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“Antes todos los primos querían recoger algarrobas, ahora ya no”: una tradición familiar que resiste en Porreres

Toni tiene 13 años y ayuda a recoger algarrobas en la finca familiar para ganar unos euros pero admite que “ha bajado mucho el precio”

Toni y Montserrat, ayer en la Cooperativa de Porreres tras descargar los sacos de algarroba.

Toni y Montserrat, ayer en la Cooperativa de Porreres tras descargar los sacos de algarroba. / R.F.

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Rosa Ferriol

Rosa Ferriol

Porreres

Mientras la Cooperativa Agrícola de Porreres empieza a recibir las primeras algarrobas de la campaña, entre quienes se acercan a entregar el fruto recolectado se encuentran familias que mantienen esta actividad como una pequeña tradición de verano. Montserrat Dezcallar y su hijo Toni López, de 13 años, son residentes en Palma pero cuentan con una finca familiar en Porreres. La propiedad pertenece a la madre de Montserrat y estos días los más jóvenes de la familia aprovechan algunas horas para recoger algarrobas y conseguir así unos cuantos euros. “Los niños, para ganar unos cuantos euros de cara al invierno, vienen unas cuantas horas a recolectar algarrobas”, explica Dezcallar.

Toni reconoce que le gusta participar precisamente por ese pequeño incentivo económico. Este año la campaña le servirá para poder ahorrar y comprarse un Lego. En esta ocasión, la familia llevó a la cooperativa 14 sacos de unos 12 kilos cada uno, además de una saca de mayor tamaño.

Toni, sin embargo, es consciente de que recoger algarrobas ya no resulta tan rentable como hace unos años. “Ha bajado mucho el precio”, apunta. Su madre recuerda que durante el auge de este producto llegaron a pagarse alrededor de dos euros por kilo, frente a los aproximadamente 48 céntimos actuales. Ese descenso ha cambiado también el entusiasmo con el que la familia afronta la recogida. “Antes todos los primos querían recoger algarrobas; ahora ya no”, relata, entre risas, Montserrat.

Terreno

La experiencia, además, varía mucho en función del terreno. La familia también había recolectado anteriormente en Valldemossa, donde la orografía de la Serra hace mucho más complicada la tarea. Frente a esas dificultades, recoger el fruto en una finca de Porreres resulta bastante más sencillo.

Pese a que ha desaparecido la fiebre que rodeó a la algarroba cuando alcanzó precios históricos, para familias como la de Montserrat y Toni la campaña sigue siendo una oportunidad para mantener el vínculo con el campo y, en el caso de los más jóvenes, conseguir un pequeño ahorro durante el verano.

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