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El atractivo de la terraza invasora

Una vista del Passeig Enginyer Toni Garau, en Can Picafort

Una vista del Passeig Enginyer Toni Garau, en Can Picafort / GOB

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Llorenç Riera

Llorenç Riera

El passeig Enginyer Antoni Garau de Can Picafort tiene su encanto, sin duda alguna, pero no es un lugar con excepcionalidad suficiente para ser blindado como balcón privilegiado con terrazas comerciales sobre la bahía de Alcúdia. Tampoco constituye una rareza en la que mesas y sillas de restaurantes invaden espacio de tránsito preferentemente peatonal y que a la vez cuentan con el favor de la clientela. Desde el Born de Palma a las plazas de la práctica totalidad de municipios mallorquines, el consumo ocioso de la restauración ha arrinconado espacios de paseo y juego. Es frecuente que las terrazas se extiendan más allá de lo delimitado por la licencia municipal. Eso, en el caso de que tal autorización exista, claro. Es el pez que muerde la cola entre el ciudadano que pierde calle pero a la par quiere servirse de ella como extensión del negocio particular. Dentro del circulo permanece la Administración pasiva en busca del imposible equilibrio de contentar a todos.

La fijación sobre Can Picafort obedece al hecho de que se hayan abierto cuatro procedimientos sancionadores por ocupación, sin autorización alguna, de zonas de servidumbre de protección y tránsito en el litoral marítimo. El GOB vincula uno de los establecimientos afectados a Eugenio Garrido Vivas, edil de Convergencia de Santa Margalida que precisamente se ocupa del negociado de playas. El alcalde, Martí Torres, dice que si, que sabe algo, pero que tiene poco margen de maniobra y que en su día ya se informó a los posibles afectados por normativas vinculadas al litoral.

De todos modos, los destacable de esta presunta ocupación por libre del paseo de Can Picafort está en el planteamiento de posibles responsabilidades subsidiarias en las que haya podido incurrir el ayuntamiento de Santa Margalida y no solo por mantener una actitud pasiva, sino también por sostener una normativa municipal que entra en conflicto con las servidumbres de paso de la ley de Costas. Puede quedar abierto un precedente y no solo en la costa. El uso y abuso de las terrazas solo se corregirá cuando los ayuntamientos queden salpicados de verdad por ello.

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