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El Mercado de Felanitx cumple 90 años con todos sus puestos ocupados y nuevas ideas de futuro

El histórico edificio, inaugurado en 1936, recupera toda su actividad mientras el Ayuntamiento estudia propuestas para modernizar su interior y reforzar su papel comercial y social

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Pere Estelrich i Massutí

Pere Estelrich i Massutí

Felanitx

Justo antes de Santa Margalida, el pasado mes de julio, se cumplieron noventa años de la inauguración del Mercat Municipal de Felanitx. El edificio abrió sus puertas en julio de 1936, coincidiendo prácticamente con el inicio de la Guerra Civil, cuando era alcalde el siempre valorado Pere Oliver Domenge; desde entonces ha sido testigo de los profundos cambios experimentados por el pueblo, el comercio y las costumbres de los consumidores. Llega a este aniversario, además, con una noticia esperanzadora: por primera vez en mucho tiempo, todos sus puestos están ocupados.

Estos días, el interior del mercado acoge una exposición formada por ocho proyectos de final de curso realizados por alumnos de la Escuela de Arte Superior de Diseño de las Islas Baleares (EASDIB). Fruto de una colaboración con el Ayuntamiento, las propuestas plantean mejoras funcionales, estéticas y organizativas para revitalizar el edificio. Se preservan la fachada y la estructura exterior, protegidas por su valor patrimonial, pero se replantea el espacio interior con la intención de hacerlo más agradable, atractivo y participativo.

El concejal de Mercados, Rafel Rubio, considera que los trabajos son “extraordinarios y sorprendentes por su alto nivel de profesionalidad, aunque llevarlas a cabo en su totalidad será difícil, pero ya estamos estudiando hacer algunas cosas y combinar diferentes propuestas”. Cerámica, plantas y elementos vinculados a la tradición local aparecen en diferentes proyectos, algunos de los cuales proponen incluso crear una segunda planta. “La ambición de las ideas choca, sin embargo, con las limitaciones presupuestarias”, añade el concejal.

El presente del mercado no puede entenderse sin recordar algunas heridas del pasado. Una reforma ejecutada a finales de los años noventa obligó a mantenerlo cerrado durante más de tres años. Aquella interrupción rompió la continuidad comercial: algunos vendedores buscaron otros locales y otros se jubilaron. Cuando el edificio volvió a abrir sus puertas, prácticamente tuvo que empezar de nuevo. A todo ello se añadieron los cambios en los hábitos de compra y la competencia de las grandes superficies, con amplios horarios, aparcamiento en la puerta y toda la oferta concentrada en un único espacio.

Tradición y renovación

La recuperación se ha basado en una combinación de tradición y renovación. Junto a los puestos de carne, pescado, fruta y verdura han aparecido establecimientos de comida preparada, productos locales, pan artesanal y espacios en los que desayunar o almorzar. “La sociedad se dirige hacia los productos elaborados de calidad y hacia la comida preparada, porque muchas veces no tenemos tiempo para cocinar”, señala Rubio.

“La sociedad se dirige hacia los productos elaborados de calidad y hacia la comida preparada"

Rafel Rubio

— Concejal de Mercados

A esta revitalización también ha contribuido el bar del mercado, muy concurrido sobre todo a la hora del desayuno y durante el servicio de menús. Hacia las once de la mañana resulta casi imposible encontrar una mesa libre, pues allí coinciden quienes han acudido a comprar, quienes trabajan en los puestos y quienes se acercan expresamente para desayunar a media mañana. Lo gestiona la misma familia que lleva el emblemático bar de Es Carritxó y se ha convertido en uno de los principales puntos de encuentro del recinto. La ampliación de su oferta, más allá del tradicional café y que ya inició el anterior concesionario Miquel Àngel Caldentey, ha ayudado a generar movimiento y a recuperar la vertiente social del mercado.

Una de las vendedoras de fruta y verdura lleva treinta años trabajando en el mercado y continúa una vinculación familiar que ya mantuvieron su padre y su suegro. Defiende el trato personal como uno de los grandes valores de este comercio: “Tenemos un trato diferente al de una gran superficie. Siempre intentamos aconsejar aquello que puede gustar más al cliente”. Su prioridad es ofrecer producto mallorquín: “Cuando lo hay, siempre escogemos el de aquí”, añade.

También Ramaders Agrupats representa a una empresa felanitxera con un puesto en el mercado. Maria Fortesa reconoce que no es su punto de venta más dinámico, pero considera importante mantenerlo abierto: “Como somos una empresa del pueblo, debemos estar representados dentro del Mercado”. La clientela es principalmente local, aunque los domingos, coincidiendo con el mercado exterior, se amplía la oferta con otros puestos situados en el centro de la nave y pasan por allí muchos visitantes procedentes de otros pueblos y numerosos turistas.

"Como somos una empresa del pueblo, debemos estar representados dentro del Mercado”

Maria Fortesa

— Ramaders Agrupats

Entre las incorporaciones más recientes está Marta, con un puesto de conservas, productos de proximidad y comida preparada. La filosofía es clara: “Utilizamos productos de kilómetro cero o, mejor dicho, de menos de cero”. Allí se pueden encontrar sobrasada y quesos locales así como platos mallorquines pensados especialmente para personas mayores que ya no tienen ganas o tiempo de cocinar. “Llegan por la mañana, se llevan la comida hecha y están contentísimas”, comenta.

Emilio, natural de Granada, cambió el mundo de la publicidad por el pan de masa madre. Desde hace un año y medio ocupa un puesto en el que amasa a mano y deja fermentar el pan durante diecisiete horas. Conserva una masa madre iniciada hace veinte años y elabora variedades singulares, como el pan de xeixa con limón y miel, basado en una receta de 1890. “Decidí cambiar de vida y dar algo a la gente. Que vengan y te digan que tu pan está bueno es maravilloso”, afirma.

Las compradoras valoran especialmente el ambiente. Maria Teresa, clienta habitual, acude a comprar fruta, verdura, carne o pescado y también a desayunar. Considera que el mercado ha mejorado notablemente después de una etapa en la que había pocos puestos abiertos. Ella coincide en que hace unos años estaba “un poco bajo cero”, pero ahora lo ve mucho más vivo. Otra clienta resume el espíritu del espacio: “Me gusta el pescado, me gusta la carne y me gusta el ambiente. Siempre encuentro a alguien conocido y podemos charlar un rato con las amigas”.

A sus noventa años, el Mercado de Felanitx continúa siendo mucho más que un lugar donde llenar la cesta. Es comercio, patrimonio y conversación. El Ayuntamiento prepara demostraciones gastronómicas y actividades de promoción de los productores locales para celebrar la efeméride. El reto será conseguir que las nuevas ideas no se queden solamente sobre el papel y que esta renovada plenitud de los puestos marque el comienzo de una nueva etapa.

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