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La Festa de s’Estrucada: entre algarrobas, basura y gritos de «Llucmajor fa pudor»

La crisis de la recogida de residuos marca las fiestas de Santa Càndida, mientras los Quintos de 2005 convierten el malestar vecinal en protagonista del pregón

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Rosa Ferriol

Rosa Ferriol

Llucmajor

Llucmajor está inmerso en las fiestas de Santa Càndida. En condiciones normales, las celebraciones patronales sirven para que cualquier municipio se vista de gala. Este año, sin embargo, la crisis de las basuras ha terminado por colarse también en la fiesta. Este viernes, antes de que arrancara la Festa de s’Estrucada, las bolsas de residuos ya formaban parte del paisaje de algunas de las calles del centro. La algarroba estrucada y el agua volvieron a convertirse en el cóctel perfecto para la diversión y el desenfreno, pero esta edición llegó marcada por el enfado de numerosos vecinos con la gestión municipal de la recogida de residuos. Desde hace semanas, las imágenes de bolsas amontonadas en aceras y portales se repiten día tras días. En las calles más estrechas, incluso los coches acaban golpeándolas y esparciendo su contenido, con los consiguientes malos olores.

Basta un breve paseo por los alrededores de la plaza de España, punto de partida de la fiesta, para comprobar el alcance del problema. Las bolsas se acumulan y, en algunos puntos, resulta incluso difícil saber qué fracción correspondía sacar en el sistema de recogida puerta a puerta porque junto al vidrio también aparecen restos de orgánico, envases o, incluso, más de una bolsa de rechazo.

«No vemos la luz al final del túnel», confesó Miquela Cànnaves mientras esperaba en la plaza el inicio de s’Estrucada. Y es que los problemas con la recogida se arrastran desde hace unos dos años, por ello, los vecinos, resignados, han terminado por acostumbrarse a convivir con la basura en las calles. «Es verdad que antes no ocurría cada día como pasa ahora», puntualizaron. Una de las alternativas para muchos residentes ha sido trasladar por su cuenta los residuos al Punt Verd, aunque estas instalaciones también se encuentran desbordadas. En cambio, algunos vecinos han optado por acumular en sus portales las fracciones que no son recogidas cuando corresponde como forma de protesta. El resultado podía verse este viernes en varias calles del núcleo: bolsas de vidrio mezcladas con orgánico, envases y rechazo. «Es una vergüenza. Es un pueblo donde impera la dejadez», lamentaron. La situación ha obligado incluso a los propios residentes a intervenir cuando la basura termina desperdigada por las calles. «Si un coche se lleva una bolsa por delante, somos los vecinos quienes lo barremos porque el olor es insoportable. Gracias a que tengo coche puedo trasladar la basura de mi casa al Punt Verd. También me llevo la de vecinos que son más mayores», relató Cànnaves. La crisis de los residuos tampoco ha quedado al margen del programa festivo. Los Quintos de 2005 ya la convirtieron esta semana en protagonista al rebautizar irónicamente el nombre del municipio como «Putmajor». Como acto reivindicativo depositaron bolsas de basura ante las puertas del Ayuntamiento para criticar la gestión municipal.

La fiesta se impone

Pero, pese a la suciedad y al enfado, la fiesta acabó imponiéndose.

A partir de las cinco de la tarde, la soledad de la plaza de España comenzó a desaparecer. A medida que se acercaba la hora señalada, decenas de jóvenes ataviados con la camiseta verde de s’Estrucada fueron tomando el centro. Gafas de buceo, flotadores, manguitos y pistolas de agua anticipaban lo que estaba a punto de ocurrir.

Poco antes de las cinco y media hicieron su aparición el payés y la payesa, papeles que este año han asumido los quintos de 2005 Maribel Clar y Bernat Miret. Ambos llegaron acompañados por el resto de su quinta, entre globos de agua y al ritmo de la charanga. Una vez subidos al cadafal y después de los selfies de rigor, llegó el momento del pregón. Y las basuras volvieron a entrar en escena. Los protagonistas bromearon con que este año no habían tenido que esforzarse demasiado para escribirlo: podían repetir el discurso del año pasado porque, aseguraron, al Ayuntamiento «le entra por una oreja y le sale por la otra». «No puede ser», sentenciaron el payés y la payesa. «Lo volveremos a repetir».

Durante su intervención lamentaron que Llucmajor aparezca en las noticias «solo por temas malos» y aludieron a la situación sanitaria provocada por los problemas en la recogida, aunque sin renunciar al tono irreverente de la fiesta. Criticaron que la basura continúe sin retirarse y bromearon con que, al paso que van las cosas, pronto serán las ratas las que tomen el Ayuntamiento. La respuesta de los jóvenes congregados en la plaza fue inmediata: «Llucmajor fa pudor», corearon.

Después llegó el chupinazo y la comitiva festiva emprendió el camino hacia la zona de ses Escoles al ritmo de la charanga. Allí, s’Estrucada alcanzó su punto álgido. La multitud se embadurnó de algarroba estrucada en una celebración pasada por agua, marcada por el bullicio, el desenfado y la diversión. Durante unas horas, la fiesta consiguió imponerse a la basura. Aunque, a escasos metros, las bolsas seguían recordando que el problema continúa ahí.

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