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Análisis

A ver si se produce el milagro

Ser o no ser entrenador. Llegar y meter mano para buscar una reacción o tirar por el aspecto psicológico y no estropear el equipo

Ser o no ser entrenador. Llegar y meter mano para buscar una reacción o tirar por el aspecto psicológico y no estropear el equipo. Darles cariño, vamos.

No es fácil ser entrenador. Al menos, de los buenos. Siempre he dicho, y quizás con esto me he ganado algún enemigo -de los que trabajan, y mucho, en el fútbol regional, de Tercera para abajo-, que el entrenador solo tiene que hacer una cosa: no estropear la plantilla que han puesto a su servicio. Con muchos de estos técnicos coincido en que lo peor que puede pasar es que al preparador le dé 'un ataque de entrenador' y cambie lo que ya funciona de por sí. Si tienes el Barça o el Madrid, no provoques. Gestiona con normalidad y las figuras ya se encargarán de jugar. Sólo hay que convencerlas. Sólo... casi nada.

En el caso del Mallorca, tengo todas las dudas del mundo. Más que nada, porque la plantilla ha demostrado con creces lo precaria que es en calidad, su ausencia de actitud por momentos y, cuando la cosa se ha puesto complicada, la falta de tranquilidad necesaria y alguien con espíritu de líder. Demasiadas carencias para una plantilla que este año partía con el objetivo de estar en la lucha por el ascenso, según decían desde el club. Pero, por distintas cuestiones, muchas vistas en el césped y otras desconocidas, está muy por debajo de sus posibilidades. Ni siquiera buscar un enemigo exterior -normalmente la prensa- les ha servido este año. A ver si Sergi da con la tecla... o se produce un milagro. Eso también nos sirve.

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