La musicóloga Bàrbara Duran: «La Coral de Sant Joan forma parte de la vida colectiva del pueblo»
La autora ha escrito la historia de la Coral de Sant Joan, que acaba de cumplir cincuenta años. El libro se presentará el próximo día 29 en la localidad del Pla de Mallorca

La musicóloga, Bàrbara Duran. / Pere Estelrich i Massutí

La músicóloga Bàrbara Duran presentará el sábado, 29 de agosto, a las 20 horas en la Esglèsia de Sant Joan el libro 'Cantar al Pla de Mallorca. 50 anys de la Coral de Sant Joan' editado por El Gall Editor y dedicado a la trayectoria de la formación coral santjoanera. En el acto, intervendran Climent Picornell, Joan Company, Joana Estelrich y la propia autora. La presentación contarña con una actuación de la Coral de Sant Joan.
Como musicóloga, ¿qué ha representado el mundo coral para la vida musical mallorquina?
Ha sido uno de los entornos de aprendizaje informal más importantes que hemos tenido. Somos una isla y nuestras estructuras musicales no son las mismas que pueden existir en grandes centros urbanos de Cataluña, del norte de Italia, de Francia o de Inglaterra. Nosotros no disponemos de esas redes de intercambio entre ciudades, con grupos instrumentales y vocales integrados en una red de difusión mucho más amplia. Por eso las corales han constituido un extraordinario entorno de aprendizaje informal para personas que, en muchos casos, ni siquiera podían acceder a clases de música. Allí aprendían a interpretar, a cantar y a estructurar sus conocimientos musicales. Ha sido una manera de aprender y también de crear vínculos.

Portada del libro que se presentará el sábado 29 en Sant Joan. / Pere Estelrich i Massutí
Hace medio siglo parece que se produjo un auténtico florecimiento del mundo coral.
Cierto. Fue un momento en el que la gente tenía ganas de emprender nuevas iniciativas culturales, de abrir caminos y, sobre todo, de superar una etapa que había sido oscura. Pensemos que muchas de las actividades relacionadas con la música y la danza habían tenido una importante vinculación con la Sección Femenina y, se quisiera o no, existía un cierto lastre que se pretendía superar.
¿Y los coros parroquiales? ¿Son fenómenos paralelos a este movimiento coral, representan una continuación o debemos situarlos en ámbitos diferentes?
Es evidente que existe una relación con los coros parroquiales y, sobre todo, con las tradiciones de canto dentro de la Iglesia. Sant Joan, por ejemplo, conserva una tradición propia. Mi interpretación es que era un pueblo en el que existía la costumbre de cantar y que, por su ubicación geográfica y sus dinámicas sociales, pudo conservarla. También tuvo suerte con determinados párrocos. El papel de los párrocos de la parroquia de Sant Joan es algo que no debemos obviar. El pueblo tuvo la fortuna de contar con sacerdotes sensibles a esas dinámicas sociales y a esas tradiciones.
Ese auge de las corales de hace cincuenta años también propició que compositores mallorquines escribieran mucha música coral.
Cierto, pero debemos tener en cuenta que hablamos de compositores formados, con oficio y muy conscientes de que en aquel momento disponían de una materia viva: esos coros que estaban surgiendo y que podían estrenar sus obras. Sabían también que componer para voces exige un nivel técnico importante. Pienso en Baltasar Bibiloni o en el Pare Martorell, entre otros.
¿Y dónde situamos la música y la cultura popular?
La música popular está muy presente, de manera consciente o inconsciente, en muchos compositores. La utilizan como fuente de material temático, de timbres, de ritmos o de estructuras básicas. Siempre ha sido así. Pensemos en Bach, que tomaba corales conocidos y los armonizaba. Con los arreglos de Baltasar Bibiloni sucede algo parecido. Yo puedo cantar una melodía popular que conozco, pero detrás de ella existe todo un magistral entramado de voces.
Hay otra cuestión que me parece importante: el movimiento coral también reivindicó la lengua. El tema de la lengua y de la identidad está muy presente.
Absolutamente. De hecho, es una cuestión estudiada por la musicología y no es exclusiva de Mallorca. En Irlanda, por ejemplo, está estudiado que buena parte del movimiento nacionalista fue sostenido por clubes culturales y equipos deportivos. Es allí donde la gente se une, toma conciencia del momento que vive, del tejido social en el que se mueve y de la herencia cultural que posee. Todo eso se vertebra a través de iniciativas culturales, ya sea un equipo de fútbol o una coral.
Aquí el movimiento coral realizó una tarea muy positiva porque estructuró las demandas relacionadas con la cultura y la lengua propias de una manera pacífica. Durante la Transición y los primeros gobiernos democráticos, cuando todavía debía estructurarse la autonomía, permitió articular un mensaje muy claro: nosotros estamos aquí, tenemos una herencia, una tradición propia, una lengua y una cultura importantes.

