24 de mayo de 2009
24.05.2009

cultura

El mallorquín que se cansó de ser ladrón

24.05.2009 | 02:46
Fotografías de la ficha policial de Eduardo Arcos Puig, ´Fantômas´, tomadas tras su primer arresto oficial en 1916.

Eduardo Arcos, personaje real, repite en la segunda novela de José Luis Ibáñez, ecuador de su tetralogía del detective Ferrer, ambientada en la Barcelona del 37

Eduardo Arcos Puig, el mallorquín de la mil caras. Un "caballero elegante", un "seductor incansable". Acaso, constata su tiempo, el ladrón de guante blanco "más importante del siglo XX". Personaje existido, ¿nacido en 1891?, repite como aventajado secundario en la nueva novela de José Luis Ibáñez, También mueren ángeles en primavera (Espasa), ecuador de una policiaca tetralogía que avanza contextualizada en la Barcelona de la Guerra Civil.
"Un retrato de la vida en la retaguardia republicana". Las inventadas correrías de Toni Ferrer, el protagonista detective, funcionan de manera premeditada como un histórico retrato de una época convulsa. Y demasiado fraticida, contextualizada en este segundo libro en los ´hechos de mayo´ y el asesinato de una niña; uno de los tantos refugiados que la ciudad condal abrazó. Obligatoria y exigente premisa, José Luis Ibáñez invirtió cuatro años sólo para documentar y poder redactar la primera entrega, Nadie debería matar en otoño, finalista del Premio Tigre Juan. Eduardo Arcos Puig, ´Eddy´, se le apareció entonces entre la hojarasca-testigo de la primera mitad del XX. "Fascinado", decidió investigarlo a fondo. E incorporarlo –con todas sus virtudes y defectos– a las tramas de su particular versión de Philip Marlowe.
La capital presencia del ladrón mallorquín en el primer libro –mano derecha en la sombra y creciente "amigo" del detective Ferrer– le confirmó para los venideros. La adicción y curiosidad que su figura provoca en el escritor es tal que ya se plantea incluso un spin-off del personaje. Dado el caso, anticipa, situará al personaje unos años antes, "en su época dorada", entre 1905 y 1915, "cuando se convirtió en mito", en el temido Fantômas. Eduardo Arcos, confirma Ibáñez, dejó de ser el mismo tras su documentado primer arresto serio, en 1916, a cargo del comisario Ramón Fernández-Luna. "En la fotografía de la ficha policial se le nota desencajado, sabía que era el principio del fin, que ya no podría pasearse sin ser reconocido".
Cuando José Luis Ibáñez comenzó a escribir el primer tomo ya sabía muchas cosas de ´Eddy´. Como que en 1925 acumulaba robos por valor de diez millones de pesetas. Que Nueva York, el Hotel Empire, era su guarida, a la que volvía tras atracar hoteles de lujos o trasatlánticos, su hábitat favorito. También, que su camaleónica personalidad –piloto, noble español, escritor o escultor– le permitió camelar a la alta sociedad; para desplumarla después, en la noche, vestido de malla negra, sin más luz que la de una linterna, sólo encendida al final del golpe para acertar con la caja de caudales. "Nunca utilizó un arma", recuerda el escritor. "Tenía su propio código ético".
Las recientes pesquisas del literato aportan datos nuevos sobre Arcos."Fue amigo del gran actor Eduardo Vilches, gracias al cual conoció a la infanta Isabel, hija de la reina Isabel II", inaugura Ibáñez. "Para bordar el papel de heredero de un ilustre linaje contó con la ayuda de Leonor Fioravanti", una moza de la alta burguesía italiana con la que se casó y tuvo un hijo, en 1915. ´Eddy´, recuerda, "ya estaba había estado casado y se había separado de una barcelonesa, impuesta por su familia para que sentara la cabeza".
Más sobre el mallorquín que desplumó el mundo. "Era un seductor incansable". Y?un "cocainómano" confeso. Al respecto, recuerda Ibáñez, "tras una orgía de drogas y alcohol en Guatemala una joven se suicidó en la habitación que habían compartido", un hecho que "estuvo a punto de costarle muy caro". Y que "atemperó su lujuria".
Ibáñez –que pierde el rastro de ´Eddy´ con "la frontera de la Segunda Guerra Mundial"– intenta ahora contactar con sus sucesores en el XXI. Arcos y Puig, "dos apellidos demasiado frecuentes", que exigen "sumergirse a fondo en los archivos municipales;, algo, promete, hará. De momento, la prensa de la época, las memorias del comisario Gil Llamas, y una entrevista de ´Eddy´ concedida al periodista José María Carretero seguirán aportando datos.
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