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Fiestas de verano

Centenares de personas se lanzan a la caza de patos de goma en Can Picafort

La fiesta, todo un símbolo del verano mallorquín, se ambientó en esta ocasión en el mundo de los superhéroes para homenajear a los colaboradores en eventos municipales

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Iñaki Moure

Iñaki Moure

Hay pocas fiestas con aroma tan veraniego como la suelta de patos de goma de Can Picafort (Santa Margalida). Se celebra la Mare de Déu d’Agost, el 15 de agosto, que es, sin duda, el día cumbre del estío, cuando da la sensación de que todo el mundo está de vacaciones.

Además, se hace en la playa, mientras los participantes se bañan, y los bañistas (curiosos, turistas, familiares de los niños) se arremolinan en la orilla para presenciarlo todo. Ingredientes sencillos pero que, año tras año, reúnen a centenares de personas bajo una simple premisa, entregarse a la diversión... y a la caza de esos pequeños patos amarillos, todo un símbolo de la infancia.

La fiesta de este sábado tuvo una particularidad. Hubo mucho superhéroe dispuesto a la acción. Algunos con capa y otros con antifaz, o ambos. Todos, a la caza del pato. Y esto fue así, porque la organización quiso ambientar este año la celebración en el mundo de los superhéroes para hacerle un homenaje a todas las personas que colaboran en los eventos que organiza el Ayuntamiento.

Como es habitual cada año, la suelta tuvo sus propias reglas. Se trataba de divertirse, sí, pero con unas condiciones. Estaba prohibido el uso de cualquier objeto para ampliar la capacidad de recogida de ejemplares, como pudieran ser gambaneros. Tampoco se permitieron colchonetas, motos de agua o tabas de paddle surf. El que quería un pato tenía que tirar de sus propios medios, es decir, brazos y piernas. Al final, los participantes en esta incruenta ‘caza’ del pato posaban orgullosos ante móviles y cámaras de fotos, con los ejemplares capturados.

Participación masiva

La participación fue masiva. Decenas y decenas de participantes se arremolinaban en torno a las embarcaciones desde donde se lanzaban las ansiadas presas acuáticas de goma, porque las de verdad dejaron de ser protagonistas hace años para cumplir con las normativas de protección animal.

Algunos de esos participantes, todo hay que decirlo, se quedaron, insaciables, con ganas de más, y se prometieron volver el año que viene a esta fiesta que se ha convertido en sí misma en toda una metáfora de lo que debe ser el verano: diversión, despreocupación y chapuzones.

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