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El eclipse del siglo

Miles de personas se entregan en la playa de Santa Ponça al eclipse: “Es un regalo por el Mundial que ganó España”

El arenal, punto de observación oficial, se convirtió en uno de los principales sitios de la isla para ver el fenómeno histórico y reunió unas 8.000 personas, según datos oficiales del Ayuntamiento de Calvià

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Iñaki Moure

Iñaki Moure

El eclipse fue histórico en Santa Ponça. Por un lado, por el fenómeno astronómico en sí, que se pudo ver de forma nítida. Pero también por otro motivo: la masiva afluencia de gente. Para entender la gran cantidad de gente que hubo este miércoles en la playa grande, hay que detenerse en dos escenas. La primera, la vista panorámica del arenal.

No se veía ningún hueco, entre sombrillas, toallas y una multitud de bañistas. Los aledaños, también repletos. La bahía, llena de barcos y tablas de paddle surf. En la segunda escena, el protagonista era un hombre sentado en un murete, que es veraneante de toda la vida en Santa Ponça. Y su sentencia, mientras miraba la gente pasar: “Nunca he tenido esta sensación de muchedumbre. ¡Ni para ver la Gioconda entre tantos turistas japoneses!”, bromeaba.

Por la facilidad de acceso (al menos en las primeras horas del día), las buenas vistas y la comodidad de estar en un arenal, este punto de observación oficial se convirtió en uno de los más concurridos de la isla, movilizando efectivos policiales y poniendo a prueba las existencias de los bares y supermercados del entorno, que en algunos casos se quedaron sin apenas refrescos que ofrecer. “Parecía algo apocalíptico”, decía una señora mayor, después de hacer una cola kilométrica para conseguir lo único que quedaba: tres bebidas isotónicas.

Pinada de Santa Ponça

La gente se acumulaba también en la pinada adyacente, que este verano ha sido objeto de polémica por las dificultades para conseguir una autorización (que finalmente se dio) para poder celebrar la acampada de las ‘colles’ en las fiestas del Rei en Jaume de septiembre, al tratarse de un espacio natural protegido. En el lugar, se juntaron centenares de personas, que pusieron sombrillas y extendieron toallas y lo convirtieron en un lugar para presenciar el eclipse, cerca de una playa que estaba totalmente abarrotada.

En esa pinada, a medida que se acercaba el momento del eclipse, la gente aullaba y otros pedían silencio, mientras la música estridente de un chiringuito rompía cualquier tipo de aspiración a la trascendencia en un momento tan especial. Entre los que gritaban, estaba Mati, un niño de seis años, que decidió recibir la ocultación del sol bailando y agitándose. Tras ensayar todas las metáforas posibles sobre lo que estaba sucediendo (“¡es un agujero negro!”, "¡es una pelota que hace gol!"), dijo su frase definitiva: “Éste es un regalo de Jesús por el Mundial que ganó España”, lo que provocó las risas de los que estaban al lado.

Las recomendaciones de ser precavidos a la hora de observar el histórico fenómeno se siguieron en su mayoría. Se vieron muchas gafas específicas para el eclipse, aunque los hubo también que lo vieron sin inmutarse con gafas de sol o directamente sin ninguna protección. “No pasa nada, no pasa nada”, le decía una joven a su grupo de amigos. “¡Pero no le hagáis caso!”, le respondió uno de ellos.

Menos cortes de tráfico

El Ayuntamiento aplicó durante la jornada medidas especiales para regular el tráfico, con el objetivo de evitar aglomeraciones, aunque al final hubo menos cortes de los inicialmente previstos. La principal arteria de Santa Ponça, la avenida Jaume I, sí que sufrió cortes, así como también la entrada a El Toro y otros puntos viarios. De igual forma, el Consistorio impidió el acceso tanto al Puig de sa Morisca, uno de los principales puntos de observación que hay en el municipio, como a los principales miradores del término, como el de las Illes Malgrats.

Después del eclipse, el Ayuntamiento hizo balance y señaló que se habían producido escasas incidencias médicas, sobre todo por golpes de calor y deshidratación. El despliegue de la Policía Local estuvo formado por 60 agentes, incluyendo la Unidad de Drones. Igualmente, se desplegaron efectivos terrestres y marinos de los voluntarios de Protección Civil, entre ellos dos lanchas Lima con patrón y socorrista. El servicio de socorristas en la playa de Santa Ponça se prolongó hasta las 22 horas.

Se colocaron también numerosos contenedores de basura para mitigar en los posible el impacto de una afluencia de miles de personas. Por la mañana, el alcalde de Calvià, Juan Antonio Amengual (PP), había hecho un llamamiento a la “seguridad y a la convivencia”. “Hagamos que hoy sea también un día de fiesta, que sea un ejemplo y que una vez abandonemos donde hayamos estado lo dejemos tal y como estaba”, manifestó.

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