08 de septiembre de 2009
08.09.2009

Fallece un superviviente del horror nazi

Cordero y buen vino a la salud del preso 4.553

José María Aguirre, que sobrevivió cuatro años y medio al campo de extermino de Mauthausen, murió el domingo en Palma

08.09.2009 | 15:14
La despedida manuscrita de José María Aguirre.
"A los que todavía le recuerdan como pelotari, como hotelero y a los profesores y alumnos que asistieron a sus charlas sobre sus recuerdos en el campo de exterminio nazi, les ruego que coman muchísimas costillas de cordero y que beban siempre vino bueno de marca. Que disfruten de la vida. ¡Agur y Salud!".
Con estas breves palabras que reflejan su peculiar idiosincrasia quería despedirse de todas sus amistades mallorquinas José María Aguirre Salaberría (Marquina, 1919), un vasco que sobrevivió cuatro años y medio al campo nazi de exterminio de Mauthausen con el número identificativo 4.553 y que rehizo su vida en la isla.
Afincado en el barrio palmesano de Son Roqueta tras una vida plena de peripecias que daría para escribir varias novelas, falleció el pasado domingo en el Hospital General de Palma.
Llegó a la isla en 1953 acompañado de su mujer y su hija de apenas dos años de edad. A su cónyuge la había conocido durante la Guerra Civil, cuando el batallón de artilleros vascos en el que se enroló con tan sólo 17 años en compañía de su padre operaba en Sant Feliu de Guíxols.
Los avatares de la vida separaron a estos dos jóvenes. José María terminó trabajando forzosamente, como buena parte de los exiliados españoles en Francia tras la guerra civil, en la construcción de la línea Maginot con la que los franceses confiaban detener el avance militar alemán.

Apátridas

Arrestado por los alemanes en su avance por tierras galas, José María llegaba el 13 de diciembre de 1940 a Mauthausen a bordo de un tren que transportaba a otros 866 presos españoles al campo de exterminio. Una señal los distinguía sobre los demás prisioneros: una s blanca –de spanier– sobre un triángulo azul. Era el símbolo de los apátridas ya que el régimen de Franco, siguiendo las directrices del cuñadísimo Ramón Serrano Suñer, a la sazón ministro de Exteriores y declarado admirador de la política del Tercer Reich, los dejó desamparados en manos nazis.
Tras cuatro años y medio de horribles experiencias que le provocaron pesadillas y despertares sobresaltados toda su vida, José María fue liberado del campo nazi el 5 de mayo de 1945. Por su condición de apátrida y no ser reclamado por ningún país, fue abandonado a su suerte junto a muchos otros españoles. Sólo la mediación de presos franceses que habían compartido tormento en Mauthausen y habían regresado a su país posibilitó el traslado de estos sin patria a Francia veinte días después, el 25 de mayo.
Allí sobrevivió como pudo, pasó algunos meses encarcelado en la prisión de La Santé porque las autoridades galas no sabían qué hacer con ese grupo de exiliados que recorrían las calles con la mirada extraviada y la mente perturbada tras los horrores que habían padecido en el campo de exterminio.
Finalmente pudo reunirse con la que se convertiría en su mujer. Y en 1953 recaló en Mallorca, donde se dedicó al incipente negocio del turismo. De su paso por los campos de concentración franceses y alemanes sacó algo en claro: aprendió los idiomas que le abrirían este mundo. En Mauthausen fue usado como intérprete ya que aprendió que una comprensión rápida de las órdenes de sus torturadores le evitaba golpes y malos tratos.
Tuvo varios empleos y en 1957 ocupó el puesto de jefe de recepción del ya desaparecido hotel Zaida, donde conoció a la que se convertiría en su inseparable amiga para el resto de su vida, la francesa Sarah Bajar, que sintetiza la vida de este superviviente: "Fue un gran pelotari y una verdadera fuerza de la naturaleza. Disfrutaba comiendo y bebiendo y cada vez que ganaba un partido de pelota se lo tomaba como una revancha sobre los nazis que habían intentado aniquilarle".

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