Atracción peligrosa en Mallorca: por qué el velero Acoa de Son Servera se está convirtiendo cada vez más en un problema
La embarcación de lujo alemana encallada desde enero, vuelve a causar molestias entre los vecinos de Cala Bona y atrae cada vez a más aventureros

Biel Capó
'Bum, bum'. El sonido retumba sordamente en medio de la tormenta. Como cuando alguien sacude una toalla, pero mucho más fuerte. Ni siquiera el estruendo del oleaje consigue ahogar el ruido que produce la enorme vela cuando ondea con las ráfagas de viento y golpea contra el mástil.
Es la tarde del lunes 24 de agosto. El mar embravecido y las nubes grises parecen empeñados en crear una atmósfera lo más sombría posible. El escenario perfecto para el pecio de un velero varado que yace sobre las rocas, a pocos metros de la orilla, en el tramo de costa de Port Vell, junto a Cala Bona.
Lleva allí siete meses. Con el tiempo se ha convertido en una pequeña atracción turística y, al mismo tiempo, en una molestia cada vez mayor.
Peligrosa escora
«Vi fotos en Instagram y me pareció bastante curioso», cuenta Marco, un turista alemán que, en aquella desapacible tarde de lunes, tiene ganas de ver algo más que el interior de su complejo hotelero. Permanece interesado en la orilla arenosa contemplando la embarcación, de 28 metros de eslora. «Impresiona ver un barco tan grande», comenta mientras dirige la mirada hacia lo alto del mástil, que, debido a la ligera escora del velero, se inclina de forma amenazante hacia la costa.
También una familia mallorquina hace numerosas fotografías del barco, mientras los niños posan sobre las rocas y en el agua, que apenas les llega a los tobillos. Si el pecio terminara por volcar, serían los primeros en quedar bajo el mástil. La madre, sin embargo, se muestra completamente tranquila. Quizás no haya visto las vallas que alguien ha arrojado a unos matorrales cercanos y que, en teoría, impiden el acceso a la zona más próxima al barco. «Habíamos leído en el periódico lo del pecio y queríamos venir a verlo», explica la mujer. Han viajado expresamente desde Binissalem. El padre añade: «Impresiona, desde luego. Pero es increíble que lleve meses abandonado a su suerte, también desde el punto de vista medioambiental».
Increíble es, para muchos vecinos, quedarse corto. «Es una vergüenza. El ruido y la imagen me están volviendo loca», protesta una mujer que pasea a su perro mientras mira el enorme barco, cuyo mástil principal ya puede verse por encima de árboles y tejados al entrar en la localidad.
Numerosos vecinos también expresaron su malestar en Diario de Mallorca, periódico hermano de Mallorca Zeitung, después de que una tormenta registrada el pasado jueves 20 de agosto soltara la vela mayor del yate y pusiera en marcha el insoportable concierto de golpes provocado por la lona al viento. «No pegué ojo en toda la noche. Es insoportable», explicaba un vecino citado en el artículo. «Llamé a la Policía Local y me dijeron que no era competencia suya», relataba otro residente.
Se saltan las vallas de seguridad
Jaume (nombre ficticio) también ha leído el artículo. Precisamente por eso ha venido hasta aquí con dos amigos. Una y otra vez, los jóvenes intentan entre los tres agarrar la vela y enrollarla, pero sin éxito. No parece preocuparles que para hacerlo estén subiéndose al pecio pese a estar prohibido.
«Vivimos en otro pueblo, pero somos mallorquines», explica Jaume cuando vuelve a la orilla para hacer una breve pausa. Sí, asegura, con esta acción quieren ayudar a los vecinos a acabar con el ruido, ya que ni las autoridades ni los propietarios actúan. «Y, de alguna manera, también es bastante divertido», añade con una sonrisa. «Peligroso, sí, pero también entretenido».
En el Ayuntamiento de Son Servera, competente en la zona, se lo toman con menos ligereza. El Consistorio reconoce que es consciente de que curiosos y aventureros retiran con frecuencia las vallas. «Intentamos enviar patrullas policiales tan a menudo como podemos, pero no es posible hacerlo las 24 horas», señala un portavoz municipal a preguntas de Mallorca Zeitung.
«La empresa encargada del rescate sigue esperando el dinero»
El Ayuntamiento también está, por supuesto, al corriente de las molestias ocasionadas por el ruido de la vela, que se mueve sin control. «Pero la competencia corresponde a la Demarcación de Costas. Nosotros hacemos todo lo posible por colaborar al máximo con ella», añade el portavoz municipal, que señala a los propietarios alemanes de la embarcación como principales responsables. «En última instancia, son ellos quienes tienen que financiar la retirada del pecio». Por el momento, sin embargo, no hay novedades al respecto. «La empresa encargada del rescate sigue esperando el dinero para poder empezar de una vez».
Resulta evidente que, con el paso de los meses, recuperar el barco se vuelve cada vez más difícil y costoso. Incluso desde la orilla pueden apreciarse las huellas del deterioro. Uno de los mástiles auxiliares ya se ha desplomado y tanto la cubierta como la cabina de mando presentan daños visibles. A ello se suman las pintadas contra los turistas que ya cubren parte de la cubierta y de las paredes exteriores.
'Click'. Otra pareja de turistas posa para una foto sobre las rocas de la orilla. Primero por separado y después juntos en un selfi. Al fondo, Jaume y sus amigos siguen peleándose con la vela.
Entonces, de repente, el sol se abre paso entre las nubes y baña la escena con una luz más cálida. La superficie del agua brilla, igual que los propietarios por su ausencia. Idílico. Salvo por el coloso y por ese persistente 'bum, bum'. Probablemente seguirá quitando el sueño a los vecinos durante algún tiempo.
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