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El calor extremo amenaza la cosecha de aceituna en la Serra y reduce la producción de hortalizas

Entre los cultivos más perjudicados destacan las tomateras, ya que las altas temperaturas han quemado buena parte de las flores

Las aceitunas de la Serra presentan un aspecto arrugado.

Las aceitunas de la Serra presentan un aspecto arrugado. / Joan Mora

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Sóller

Las intensas olas de calor de este verano ya comienzan a pasar factura a la agricultura de la Serra de Tramuntana. Las elevadas temperaturas registradas durante el mes de julio han puesto en riesgo una parte de la cosecha de aceituna y también han provocado importantes pérdidas en el cultivo de hortalizas, especialmente en las tomateras, cuya producción se ha visto notablemente reducida.

El presidente de la Cooperativa Sant Bartomeu de Sóller, Miquel Gual, ha advertido de que el calor extremo ha provocado que una parte de las aceitunas haya cambiado de color y se haya arrugado cuando todavía permanece en el árbol, un proceso que precede a su caída prematura y que puede traducirse en una importante merma de la producción.

Según explica Gual, este fenómeno afecta a buena parte de los olivares tradicionales de la Serra de Tramuntana y, aunque no es un hecho desconocido durante los veranos más secos, este año se ha adelantado varias semanas. Lo habitual es que estos síntomas aparezcan a finales de agosto, coincidiendo con el periodo de mayor estrés hídrico para los árboles, pero en esta campaña ya se han detectado entre finales de julio y principios de agosto como consecuencia de las persistentes temperaturas extremas.

El responsable de la cooperativa señala que la evolución de la cosecha dependerá en gran medida de las precipitaciones que puedan registrarse durante las próximas semanas. En este sentido, advierte de que si no llueve en un plazo aproximado de quince días, una parte de la producción podría perderse antes incluso del inicio de la campaña de recolección.

Gual recuerda que los olivares tradicionales de la Serra dependen exclusivamente de la lluvia para garantizar su producción. A diferencia de otras explotaciones agrícolas situadas en el Pla o en el Llevant de Mallorca, donde es posible complementar las necesidades hídricas mediante sistemas de riego, la mayor parte de los olivos de montaña carecen de esta posibilidad, lo que los hace especialmente vulnerables a los episodios prolongados de calor y sequía.

Hortalizas

Pero el olivar no es el único cultivo que está sufriendo las consecuencias de este verano excepcionalmente cálido. Miquel Gual asegura que las hortalizas también se han visto seriamente afectadas por las sucesivas olas de calor. Entre los cultivos más perjudicados destacan las tomateras, ya que las altas temperaturas han quemado buena parte de las flores, impidiendo la formación del fruto y reduciendo de forma considerable la producción prevista para esta temporada.

"Las olas de calor afectan bastante a las hortalizas", resume el presidente de la cooperativa, quien explica que el exceso de temperatura durante la floración ha condicionado el desarrollo normal de las plantas y ha provocado pérdidas que ya son visibles en las cosechas de verano.

En cambio, otros cultivos tradicionales han resistido mucho mejor las elevadas temperaturas. Es el caso de la almendra y la algarroba, cuya producción apenas se ha visto afectada por el calor debido a que ambos árboles ya habían desarrollado prácticamente todo su fruto cuando comenzaron los episodios de temperaturas extremas.

No obstante, el calor sí ha tenido un efecto sobre estos cultivos al acelerar su ciclo de maduración. Según explica Gual, tanto las almendras como las algarrobas han alcanzado su punto óptimo de recolección antes de lo que sería habitual en una campaña normal, lo que obligará a adelantar parcialmente las labores de recogida.

En el caso concreto de la almendra, las previsiones son incluso positivas en cuanto a la calidad del fruto. El presidente de la Cooperativa Sant Bartomeu señala que este año se espera una almendra de mayor tamaño gracias a las abundantes lluvias registradas durante la primavera, que favorecieron el crecimiento del fruto antes de la llegada del intenso calor estival.

A pesar de ello, Gual mantiene su preocupación por la evolución de las condiciones meteorológicas durante lo que queda de verano y espera que puedan registrarse precipitaciones que acaben con el estrés hídrico que sufre el campo. Confía en que las lluvias lleguen a tiempo para aliviar el estrés hídrico de los olivares y evitar que la caída prematura de las aceitunas reduzca de forma significativa una cosecha que, hasta la llegada de las altas temperaturas, presentaba unas perspectivas favorables.

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