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Lletra menuda

El salvavidas del diálogo va a la deriva

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Llorenç Riera

Llorenç Riera

Las desavenencias laborales y sobre todo salariales de los socorristas de buena parte de las playas de Mallorca constituyen una de las constantes de los últimos veranos. Remiten, por asociación de carencias, a lo que pasa en bastantes ayuntamientos con la recogida de residuos sólidos urbanos y contribuyen a hacer hincapié en la insalubridad que a la larga acaban acumulando las concesiones administrativas en precario y los convenios laborales insustanciales.

Hay todavía otro efecto importante derivado de estas situaciones. Es la dificultad de conversación normalizada entre adjudicatarios de servicios municipales y gestores públicos que ahora en Calvià adquiere dinámica de mayor gravedad a cuenta de la huelga que los socorristas han convocado para el próximo domingo. Por cierto, al Ayuntamiento de Juan Antonio Amengual le conviene plantearse en serio, tanto en beneficio propio como en el de sus administrados, por qué tiene tantos problemas a la hora de hablar, sea con socorristas o componentes de las colles de las fiestas del Rei en Jaume, por ejemplo.

Pero volvamos al asunto de los socorristas ahora en el candelero. Los trabajadores hablan de «falta de voluntad política» y de «prepotencia» municipal y en la casa consistorial dicen que ellos, ante presiones, nada, y etiquetan de irresponsables a los convocantes de la huelga. Es lo que afirma la responsable de litoral, Elisa Monserrat, mientras su homóloga de Seguridad asegura estar implementando mejoras y reconoce la importancia de la labor de los socorristas.

La contradicción es difícil de entender y sostener. Mucho más si uno se fija en los motivos en los que se sustenta la huelga: mejoras en los puestos de vigilancia, hacer coincidir el periodo de servicio de socorrismo con el de la explotación de las playas, acabar con la precariedad de acceso para personas con movilidad reducida y normalizar la liquidación de nóminas. Lo lógico es pensar que el Ayuntamiento tendría que ser el primer interesado en solventar estas cuestiones que en nada se corresponden con sus proclamas de optimizar las playas.

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