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La crónica

Timon deja temblando la silla de Ferrer

Una monumental cantada del cancerbero alemán mete al Mallorca en una crisis absoluta y deja al entrenador en una situación difícil de justificar - La derrota ante el Alavés mantiene a los rojillos en descenso tras un partido en el que no mereció perder pero en el que le volvió a faltar pegada

Tres victorias de quince partidos y solo nueve goles a favor dejan en una anécdota que el Mallorca no mereciera perder anoche en Mendizorroza ante el Alavés (1-0). Una semana más, y por méritos propios, los de Albert Ferrer continuarán en puestos de descenso acercando todos los fantasmas posibles hacia el Iberostar Estadio. Es cierto que la derrota llega por una monumental cantada de Timon, pero en los setenta y cinco minutos restantes fueron incapaces de igualar el marcador, como mínimo. La pelota ahora está en el tejado del propietario Utz Claassen, que se podría haber ahorrado el teatro del pasado martes porque cada vez es más complicado justificar que Chapi siga en el cargo. Eso sí, los jugadores también tienen mucha responsabilidad de este descalabro, faltaría más.

Algo hay que hacer porque esto no puede seguir así. En el año del Centenario el papelón está siendo vergonzoso, por "muy buenas sensaciones" -esta expresión ya cansa-, que haya dejado en muchos momentos de este primer tercio de campeonato. Eso no da de comer y ahora mismo el Mallorca se acerca al abismo de la Segunda B cuando el objetivo, marcado por el propio club, es el de luchar por el ascenso. Es el más difícil todavía en esta esperpéntica etapa que está viviendo el mallorquinismo.

Si a este equipo le cuesta horrores ganar partidos, lo mínimo que puede hacer es no regalar goles. La cantada de Timon, no es la primera ni la segunda, es para desquiciarse. Y no es el único error de esta maldita acción en el minuto quince porque Sissoko no apretó a Pelegrín, que cabeceó a placer desde más allá del punto de penalti. El meta alemán se hizo un buen lío porque dudó entre blocar el balón o despejarlo con los puños y, al final, el resultado es que no hizo ni una cosa ni la otra y la pelota acabó entrando. Y cosas del fútbol, la respuesta la podría haber dado el Mallorca segundos después, pero el tiro de Coro, en buena disposición para hacer daño, provocó una buena intervención de Fernando Pacheco. Lo peor de todo es que los visitantes estaban relativamente cómodos, tenían una mayor posesión del balón, incluso en el campo de los alaveses, pero ese dominio era estéril porque apenas creaba peligro. De hecho, en ataque se dejaban ver más los laterales que Moutinho y Pereira. No obstante, los de Bordalás, sin hacer nada del otro mundo, dejaban claro que no estaban asustados, ni de lejos. Femenía se internó por la banda derecha como en el salón de su casa y Manu Barreiro, en el interior del área, intentó sorprender con un tacón que rebotó en Aveldaño. Mucho más cerca estuvo el gol gracias a una genialidad de Dani Pacheco. Probó fortuna con un soberbio tiro de unos cincuenta metros, aprovechando que Timon estaba adelantado, que se estrelló en el larguero. Con un tímido remate de Yuste y un chut de Oriol se llegó al descanso.

En la reanudación paradójicamente fue el Alavés el que salió con el cuchillo entre los dientes. Timon realizó una buena intervención tras un disparo de Dani Pacheco. El Mallorca se dio cuenta que estaba perdiendo cuando ya se sobrepasaba el minuto sesenta y cinco. Campabadal se quedó con las ganas tras aparecer por sorpresa por su flanco ya que su pase a Bianchi tocó en un central. Pero el peligro de verdad llegó en dos ocasiones muy parecidas. Pereira realizó un gran centro a James, que se plantó ante el portero y, cuando lo más fácil parecía el pase al propio Bianchi, prefirió rematar flojo a las manos del portero. Y otra vez el galo se convirtió en el pasador que tanto necesitan los baleares para volver a dejar solo a James, que estuvo lento a la hora de armar su disparo y Raúl García se cruzó en su camino. Y entre estas dos acciones que podrían haber cambiado el encuentro, Manu Barreiró perdonó tras un testarazo.

Sin embargo, fueron los mejores minutos del Mallorca, que no disimulaba sus prisas. Moutinho, en lo poco que hizo bien, envió un buen pase que Bianchi cabeceó con inocencia. Ferrer retiró a Oriol e introdujo a Javi Ros para dejar una defensa de tres, pero ya era tarde. Lo intentó a la desesperada, pero ya no funcionaba ni el corazón ni la cabeza. Una vez más.

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