La musicóloga Bàrbara Duran. / Pere Estelrich i Massutí
Además de la importancia de los párrocos de aquella época, debió ser necesario que en cada pueblo surgiera alguien capaz de encender la mecha.
Esa es precisamente una de las conclusiones a las que llego en el libro. Los coros parroquiales pueden existir, pero después aparecen personas que dan un paso adelante. Son lo que en gestión cultural denominamos agentes culturales individuales. En cada pueblo encontramos personas que, en un momento determinado, toman una iniciativa y la sacan adelante.
En el caso de Sant Joan tenemos dos agentes culturales individuales muy claros: Joan Company y Joana Estelrich, a los que debemos añadir Joan Bauçà, quien desde el coro parroquial siempre ha ejercido en cierta manera de eslabón entre este y la Coral de Sant Joan y que posteriormente crea la asociación, pone en marcha el coro infantil y es muy consciente de que todo aquello necesita una estructura. Si estas iniciativas hubieran quedado vinculadas únicamente a la misa y a los oficios religiosos, su impacto habría sido muy diferente.
En aquella época, las corales de los diferentes pueblos también se agruparon en la Federación de Corales. ¿Tuvo sentido crear aquella federación?
Sí, y creo que todavía hoy lo tendría. Por una parte, fue un incentivo para cantar mejor. Si tienes encuentros de corales, no quieres ser el grupo que más desafina. Por tanto, supone un estímulo para mejorar. Pero existe otra cuestión muy importante: la Federación permite propiciar intercambios y salidas fuera de Mallorca. Cuando formas parte de una federación se pueden movilizar ayudas, presupuestos y, sobre todo, contactos que individualmente serían muy difíciles de conseguir. Gracias a la Federación de Corales, gente de Mallorca ha podido cantar incluso en la sede de la Filarmónica de Berlín. Hoy una Federación de Corales continuaría teniendo sentido precisamente por eso. Si quieres estimular a un coro, debes ofrecerle proyectos.
Durante estos cincuenta años, ¿cómo diría que ha cambiado la Coral de Sant Joan?
Este tipo de coros tienen un problema: para mejorar necesitan ensayos muy constantes, que la gente no llegue tarde y que no falte a los ensayos. Y eso no siempre es fácil, porque los cantantes tienen un trabajo, una familia y muchas otras obligaciones. Pero, en muchos casos, y concretamente en el de Sant Joan, sus componentes son conscientes de que deben compaginar todo esto porque ven que el grupo tiene una presencia importante en el pueblo y que forma parte de su vida colectiva.
¿Cuál ha sido la aportación de estas corales, y concretamente la de Sant Joan, al posterior auge de las escuelas de música y los conservatorios?
Absolutamente positiva. La Coral de Sant Joan y, sobre todo, la Coral Infantil condujeron a la creación de la Escola de Música de Sant Joan, que posteriormente pasó al Ayuntamiento. Los propios niños piden tocar instrumentos, quieren disponer de un entorno musical, y los padres que colaboran se dan cuenta de que esos niños necesitan formarse. Eso acaba generando la necesidad de una escuela de música. Y todo ello termina vertebrando también la actividad de los adultos, porque muchos de los que cantan de pequeños quieren continuar cantando cuando son mayores.
Cincuenta años, para una historiadora de la música, ¿son pocos o constituyen ya un período suficiente para extraer conclusiones?
Ya permiten sacar conclusiones. En estos cincuenta años hemos pasado de la Transición democrática a la alternancia de distintos gobiernos. Sí, tenemos un período suficientemente amplio para observar con claridad qué ha sucedido.
¿Estas corales están ya consolidadas dentro de los pueblos?
Muchas sí, pero una estructura puede estar consolidada y, sin embargo, si un ayuntamiento toca determinados elementos que la sostienen, puede desestabilizarse. Y muchas veces esas piezas fundamentales no son los que forman el colectivo, sino personas concretas que constituyen el entramado. Cuando desaparecen o se alteran esas piezas, la estructura puede venirse abajo. No es fácil, pero puede suceder.
¿Cómo ha sido el trabajo de investigación para elaborar el libro?
Consideré que debía entrevistar a la mayoría de los directores que ha tenido la Coral. A todos les he formulado prácticamente las mismas preguntas y, curiosamente, he podido comprobar que coinciden en muchas cosas. Después he consultado el archivo de la propia Coral, con el material acumulado durante todos estos años. También he investigado en las redes sociales y he utilizado los archivos digitales de la Premsa Forana, que me han ayudado mucho a reconstruir toda esta historia.
¿Qué música puede acompañar la lectura de este libro?
Curiosamente, hay una pieza que me gusta muchísimo y que encuentro preciosa. La escuché en directo en Santa Maria del Pi. Es The Fruit of Silence, de Pēteris Vasks, un compositor de la escuela del norte. Y, naturalmente, también incluiría la Missa en To Pasqual, tan propia de Sant Joan.
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