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Hasta 20 euros por unas gafas: la insólita subasta en pleno eclipse ante 3.000 personas en Felanitx

Una larga tarde de calor y expectación han desembocado en unos minutos de silencio, emoción y aplausos que han hecho vibrar el circuito de Son Matamoros

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Rosa Ferriol

Rosa Ferriol

Felanitx

“Nos encantó”, “impresionante”, “increíble”, “amazing” o “se me ha puesto la piel de gallina”. Son algunas de las reacciones que dejó el eclipse entre las cerca de 3.000 personas congregadas en el circuito de Son Matamoros, en Felanitx, para contemplar el fenómeno astronómico más esperado del año.

A partir de las 19.30 horas, la emoción y los nervios fueron creciendo en el recinto. Selfies, fotografías y momentos de contemplación acompañaron las diferentes fases del eclipse mientras todas las miradas se dirigían hacia el cielo. Pero el momento culminante llegó alrededor de las 20.30 horas. Entonces, el silencio se apoderó por completo de Son Matamoros. Durante unos instantes, las conversaciones cesaron y miles de personas observaron al unísono cómo la luna ocultaba el sol. Al alcanzar la totalidad, la emoción contenida estalló. Bravos, aplausos y gritos de admiración rompieron el silencio mientras algunos espectadores miraban al cielo y otros no podían evitar observar también las reacciones de quienes tenían alrededor.

Aya Ahssakou, de Portocolom, se desplazó hasta el circuito de autocross para vivir el eclipse en directo. “Será maravilloso, estoy impaciente”, confesaba poco antes de que comenzara el fenómeno. Después, todavía emocionada, resumía la experiencia: “Se me ha puesto la piel de gallina, ha sido increíble”.

Marcos Peacock también eligió Son Matamoros para contemplar el eclipse durante sus vacaciones. “Nos encantó. Ha sido impresionante”, explicaba tras vivir el momento. También de vacaciones en Mallorca se encontraba Álvaro Couso, llegado desde Madrid, que acudió con su familia con la ilusión de contemplar “un fenómeno difícil de olvidar”.

Desde Andorra, Montse Lansaque también pasa estos días de vacaciones con su familia en Vilafranca. Cuando consultaron las zonas habilitadas por el Govern y comprobaron que Felanitx contaba con uno de los puntos oficiales de observación, no dudaron en desplazarse hasta allí. Son Matamoros figuraba, efectivamente, entre las zonas oficiales preparadas para seguir el eclipse. Y quisieron asegurarse un lugar privilegiado. Salieron de casa a las cuatro de la tarde y, apenas media hora después, ya habían instalado sombrillas y toallas para hacer más llevadera la larga espera. Cartas, Trivial y algún tentempié ayudaron a matar el tiempo hasta la llegada del gran momento.

Mientras tanto, Xim Vidal, del Autocross de Felanitx, recorría el circuito en una Derbi comprobando que todo estuviera organizado, mientras Aina Vidal servía bebidas desde una food truck para aliviar la espera y combatir las altas temperaturas. Después del eclipse, Aina Vidal no ocultaba su emoción: “Tras las enormes expectativas generadas ante este fenómeno, debo decir que las ha superado con creces”.

Un momento de la subasta improvisada.

Un momento de la subasta improvisada. / Manu Mielniezuk

Una subasta improvisada por cuatro gafas

La multitudinaria tarde también dejó escenas de lo más peculiares. No todo el mundo había acudido a Son Matamoros provisto de gafas homologadas para observar el eclipse. Y algunos jóvenes que sí llevaban unidades de más vieron rápidamente la oportunidad. Así, dit i fet, improvisaron una subasta por cuatro gafas.

Como si se tratara de una pieza de coleccionista, las pujas comenzaron a subir ante la mirada de los presentes. La necesidad de no perderse el fenómeno hizo el resto: algunos compradores llegaron a pagar hasta 20 euros por unas gafas homologadas que les permitieran seguir el eclipse con seguridad. Una pequeña subasta improvisada en mitad de un acontecimiento que durante unos minutos consiguió que miles de personas olvidaran todo lo demás para mirar en la misma dirección.

El circuito estuvo custodiado durante toda la tarde por agentes de la Guardia Civil y de la Policía Local, además de seguridad privada, que se encargó de ordenar la llegada y estacionamiento de los vehículos. Según los datos recabados en el lugar, unas 3.000 personas y más de 500 vehículos pasaron por Son Matamoros para contemplar el eclipse. En Sant Salvador, cuya carretera permanecía cerrada, no se registraron problemas destacados. Sí fue necesaria una actuación en los alrededores del Castell de Santueri. La alcaldesa de Felanitx, Catalina Soler, explicó que tuvieron que enviar patrullas a la zona debido a la aglomeración de vehículos.

El eclipse total visto desde Felanitx con el Santuari de Cura de fondo.

El eclipse total visto desde Felanitx con el Santuari de Cura de fondo. / Manu Mielniezuk

A primera hora de la tarde, el circuito ya había empezado a recibir a sus primeros visitantes. Fuentes policiales explicaron que incluso fue necesario adelantar la apertura del acceso al recinto ante la cantidad de vehículos que esperaban para entrar y escoger un lugar privilegiado desde el que seguir el eclipse. La imagen que ofrecía Son Matamoros poco tenía que ver por momentos con un circuito de autocross. Parecía una playa improvisada en mitad del campo.

Por la tarde, los pocos algarrobos del recinto se convirtieron en codiciadas zonas de sombra. No faltaron sombrillas, esterillas, toallas y pareos para protegerse del sol de la tarde; el mismo sol que, unas horas más tarde, se convertiría en absoluto protagonista. Botellas de agua, neveras de playa y juegos de cartas y de mesa ayudaron a sobrellevar la espera. Los más pequeños mataban el tiempo jugando mientras otros espectadores optaban por sumergirse en la lectura. Margalida Manresa y su familia también eligieron el circuito para vivir juntos el eclipse. Llegaron alrededor de las 17.30 horas y pasaron la espera entre juegos de mesa y largas conversaciones. Los aficionados a la fotografía, por su parte, llegaron armados con cámaras y grandes objetivos y dedicaron buena parte de la tarde a buscar la mejor manera para inmortalizar el acontecimiento.

Después de horas de calor, espera y expectación, todo quedó reducido a poco más de un minuto de oscuridad, silencio y emoción. Y a un estallido final de aplausos de 3.000 personas que sabían que acababan de vivir algo excepcional.

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