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«Tengo 87 años y nunca había visto un verano así»: el calor golpea al campo de Mallorca

La familia Munar de Petra afronta una de las campañas más duras que recuerda: el tomate de ramellet ha perdido más de la mitad de su rendimiento

El joven agricultor, Francesc Munar, asegura que, si las altas temperaturas del verano son la tónica habitual, habrá que investigar nuevas variedades capaces de resistir el calor y producir con menos agua

Francisco, Francesc y Toni Munar, en su finca de Petra.

Francisco, Francesc y Toni Munar, en su finca de Petra. / R.F.

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Rosa Ferriol

Rosa Ferriol

Petra

«Nunca en la vida había visto unas temperaturas tan altas como las de este verano, y voy a cumplir 87 años». Francisco Munar, de Ca'n Munar, ha pasado prácticamente toda su vida ligado al campo. Ha trabajado bajo el sol durante décadas pero ningún verano, asegura, había sido como este. «Antes, a las dos de la tarde trabajábamos a pleno sol. Ahora no lo soportaríamos de ninguna manera», explica. Su hijo, Toni Munar, tampoco recuerda una campaña semejante. Y su nieto, Francesc Munar, joven agricultor e ingeniero agrónomo, pone cifras y consecuencias agronómicas a lo ocurrido este verano: más agua, menos producción y plantas que ni siquiera durante la noche encuentran el respiro necesario para recuperarse.

Melones sembrados en la finca de los Munar.

Melones sembrados en la finca de los Munar. / R.F.

En la finca de la familia Munar, que comercializa su producción bajo el nombre de Agrofruits y vende buena parte directamente en su establecimiento Can Munar, en Petra, el golpe se aprecia especialmente en uno de los productos más vinculados a la agricultura mallorquina: el tomate de ramellet. «El rendimiento de este año ha sido muy bajo. En tomate de ramellet estamos hablando de menos de la mitad de kilos», señala Francesc Munar. El problema no se limita a que el termómetro alcance valores extremos durante las horas centrales del día. Para el joven agricultor, las noches son incluso más determinantes: «Lo peor es que no refresque durante las noches. Las plantas no tienen tiempo de recuperarse. Es una rueda: ves que das a la planta lo que necesita, pero no responde como debería», explica. «Debes dar más agua para sacar los mismos kilos y, con la sequía que hay, todo se vuelve mucho más complicado», apunta Francesc.

El tomate ha sido el cultivo más castigado. El calor ha afectado tanto al fruto como a la propia tomatera. En otros productos, como el pimiento rojo o el melón, los daños se han concentrado principalmente en el fruto, con piezas quemadas por la exposición a temperaturas extremas. La familia cultiva también sandías, cebollas, calabazas y calabacines, entre otros productos de temporada. Estos últimos han soportado mejor el verano, mientras que la cebolla, por las características y el calendario de su recolección, ha sufrido menos las consecuencias directas de los episodios de calor.

Pero el deterioro del tomate no ha comenzado este año. Francesc calcula que desde hace cuatro o cinco temporadas la producción del tomate de ramellet ya no responde como antes. «Con más agua, el rendimiento no es el mismo», lamenta. Este verano, sin embargo, el fenómeno ha alcanzado otra dimensión. «Está todo quemado, las tomateras también, y le ha pasado a todo el mundo», señala Toni, quien llega a cuestionar la viabilidad futura del cultivo si estas condiciones se convierten en habituales: «Con estas temperaturas no podremos sembrar tomates de ramellet».

«Con estas temperaturas no podremos sembrar tomates de ramellet»

Toni Munar

El calor también obliga a modificar completamente la jornada laboral. En la explotación trabajan tres operarios, además de Francesc y su padre. Durante las horas centrales del día han tenido que reorganizar las tareas y evitar, siempre que ha sido posible, la recolección a pleno sol. «Hemos buscado otros trabajos para las horas punta del mediodía. Evitamos recolectar en los momentos de más calor», explica Francesc. El contraste con los recuerdos de su abuelo resulta evidente. Francisco Munar recuerda cómo décadas atrás se continuaba trabajando en el campo incluso a las dos de la tarde. Hoy considera impensable mantener aquel ritmo bajo unas temperaturas como las registradas este verano.

El joven agricultor Francesc Munar.

El joven agricultor Francesc Munar. / R.F.

Los precios

Al problema productivo se suma otro que, para Francesc, puede llegar a ser todavía más destructivo: el precio. «Los precios han hecho igual de daño que el sol, o más», sentencia contundente. Durante buena parte del verano, explica, el melón se ha pagado al productor alrededor de los 50 o 60 céntimos el kilo; la sandía, en torno a 35 céntimos, y el pimiento, aproximadamente a 75 céntimos. Después, esos mismos productos pueden encontrarse en los supermercados a precios que multiplican varias veces la cantidad percibida en origen. La caída de la oferta mallorquina al final del verano ha permitido cierta recuperación de las cotizaciones, pero llega después de una campaña marcada por precios bajos. «El melón ha estado bajo todo el verano, la sandía también, aunque ahora se recupera un poco y los pimientos y los tomates han tenido precios muy bajos», explica el joven petrer.

«Los precios han hecho igual de daño que el sol, o más»

Francesc Munar

La experiencia de este verano llevará a los Munar a replantear la próxima campaña. Francesc ya tiene clara una de las decisiones: reducir el número de plantas para poder controlar mucho mejor cada cultivo.«En lugar de sembrar 3.000 sandías, sembrar 1.000 y poder sacar mucho mejor el producto. Con menos, hacer más», resume.

También existen soluciones físicas contra el calor, como instalar estructuras de sombreado sobre los cultivos aunque Francesc considera que difícilmente pueden convertirse en la respuesta definitiva. «Poner hectáreas y hectáreas de sombreado es muy costoso, visualmente tampoco es muy atractivo y no veremos un incremento del precio. Será un gasto más para continuar vendiendo al mismo precio», argumenta.

Investigación

Por eso, como ingeniero agrónomo, dirige la mirada hacia otro terreno: la investigación. Si los veranos de temperaturas extremas y noches tórridas pasan a ser una constante, sostiene, la agricultura mallorquina necesitará plantas diferentes. Variedades capaces de resistir temperaturas superiores, aprovechar mejor el agua y mantener rendimientos aceptables bajo condiciones climáticas cada vez más exigentes. «A largo plazo creo que la investigación es la mejor solución. Hay que encontrar variedades que con menos agua puedan producir los mismos kilos y aguanten temperaturas más altas», afirma Francesc.

El clima, sin embargo, es solamente una parte de las dificultades. Toni Munar dibuja un panorama especialmente complicado para el sector primario mallorquín. Habla de la falta de trabajadores, de producciones que han perdido rentabilidad y de una economía insular cada vez más volcada hacia otros sectores. «No hay gente para trabajar en el campo. Todos se van a la construcción», lamenta. Francesc comparte la preocupación. «El futuro para un joven agricultor es negro», admite. Entiende incluso que resulte complicado encontrar mano de obra para trabajar bajo temperaturas que rondan los 40 grados si, además, la rentabilidad de los cultivos no acompaña.

Así, después de un verano que ha quemado frutos, reducido cosechas y convertido las noches en una prolongación del estrés térmico del día, en la finca de los Munar tienen claro que para afrontar más veranos como este la solución pasa por la investigación.

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