Un acontecimiento histórico
110 años del accidentado vuelo de Salvador Hedilla en sa Pobla
El 23 de julio de 1916, el aviador cántabro, que días antes había volado por primera vez entre Barcelona y Mallorca, decepcionó a miles de personas en el hipódromo de sa Pobla en un fracasado vuelo de exhibición

El aviador Salvador Hedilla, antes de despegar en sa Pobla. / DM
Este mes de julio marca la efemérides de un acontecimiento clave y fundamental en el enlace aéreo entre la península y la isla de Mallorca y viceversa. Concretamente fue el 2 de julio de 1916 cuando el aviador Salvador Hedilla Pineda realizó el primer vuelo aéreo que unía la península, concretamente Barcelona, con Palma de Mallorca, pilotando el aeroplano ‘Monocoque Hedilla II’, construido por la empresa catalana Pujol, Comabella y Cía bajo su dirección técnica. Era una evolución de un diseño desarrollado por el propio Hedilla y fue uno de los primeros aviones fabricados en Cataluña, dotado de un motor rotativo ‘Le Rhône’ de 80 CV de potencia.
El aparato era de madera y tela, sin radio, sin instrumentos de navegación modernos y con una autonomía muy limitada. El piloto navegaba prácticamente siguiendo el rumbo con brújula, reloj y referencias visuales, que desaparecían una vez abandonaba la costa.
Cuentan las crónicas de la época, que el aparato aterrizó en un descampado, que más tarde sería los terrenos donde se levantó el primer aeropuerto de la isla, Son Bonet. Despegó del campo de La Volatería, en El Prat, poco después de las cinco de la mañana. Ascendió hasta unos 500-800 metros para iniciar la travesía. Durante el recorrido encontró un fuerte viento de levante que estuvo a punto de obligarle a regresar. El propio Hedilla declaró que durante unos veinte minutos dudó seriamente si continuar.
Al relatar el viaje explicó que la isla apareció primero como «una pequeña mancha» en el horizonte, un momento decisivo porque confirmaba que el rumbo había sido correcto.
La llegada a Mallorca
Estaba previsto que debía aterrizar en el campo de Can Pere Antoni, donde lo esperaban más de 20.000 personas. Sin embargo, la multitud ocupaba prácticamente toda la zona de aterrizaje, por lo que Hedilla decidió desviarse y tomar tierra en Son Sunyer, cerca de donde hoy se encuentra el aeropuerto de Palma. Esa decisión evitó un posible accidente.
La recompensa que obtuvo Hedilla por completar la travesía fue La Copa del Mediterráneo, donada por Alfonso XIII y premio económico de 8.000 pesetas, una cantidad muy importante para la época.
Fracasado vuelo en sa Pobla
Un total de 21 días después de que el aviador Salvador Hedilla coronara, con éxito, su intrépido e histórico vuelo Barcelona-Palma, concretamente el día 23 de julio de 1916, en el marco de las fiestas de San Jaime, el laureado aviador cántabro, decepcionó a los miles de espectadores que se congregaron en el hipódromo de Son Ferragut de sa Pobla para presenciar un vuelo de exhibición, que resultó un auténtico fracaso, según cuenta la crónica publicada en la revista local Sa Marjal, datada el 23 de julio de 1916. Mientras tanto, otras informaciones aparecidas en los medios de comunicación de la época, el propio Hedilla explica los detalles que ocasionaron aquella incidencia.

