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Testimonio

La odisea de Mónica, una argentina de 75 años que vino a España a presentar su libro y ha acabado durmiendo en una plaza de Alcúdia: “Sólo sobrevivo”

Tras un problema con la amiga que le acogía, la mujer lleva tres semanas recurriendo a instituciones y buscando alternativas de alojamiento a cambio de trabajo solidario ante la imposibilidad de pagar un hotel en plena temporada turística

Mónica Comaschi, en el banco de una plaza de Alcúdia donde duerme

Mónica Comaschi, en el banco de una plaza de Alcúdia donde duerme / I.M.

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Iñaki Moure

Iñaki Moure

Si la ciudadana argentina Mónica Comaschi, de 75 años y gran apasionada al mundo de la escritura, tuviese que elegir un único género literario para explicar lo que le ha pasado en el último mes en Mallorca, lo tendría difícil. Su vida, de la noche a la mañana, se ha convertido en una odisea de supervivencia, en la que sólo quiere volver a casa ya. Una odisea con toques kafkianos, surrealistas, por su choque con la realidad administrativa insular. Y todo esto, acarreando un pasado traumático, que, por cierto, es lo que le trajo a España.

Comaschi llegó el pasado 28 de junio a Alcúdia desde Argentina. Venía a pasar unas semanas con una amiga que lleva instalada unos años en la isla. Su plan era irse después a Madrid a presentar su libro, ‘El silencio después del jaque’ (disponible en Amazon), en el que narra la historia del homicidio de su hijo, hace 33 años, que le llevó a embarcarse en una intensa lucha judicial para lograr sacar los hechos a la luz.

Llevaba unos días en la isla, cuando algo empezó a ir mal con su amiga. Comaschi relata, en una entrevista con este diario, que la convivencia entre ellas se oscureció. Dice que sufrió presión psicológica y violencia verbal. Un día, la cosa se puso tan fea que se vio obligada a salir del piso. Se fue a dar una vuelta, Pensó que quizá así la situación se calmaría. Pero no se calmó. La hija de su amiga le llamó y le dijo que mejor que no volviera, que la situación en el domicilio era “un caos”.

Eso sucedió hace más de un par de semanas. Desde entonces, asegura, vive en un banco de una plaza de Alcúdia, esperando a que llegue la fecha de regreso a su país: tiene billete para el 19 de agosto. Su vida transita entre el centro de salud, donde puede asearse de vez en cuando, un bar cercano que ha tomado como hogar y su móvil, que es la única ventana que le queda para moverse en un entorno que a ratos le es incomprensible, a ratos hostil y a ratos desesperante. "Cuando voy por la calle, hay gente que me mira raro. La gente de aquí no sonríe y me mira extrañada como preguntando quién es esta mujer que está todo el día en la calle", señala.

Comaschi asegura que no ha podido cambiar el billete de avión, porque resulta muy caro. Tampoco ha logrado un hotel o un Airbnb por el mismo motivo, un precio excesivo. “¿200 euros la noche? ¡Eso es para un turista y yo no soy turista!”, dice. Al principio, cuando se vio en la calle, acudió al Ayuntamiento. De allí, cuenta, le mandaron a un centro de acogida en Palma.

“Cuando llegué allí me dijeron que ése no era el lugar indicado para mí, porque era para personas marginales. En estado de indefensión, drogadicción… Entonces, regresé a Alcúdia y llamé al consulado argentino, donde me dijeron que es un consulado muy pequeño, pobre, y que no tiene una solución para mí”, relata.

Comaschi explica que apenas duerme. Todo el día tiene que estar en la calle, con el agravante de la eterna ola de calor de este verano. “Yo sufro muchísimo el calor”, apunta esta mujer de 75 años, que señala, en todo caso, que la mente y todo su bagaje previo le han preparado para estar en este “modo supervivencia”. “Me preocupo mucho por hidratarme”, cuenta.

Asegura que sólo necesita dormir un poco y tener un baño, y se muestra dispuesta a realizar algún tipo de trabajo solidario a cambio de alojamiento. Cree "sin duda" que todo esto que le está pasando le puede dar material para otro libro y se aferra a esa resiliencia que desarrolló cuando luchó contra todo un sistema durante años para lograr hacer justicia con su hijo.

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