30 de marzo de 2020
30.03.2020

Diario de Mallorca

La odisea de los niños con autismo durante el confinamiento

Marco y Alisenda, ambos con una discapacidad, han sido increpados por vecinos tras salir a pasear

30.03.2020 | 02:45

Testimonios. La vida de estos dos mallorquines cambió con las restricciones derivadas por la crisis del coronavirus. Acostumbrados a su rutina –que la necesitan–, ahora sortean los días como pueden. Sus padres juegan un papel fundamental: se han convertido en unos superhéroes sin capa que se reinventan día tras día

"Mamá, quiero ir a la azotea", dice Marco. Tiene tres años y padece autismo e hiperactividad. Su madre intenta desviar su atención con otra actividad. No cuela. "Quiero ir a la azotea", insiste el pequeño una y otra vez. Raquel Navarro tira de ingenio para convencerlo, aunque no es fácil. Marco no entiende por qué no pueden salir de casa como "siempre". Esta anécdota es solo una escena dentro del ajetreado día de esta familia de s'Arenal. El confinamiento derivado de la crisis del coronavirus se está haciendo cuesta arriba para la mayoría de la población. Hoy ponemos el foco en las personas con discapacidad. Ellos están viviendo una odisea.

"Nos sentimos incomprendidos", comienza a contar Navarro. Madre de tres hijos, dos de ellos con Trastornos del Espectro Autista (TEA), cada día lucha para que la jornada transcurra "lo mejor posible". Llevan cinco días sin salir de casa. La última vez que lo hicieron la policía tuvo que intervenir tras la denuncia de un vecino. En aquel momento ella se encontraba con Marco en la azotea de su edificio imaginándose relojes –la pasión del pequeño-.

"El vecino llamó a la policía porque decía que mi hijo le molestaba, y aunque le expliqué que es un niño con autismo, y que no haríamos ruido, nos exigió que nos fuéramos", explica Navarro, quien se indigna al recordarlo. Los agentes que se personaron en su vivienda no tenían claro si estaba permitido que estuvieran en esa zona común, pese a contar con el respaldo del resto de vecinos. Un día después le confirmaron que sí podían. Ya era tarde. Navarro no quiere volver a subir a la terraza para no tener problemas con ese hombre, ya que esa situación le ocasionó una "crisis" a su pequeño. "Estos niños son muy sensibles", detalla.

"Marco necesita salir de casa y tengo una autorización que lo permite", señala esta madre, quien apunta que no entiende la "poca empatía de algunos". Como alternativa a la azotea se desplazan hasta la playa y contemplan los relojes desde el vehículo. No salen a pasear porque Navarro padece una enfermedad y no se puede exponer.


Joana Rosselló también se ha topado con " justicieros" -como ella los describe– tras salir su hija a la calle. Alisenda tiene 18 años y le han diagnosticado autismo. "Mi marido y mi hija iban paseando con el perro cuando un hombre les increpó y l es recriminó que estuvieran en la calle", narra Rosselló. Desde ese incidente, Alisenda no quiere salir de casa. " Tiene miedo y se piensa que fue ella quien hizo algo malo y por eso la regañaron", sostiene esta madre, quien incide en que es muy difícil razonar con personas que sufren este trastorno. "Ella no lo entiende", añade.

Pese a ese desencuentro, Alisenda sale algunas noches con su madre o su padre a pasear. "Vamos de noche porque hay menos gente", manifiesta Rosselló. Si fuera por su hija estaría todo el día en casa. Se siente más segura.

Respaldados por la ley


Estos dos testimonios coinciden en los problemas que se han encontrado al salir a la calle durante el estado de alarma pese a estar respaldados por la ley. Precisamente entre las excepciones al confinamiento, el Gobierno de Pedro Sánchez plasmó en el real decreto las dificultades añadidas que sufren las personas con autismo. El escrito reza: esta disposición permite "realizar desplazamientos necesarios" a "personas con discapacidad que tengan alteraciones conductuales como, por ejemplo, personas con diagnóstico de espectro autista". La única condición, dicen, es que "se respeten las medidas necesarias para evitar el contagio".

Tras las palabras del presidente del Ejecutivo, algunas personas han puesto en marcha una iniciativa que invita a las personas con discapacidad a lucir un chaleco amarillo o un pañuelo al salir de casa para que puedan ser identificadas. "Me parece un despropósito", espeta Rosselló. En la misma línea se pronuncia Navarro: "Es una locura". Para ambas madres esta 'marca' estigmatiza a sus hijos y los señala como si fueran diferentes. "Pretenden hacer lo mismo que se hacía con los judíos, marcardos con un brazalete para identificarlos", denuncia Eva García, presidenta de la Asociación Asperger de Balears.

En palabras de García, la sociedad no entiende este trastorno. "Nuestros niños tienen una discapacidad que no se ve, no es como una persona que tiene problemas de movilidad, por ejemplo. Ellos a simple vista parece que no tienen nada", asegura García, quien remarca que aún queda mucho trabajo por hacer en cuanto a visibilización y concienciación.

Superhéroes sin capa

Los padres y madres que se reinventan día tras día para entretener a sus hijos con discapacidad son los nuevos superhéroes sin capa. Y sin "reconocimiento". "No soy una profesional, solo soy una madre que hace lo que puede", indica Navarro. Lo está bordando. La habitación de Marco se ha convertido estos días en un gimnasio personalizado. No le falta detalle: dispone de colchonetas para hacer piruetas, saltos 'de altura', cuenta con escondites...

Y según confiesa esta madre, es una manera de tenerle entretenido durante un "rato". "Es una manera de cansarlo para que después pueda dormirse", cuenta Navarro. Desde que entró el estado de alarma, el pequeño no duerme siesta – "para poder dormir por la noche"–, se vuelve a hacer pipí y no quiere comer. "El cambio de su rutina le ha trastocado", asegura su madre, quien comenta que las personas que padecen este trastorno necesitan llevar una vida muy ordenada porque sino "se descolocan".

Alisenda también lo lleva como puede. Echa de menos coger el bus para ir al centro de día donde pasa la mayor parte de su tiempo. También echa de menos a sus amigos, a los que no ve desde hace dos semanas. Ahora YouTube se ha convertido en su mejor aliado.

Ante las dificultades de estos jóvenes, vecinos han ofrecido sus instalaciones para que los pequeños puedan desfogarse. "Esta situación saca lo mejor de las personas que son buenas", concluye agradecida Navarro.

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