Hedilla, en el centro, junto a personalidades locales el día del vuelo de exhibición en sa Pobla. / DM
El comentario que aparece en Sa Marjal, dice textualmente (en el mallorquín de la época), que «un tren extraordinario, unos 2.500 carruajes, una partida de automóviles y una multitud innumerable de caballos de Sant Francesc, transportan hasta el hipódromo de Son Ferragut un gentío de más de doce mil personas (según se calcula, al menos), de sa Pobla, de pueblos vecinos y de toda Mallorca». Añade la información que el precio de la entrada al recinto era de 25 céntimos de peseta y que las carreras que más gustaron a los espectadores fueron las del caballo Faro de Palma y de la yegua Ubergini de Manacor.
Pero no eran las comentadas carreras de caballos las que habían atraído a la muchedumbre congregada en el hipódromo pobler, en aquellos días escenario de diferentes manifestaciones deportivas y de ocio. El espectáculo estrella de aquella calurosa tarde de verano, era el anunciado, a bombo y platillo en el programa de los festejos populares de San Jaime y en los medios de comunicación de Ciutat, la exhibición que tenía que llevar a cabo el laureado aviador, Salvador Hedilla Pineda, que como queda dicho, el día dos del mismo mes de julio, había cubierto, con éxito histórico el primer trayecto aéreo Barcelona-Palma, aterrizando en Son Sunyer.
Volviendo al relato del vicario Parera, en su revista, «cerca de las siete de la tarde el aviador Don Salvador Hedilla se acomoda dentro de la máquina de volar, se levanta un poco, pero tan mal que por poco no provoca unas cuantas desgracias. Al cabo de un rato, vuelve a embestir y se levanta de una manera muy bella y majestuosa, entusiasmando al gentío; pero cuando se ha elevado un centenar de palmos divisa una liebre, la embiste como una bala y en cuatro minutos la capturó».
Este es el comentario jocoso del vicario Parera, hombre totalmente integrista y fustigador de todo progreso que rompiera el orden establecido por la tradición más radical. Cuando habla de la mencionada «liebre», hacía referencia al predio Sa Llebre, del término municipal de sa Pobla, situado a escasos metros del municipio de Búger y a una distancia de escasos kilómetros del hipódromo de Son Ferragut, desde donde se había elevado el aeroplano pilotado por Hedilla.
Aquel incidente, según la crónica, decepcionó por completo al público que, «tal como era el trato miraba si lo vería volar por encima del pueblo, para que después, aterrizara en el hipódromo desde donde había emprendido el vuelo...pero todavía esperan». Y añade que el público se sintió estafado porque del dinero recaudado de los 25 céntimos que le había costado su entrada al espectáculo, Hedilla se había embolsado 1.500 pesetas, “cuando tan solo se había ganado 500...y gracias”.
Otra versión
Otras informaciones ofrecen una versión parecida, pero explicando las causas del incidente, que el vicario Parera obvia en su irónico comentario.
En su edición del día 24, el diario La Almudaina publicaba la crónica de todos los actos festivo que habían tenido su desarrollo en el hipódromo de Son Ferragut: «El número que más interés había conseguido despertar era el vuelo del señor Hedilla que tenía que verificarse después de las carreras (...) El señor Hedilla sacó su aparato y empezó los preparativos para la ascensión. El público se amontonaba en todos los alrededores siendo difícil detenerlo. Al fin el señor Hedilla mandó dar vuelta a la hélice y se dispuso a elevarse. Pero el aparato no obedeció y en vez de trazar una recta sobre el campo, se lanzó hacia el público, deteniéndose a unos palmos de los espectadores y siendo un milagro que no ocurrieran sensibles desgracias».

Salvador Hedilla posa junto a su avión. / DM
Al día siguiente, el diario daba a conocer los motivos del contratiempo. Según el propio Hedilla, «al poco tiempo de elevarse notó que el aparato no marchaba con la regularidad debida. La irregularidad se fue acentuando más y más (…) el problema fue que una de las palas de la hélice se estaba deshaciendo en astillas restando bastante y equilibrio al aparato». El aviador atribuyó el hecho a que su aeroplano había quedado dos días guardado en una finca de sa Pobla, bajo una techumbre sin condiciones sobre la cual daba de pleno el sol, dañando la madera de la hélice que no pudo resistir el choque con el aire.
Y añade la crónica que «al comprobar Hedilla el peligro que corría, buscó medio de salirse de él, pero se encontró entonces sobre unos campos sembrados de árboles que hacía imposible el aterrizaje. Con un vuelo planeado pudo llegar a una llanura de la finca sa Llebra, donde pudo aterrizar sin novedad».
En conmemoración a tan magno, aunque fracasado, acontecimiento histórico, el mes de agosto de 1922, seis años después de su vuelo en Mallorca, el Ayuntamiento de sa Pobla acordó dar el nombre de ‘Aviador Hedilla’ a una de las calles de la población: la calle de ‘portasses’ (cocheras) que une las calles Renou y Sant Antoni.
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