07 de julio de 2008
07.07.2008

El año en que Nadal y la selección pusieron a España de moda

07.07.2008 | 20:09
La histórica victoria de Rafael Nadal en Wimbledon 2008 y la notable progresión de los jugadores españoles en el césped de este torneo abren una nueva etapa para el tenis nacional y pone una guinda perfecta al año en el que España se puso de moda en el deporte mundial.

Fue el Wimbledon de la euforia, de las lágrimas, de la épica, de la final masculina más larga que se recuerda en este grande (4 horas y 48 minutos) entre los dos amos de la raqueta. Fue, en suma, el Wimbledon que marcó un antes y un después respecto a las aspiraciones de la "Armada", que ya no se siente incómoda lejos del polvo de ladrillo.

El deporte español ha ascendido un peldaño más y se ha convertido en el centro de todas las miradas. Mientras Nadal ventilaba los primeros obstáculos del torneo con precisión de torero, la España de Luis Aragonés desataba la locura al derrotar a Alemania y proclamarse, 44 años después, flamante campeona de la Eurocopa y situarse primera en el ránking de la FIFA.

España se tiñó de una marea roja que salpicó otras capitales europeas. La londinense Trafalgar Square, por ejemplo, fue tomada por miles de españoles. Fue un completo delirio en Inglaterra, la cuna del fútbol, además de un anticipo de lo que ocurriría siete días después en Londres, la capital mundial del tenis.

Bola a bola, set a set, el hombre de los "músculos de acero", el Nadal más completo, el mejor Nadal en hierba, derrochaba poderío para asestar golpes mortíferos al alemán Andreas Beck, al letón Ernests Gulbis, al germano Nicolas Kiefer, al ruso Miiail Youzny, al escocés Andy Murray -haciendo trizas las esperanzas británicas-, al alemán Rainer Schuettler y, ahora también aquí, al suizo Roger Federer. A todo el que se pusiera por delante.

Y no sólo ganaba la final el mallorquín derrotaba al número 1, al rey Midas de la hierba, en "la mejor final de la historia que se recuerda", como dicen hoy los rotativos británicos. Hacía jaque mate a la máquina de hacer tenis más perfecta que ha dado este deporte en los últimos años y le privaba de encadenar su sexto Wimbledon consecutivo.

Irrumpió la lluvia en un torneo en el que mayoritariamente dominó el sol para salpicar las casi 5 horas épicas que se vivieron en la imponente "Catedral". Hirviendo de nervios, de tensión, de intensidad. Máximo voltaje.

Lucha de titanes. El número 1 frente al -hasta ayer- rey indiscutible en la superficie verde. Las gradas derretidas de suspense, los corazones encogidos, un país en vela. Y cuando la falta de luz apenas permitía distinguir la pelota, Nadal asestó el golpe letal para obligar a claudicar al campeón y abrir nuevos horizontes en el tenis español. Recogía así el testigo del gran Manolo Santana cuarenta y dos años después.

El ciclón Nadal arrasó el año en el que Pau Gasol, otro gigante español, alcanzó por primera vez una final de la NBA. Antes el propio Rafa había sumado su cuarto Roland Garros. Alberto Contador se llevó el Giro y el mismo día que Nadal derrotó a Federer en la final más grande en Londres, Alejandro Valverde se enfundó el maillot amarillo. El año de España, en definitiva.

Con la explosión balear, España se sitúa en primera línea del deporte mundial. La prensa extranjera en Wimbledon hace sus cábalas y se pregunta dónde esta la clave. ¿Qué ha cambiado en la mentalidad de este país?, ¿Por qué ya no es sólo Nadal, sino que el resto de la flota española ha navegado más lejos que nunca en Wimbledon?
No sólo se habla de tenis, la gloria no es tan solo deportiva. El diario 'Independent' se saca de la manga un suplemento de ocho páginas en el que detalla por qué España manda en deporte, gastronomía, cultura, arquitectura, moda, etc.

En el caso concreto de Wimbledon, España arrancó con firmeza y logró ser el país con más representantes "vivos" en la segunda ronda (le siguió Francia); batió un récord cuando la nómina de tenistas nacionales del cuadro masculino que se clasificaba para la segunda fase ascendía a 9, superando en uno al número obtenido en el 2004.

La hierba dejó de ser árida. Ya no resbalaba a los especialistas en tierra. El quinto favorito, el alicantino David Ferrer, se consagraba en el Abierto holandés de Hertogenbosch, tras derrotar al francés Marc Gicquel; y el madrileño Fernando Verdasco llegaba a la final del torneo de Nottingham, que ganó el croata Ivo Karlovic.

En Wimbledon, el toledano Feliciano López se dejaba la piel por una plaza en la semifinal contra el ruso Marat Safin y exhibía un saque poderoso para concluir la competición como líder de los saques directos.

Incluso en la categoría femenina, María José Martínez estuvo muy cerca de hacerle un set a la pentacampeona Venus Williams.

Un año más, el clan Williams abrumó en su cuadro. De nuevo, una final cien por cien "made in USA", Williams-Williams, con victoria para la mayor, una Venus que se aferró con uñas y dientes al trofeo pero que dedicó sus primeras palabras a la benjamina: "Mi principal trabajo es ser hermana mayor y me lo tomo muy en serio", dijo.

Una semana después de que la famosa plaza de Trafalgar se tiñera de rojo para celebrar en Londres, pero en el idioma de Cervantes, y a los cuatro vientos, el esperado triunfo de la selección, Wimbledon se vestía de escarlata y gualda ante los príncipes de Asturias, ante Manolo Santana, frente a la bandera nacional. Y un Nadal hecho un mar de lágrimas se saltaba el protocolo a la torera para trepar por la Central.

Estaba hasta el presidente del Real Madrid, Ramón Calderón. Ya sólo falta que se salga con la suya y traiga al fútbol español al mejor jugador del mundo, el portugués Cristiano Ronaldo del Manchester.

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