15 de noviembre de 2009
15.11.2009

Literatura

Las 50 velas de los Schalekamp

Jean y Muriel llegaron a Mallorca una fría mañana de 1959, con dos de sus tres hijos, el tercero nació en la isla. "Somos personas muy libres", aseguran el escritor y la pintora

14.11.2009 | 22:00
Las 50 velas de los Schalekamp
Como tantos otros extranjeros, Jean Schalekamp y Muriel Ten Cate recalaron en Mallorca "por casualidad" y con un único propósito: "Vivir en el Mediterráneo". Atrás, si es que los recuerdos se pueden echar al cogote, sus vidas de alambradas –Muriel estuvo recluida a los 9 años en un campo de concentración en su país, Indonesia, cuando éste fue invadido por los japoneses–, y sus existencias cosidas a una educación "de pastor protestante, al que cuando vi cómo se le caía la dentadura en uno de sus sermones, me convencí de la no existencia de Dios".
Entre chanzas y veras se respira el ambiente familiar de los Schalekamp , que ahora cumplen el medio siglo en Mallorca, en su cuarto destino en la isla, enhebrados a un hilo común, estar lejos del entorno urbano. De los tres hijos, Asja, Jean Jacques y Fabián, sólo éste último, resta con los padres en Ca Na Sereta, en Costitx. Libros, cuadros, objetos sin ordenar, son sólo testigos mudos del aire de la familia. Y muchos gatos. "Somos personas muy libres", apuntan. Ni dios, ni rey, ni patria. Vida a raudales.
"Nos conocimos estudiando Bellas Artes en Amsterdam. Ambos habíamos sido abandonados por nuestros novios... ¡Nos consolamos!", ironiza Muriel. El consuelo dura, con altibajos, incluso un divorcio entremedias que se saldó con el regreso de Jean desde Estados Unidos a Mallorca. La pareja ha alcanzado tal grado de complicidad que se entiende sin decir ni mú. Mantiene cada uno su parcela –ella es pintora y asegura que le gusta estar en soledad, aunque es más dicharachera que Jean, y él es escritor, articulista, –en DIARIO de MALLORCA lleva más de treinta años–, y traductor del castellano, inglés y francés al holandés. Entre sus autores traducidos, Claude Simon, Marguerite Yourcenar, Miguel Delibes, Javier Tomeo, Ana María Matute y su gran amigo, Arturo Pérez-Reverte, quien les visita a menudo en Mallorca.
"A veces me pregunto si haber venido a la isla no ha supuesto un sacrificio cultural", comenta Jean Schalekamp. En Amsterdam formó parte del grupo de escritores entre los que estaban Cees Nooteboom, el belga Hugo Claus, el fotógrafo Cas Oourthuys. La respuesta es negativa. Muriel la matiza: "Algunas veces sí, porque la educación de los hijos hubiera sido mejor en Holanda que en España".
En la isla, son racimo los amigos trabados, entre ellos recuerdan a los primeros, algunos ya muertos, otros siguen: Antoni Serra, Guillem Frontera, Ángel San Martín, Pep Canyelles, Ramon Canet, Guillermo Sureda, Joan Bonet, Rafel Amengual ´el argentino´, Coco Meneses. "Mallorca ha cambiado mucho. De su paisaje, ¡mejor ni mencionarlo!, pero en positivo, los jóvenes son mucho más abiertos que aquellos mallorquines que me miraban como si fuera un bicho raro", cuenta de corrido Muriel.
En los ochenta, ella regentó un restaurante emblemático en Génova, Sa Ximbomba. Recuerda que "Miquel Barceló iba con su novia Margalida Escalas".
En Ca Na Sereta se escucha holandés, cuando tienen visita, castellano. Muriel es la memoria de Jean pero éste no olvida cuando su madre le espetó: "¿Cómo te vas a vivir a un país con el que hemos estado en guerra 100 años? ¡Claro que a ella le importaba un bledo el franquismo, le dolía la guerra de Flandes!", dice con la sonrisa benéfica que acompaña al escritor. Muriel le espolea a que escriba sus memorias. Él prefiere narrar en novela la vida de ella, aquella niña que fue entregada ´a la tía rica´. A finales de año, saldrán publicados los artículos de Jean en este periódico. Ahora le dan vueltas a hacer una fiesta de 50 velas.
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