El Real Mallorca es un manojo de nervios y teme especialmente a un Eibar sólido, cohesionado y pleno de confianza en sus posibilidades de ascenso a Primera División. Es, por tanto, la antítesis del grupo de Carreras, frágil, desmoralizado y angustiado por la cercanía de la zona de descenso. La exigencia es máxima en el encuentro de hoy. Por el calibre del rival, segundo clasificado, y por la urgencia de levantarse después de encadenar cuatro derrotas consecutivas.

La derrota o el empate no son alternativas para un Mallorca que se acerca a un punto de no retorno. Perder ante el Eibar significaría afrontar un final de curso dramático con quince puntos en juego y la obligación de sumar al menos siete para garantizar la permanencia. Carreras ha agotado su repertorio de experimentos, así que todo depende de unos futbolistas a los que todavía se les presupone cierta entereza para evitar el desastre.

Lo más probable es que Carreras repita el once que se midió al Alavés la pasada jornada, aunque la tarde puede ser propicia para las sorpresas. El técnico probó ayer -en el último y definitivo entrenamiento antes del encuentro- a Aouate en el once titular. Sería una sorpresa mayúscula que el israelí saliera hoy de inicio, salvo que Carreras considere que ahora que el Mallorca se juega la vida la presencia de un veterano bajo los palos podría aportar un plus de seguridad al equipo.

Tampoco hay que descartar la presencia de Cadamuro en el lateral izquierdo en perjuicio de Antonio López, otra variante ensayada por Carreras esta semana en Son Bibiloni.

El Mallorca tendrá enfrente a un bloque que jornada a jornada ha alimentado el sueño de lograr su primer ascenso a Primera División. El fútbol está premiando a un grupo que ya no se parece a aquel Eibar rocoso de los ochenta y noventa. Bajo la dirección de Gaizka Garitano, el conjunto vasco juega con la misma intensidad de entonces, pero queriendo la pelota.

En Son Moix se medirán el presupuesto más rico de la categoría y el más pobre. La gran decepción de la temporada contra la mayor sorpresa. El Eibar apunta alto y el Mallorca muy abajo, por mucho que Biel Cerdà se ponga en ridículo hablando de ascenso a estas alturas.

Jugar en Son Moix puede suponer presión añadida para los bermellones. La afición se debate entre animar al equipo en uno de los últimos envites para sortear el infierno, o expresar su frustración por una temporada calamitosa. Hace dos semanas ante el Dépor los pocos espectadores presentes en el estadio optaron por la crítica. Por si acaso, los rojillos no quieren imaginar un marcador desfavorable.