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Juntos pero no revueltos: izquierda y derecha, unidas contra la saturación turística en Sóller y separadas por las banderas

'Sollerics' de todas las ideologías participaron en una protesta histórica contra la masificación. Sin embargo, al igual que ocurrió en Palma, la presencia de esteladas alejó a los más españolistas. Una buena parte de ellos siguió la manifestación desde la distancia, aplaudiendo y animando, pero sin atreverse a entrar de lleno

Los comerciantes de Sóller, divididos entre apoyar la manifestación, denigrarla o mantenerse imparciales

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Pere Morell

Pere Morell

Sóller

Los sollerics solo disfrutan de el 'Turismo' los viernes por la tarde. El resto de los días conviven con el colapso que ha convertido su pueblo en el emblema de la saturación turística en Mallorca. La Vall dels Tarongers, donde cada día hay menos naranjos y más extranjeros, se ha hartado de la masificación y ha llenado sus calles con miles de personas en una protesta histórica contra la saturación turística.

«Benvinguts a Sóller, Welcome to Sóller», saluda una inmobiliaria alemana justo a la entrada del pueblo a turistas y residentes, por este orden. Sóller pierde su acento. Los embotellamientos de coches de hasta siete kilómetros para llegar a la Vall desde Palma, el precio de la vivienda y la constante asfixia han sacado a la calle a sollerics de todas las ideologías. Pero lo que une la indignación lo separan las banderas.

Al igual que en la manifestación contra la saturación turística del pasado 26 de julio en Palma, la presencia de esteladas alejó a los más españolistas. Una buena parte de ellos siguió la manifestación desde la distancia. Aplaudieron y animaron, pero sin atreverse a entrar de lleno.

Había muy pocas banderas independentistas, menos de una decena. Sin embargo, eran las más grandes, facilitando la foto y el relato. Aún falta mucho para que las esteladas puedan aliarse con las banderas de España en una manifestación que afecta a todos por igual. Un solleric en medio de la manifestación resumió el conflicto con una expresión local: «Son molt purs».

La protesta no fue unánime

«Dentro de unos años, cuando nadie, y digo nadie, pueda comprar una casa en Sóller y se queje, podremos decir que hubo una oportunidad de reivindicarse y que miraron a otro lado», comentaba un residente sobre quienes no se atrevían a entrar en la manifestación.

La protesta no fue unánime, ni mucho menos. Muchos sollerics estaban en contra, pero otros tantos también estaban a favor. Centenares de jóvenes del pueblo trabajan en el sector turístico, pero ahora no pueden más. Una de las imágenes más impactantes fue la salida de varios trabajadores de un hotel. Salieron cuando llegaba la manifestación para mostrar su apoyo, con un aplauso sin gritos que lo decía todo. Protestando por el derecho a crecer y morir en el pueblo donde nacieron.

Sóller se moviliza contra la masificación turística

Sóller se moviliza contra la masificación turística. / Manu Mielniezuk

La división también era latente entre los comerciantes de Sóller. En los portales de las tiendas de una de las principales arterias comerciales del pueblo, el carrer de sa Lluna, se podían oír proclamas en contra de la protesta y también a favor. «Antes todo era pequeño negocio en esta calle y ahora son negocios para turistas», decía Margalida Mateu, de la Merceria Sa Lluna.

Otros optaron por la vía suiza: la neutralidad. Conscientes de que posicionarse podía afectar a sus negocios, simplemente permanecieron en silencio. En la plaça de la Constitució no hubo ese dilema. Las terrazas habían sido retiradas y los establecimientos, cerrados. «Fa olor a Fira», exclamaba un vecino. Los manifestantes habían conseguido una imagen insólita: la plaza despejada de terrazas y abarrotada de vecinos. Una estampa que solo se repite durante el Firó.

Eso sí, algunos comercios tenían un gran miedo injustificado a la protesta y escondían el género dentro de las tiendas. Policías locales y guardias civiles no faltaron, como si los causantes de las cargas de la manifestación del 26J hubieran sido los manifestantes y no la Policía Nacional. La protesta volvió a ser pacífica. Esta vez no hubo intervención policial que la violentara.

Las lágrimas de las organizadoras de Moviment Jove Sóller, que iban en cabeza de la protesta, daban cuenta de la magnitud de una manifestación inédita en el municipio por su número de participantes. Un pueblo que no quiere perder su identidad y que aún canta: «Mentre el món sigui món, jo seguiré sent solleric». Con un objetivo claro: que el único turismo en exceso que haya en Sóller sea el del bar 'Turismo' los viernes por la noche.

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