equipos que acuden al trabajo con desgana, conocedores de que, hagan lo que hagan, no pasará a la historia. Un tostón que todos nos podríamos haber ahorrado porque, con los deberes más que hechos -y Rubiales lo sabe bien porque ha sido futbolista-, lo que desean los jugadores es irse de vacaciones después de una temporada dura por muchos motivos, con la obligación -por calidad y presupuesto- de ascender desde la primera jornada.

Del partido, muy poca cosa que contar. Vicente Moreno, que siguió todo el duelo sentado en el banquillo -el mejor ejemplo de la nula tensión que se vivió- puso en liza a todos los suplentes menos a Pedraza. El título de campeón total de Segunda B le importa un pepino, como no puede ser de otra manera, y como ya insinuó en la rueda de prensa del viernes. Los jugadores de uno y otro equipo le dieron la razón. Cuando no hay puntos en juego es muy difícil exigirle a un futbolista que lo dé todo. Lo que se pretende evitar es una lesión que te arruine el verano y la próxima temporada.

Tras una primera parte insulsa, en la que no pasó absolutamente nada, en la segunda se animó gracias a un penalti cometido sobre Cedric. Damià, hoy en funciones de capitán, ejerció de tal para lanzar el penalti y adelantar a su equipo. No fue la única buena noticia de la mañana ya que solo seis minutos después llegaría el segundo protagonizado por dos jugadores que han tenido un papel secundario, Faurlín y Cedric. El argentino puso un balón en profundidad al nigeriano que, con la zurda, batió a Salcedo.

Con 2-0, Moreno dio entrada a Lago y Salva Sevilla, dos hombres clave en el ascenso. Y los aficionados, a falta de mayor entretenimiento, se pusieron a cantar "campeones, campeones". Jairo Carcaba, que acababa de entrar, se encargó de que no sea así todavía al aprovechar un error de Faurlín en el centro del campo. El gol que marcó deja las cosas muy igualadas, y un 1-0 en contra en la vuelta daría el título a los madrileños. Pudo ser peor cinco minutos después si Álex López no hubiera evitado el empate al despejar el balón sobre la misma línea de gol, con Parera batido. Da lo mismo. El objetivo se ha conseguido con creces. Toca fichar, hacer un equipo competitivo para no pasar apuros en Segunda y, si se puede, aspirar a cosas mayores. Queda un último capítulo en Majadahonda para poner fin a una temporada que ha tenido final feliz, pero que no se debe volver a repetir. El Mallorca no puede abandonar nunca más el fútbol profesional, lo mínimo que se le debe exigir.

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