Sencelles se entrega a l’Embala’t: 20 ediciones de tradición, paja, agua y fiesta
Una multitud de ‘combatientes’ se ha lanzado este domingo a una batalla de paja y agua sin vencedores ni vencidos, donde el único objetivo es reír y compartir

Un agosto más, Sencelles ha vuelto a demostrar que la tradición también puede convertirse en fiesta. L’Embala’t ha celebrado este domingo su vigésima edición reivindicando, una vez más, el vínculo del municipio con la tierra, la payesía y unas costumbres transmitidas de generación en generación. El pueblo del Pla ha dejado claro que su celebración es mucho más que una neofiesta: “Es un recuerdo vivo de nuestros antepasados, es identidad, tradición, música y lengua, pero, sobre todo, sois todos vosotros”.
Las palabras son de Maria Bauçà, presidenta de l’Embala’t, que este año pone punto final a su etapa al frente de la organización y cede el testigo a Martí Pasqual, representante de la nueva generación de jóvenes que asumirá el reto de capitanear la fiesta. Ese relevo ha quedado también simbolizado en el pregón, protagonizado por Bauçà y Pasqual junto a Toni Vallès y Joan Sans, dos de los impulsores de la celebración en sus primeros años.
Bauçà ha recordado que la vigésima edición supone celebrar 19 años de historia de “un pueblo que decidió que sus raíces podían ser motivo de fiesta, orgullo y diversión”. Visiblemente emocionada, ha reivindicado el esfuerzo colectivo que hay detrás de cada edición: los mecánicos que ponen a punto los mobylettes, la comisión, quienes preparan la plaza o los cocineros que cada año se encargan de alimentar a centenares de participantes.
También ha puesto el acento en el papel de las mujeres sencelleres y en unas pruebas en las que “la fuerza no entiende de género”. “Cuando toca subir la bala no hay excusas”, ha recordado, defendiendo que el esfuerzo compartido es una de las imágenes que mejor resume la esencia de l’Embala’t: las balas no suben solas, las levanta todo un pueblo.
El pregón ha tenido también un momento para el recuerdo. La organización ha rendido un breve y sentido homenaje a Jordi Llabrés, ‘en Jordi des Mavi’, del Bar Mavi, fallecido esta semana y muy vinculado a los primeros años de la fiesta, cuando fue uno de sus cocineros. Un vecino que hizo suyo l’Embala’t desde sus inicios y a quien Sencelles ha despedido al grito de “jo som senceller”.
Joan Sans y Toni Vallès ha evocado, por su parte, el origen de una celebración que nació hace 19 años con la voluntad de recuperar “la esencia de nuestra tierra, de la payesía y del trigo que nos ha visto nacer”. Aquel sueño se ha convertido hoy en una cita capaz de movilizar a todo el municipio y mantener vivo el orgullo por una identidad profundamente ligada al campo. “L’Embala’t es un sentimiento”, ha sentenciado.
Una memoria compartida por generaciones de vecinos que han ido a vendimiar, a recoger algarrobas o almendras y que reconocen en las labores del campo una parte de su propia historia. Martí Pasqual ha recordado que Sencelles conserva esa identidad pagesa en celebraciones que van desde las torrades de Santa Àgueda y las beneïdes de Sant Antoni hasta la Beata o la propia paja de l’Embala’t, símbolos, dijo, “de quiénes éramos y quiénes somos”.
Al grito de “s’Embala’t ja és aquí, s’Embala’t ja ha arribat”, la jornada matinal ha continuado con el baile de los garbejadors y los esperados jocs dels mobylettes. Después de recoger las balas que protagonizan la épica batalla de la tarde, ha llegado el momento de reponer fuerzas con una multitudinaria comida en la Plaça Nova, donde se han servido fideus de roter para más de 600 comensales.
Destreza y pura diversión
Por la tarde, Sencelles se ha convertido de nuevo en escenario de una mezcla de destreza, tradición y pura diversión. La comitiva ha ido a buscar las grandes balas de paja que, poco después, se han convertido en inofensivos proyectiles de una particular batalla a base de agua y paja. Los participantes ya habían empezado a preparar el asalto por la mañana, cuando más de uno pasó por el bazar para aprovisionarse de pistolas de agua.
Y así, otro domingo de agosto, Sencelles ha vuelto a dejar algunas de las imágenes más curiosas y reconocibles de su verano: jóvenes intentando mantener el equilibrio sobre enormes balas de paja mientras descienden por las céntricas calles del pueblo hasta alcanzar la Plaça Nova. Allí ha estallado finalmente la gran guerra de l’Embala’t, regada con paja, agua, pomada y música y con todo un pueblo dispuesto, por unas horas, a volver a ser niño.
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