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El calor frena la maduración de la uva en Mallorca: "Tendremos menos kilos, pero mucha calidad"

El viticultor Josep Vidal Serra reivindica las variedades autóctonas como las mejor adaptadas a las olas de calor

Josep Vidal Serra muestra la uva recolectada.

Josep Vidal Serra muestra la uva recolectada. / Ana B. Muñoz

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Rosa Ferriol

Rosa Ferriol

Santa Maria

Las altas temperaturas de este verano han frenado la maduración de la uva y reducido el rendimiento de los viñedos, pero no han mermado su calidad. Es el balance que hace Josep Vidal Serra, socio de Bodegas Vidal Serra, en Santa Maria, donde la vendimia acaba de comenzar y las primeras variedades recogidas presentan unas condiciones muy buenas.

“De momento tenemos una buena vendimia. No nos podemos quejar porque tenemos mucha calidad, aunque poca cantidad”, explica el viticultor. La bodega inició la recogida el pasado 8 de agosto con variedades como Giró Ros y Chardonnay, mientras que esta semana tiene previsto comenzar con el Merlot y entrar ya de lleno en la campaña.

El principal condicionante ha sido el calor persistente, especialmente unas temperaturas nocturnas que durante buena parte del verano apenas han dado tregua a las plantas. Según Vidal Serra, ha llegado un momento en que “debido al calor, la uva se ha parado de madurar”, una situación que ha terminado repercutiendo en los kilos obtenidos.

“Ha hecho calor de día y de noche y no refrescaba. Eso no ayudaba a las plantas”, señala en el transcurso del berenar de verema que Vi de la Terra Mallorca ha celebrado en sus viñedos. “Por la calidad no nos tenemos que preocupar. Simplemente tendremos menos kilos”, resume.

Variedades locales

La sucesión de episodios de calor está reforzando además la apuesta de la bodega por las variedades autóctonas. Vidal Serra considera que las cepas tradicionales de Mallorca están demostrando una mayor capacidad para soportar las nuevas condiciones climáticas. “Tenemos estas olas de calor y las variedades autóctonas resisten mejor las altas temperaturas. Por lo tanto, hacia donde tenemos que ir es hacia las variedades autóctonas”, sostiene. Su comportamiento en años especialmente cálidos se ha convertido así en un argumento añadido para recuperar y potenciar variedades adaptadas durante generaciones a las características del territorio mallorquín.

A la adaptación al clima se suma la evolución de los gustos de los consumidores: “Hacemos más blancos y el mercado pide vinos con menos graduación. Nos estamos adaptando a los cambios”, explica el viticultor, que considera esta evolución parte natural del trabajo de las bodegas y no un fenómeno excepcional.

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