Lletra menuda
La batalla del escenario y los preparativos

Las imágenes del desembarco del Rei en Jaume en Santa Ponça / Ajuntament
Persiste la incógnita sobre si acabará celebrándose la fiesta de Moros y Cristianos en Santa Ponça. Con los preámbulos que se van desarrollando este año ya queda claro que la batalla de los preparativos será menos incruenta que la escenificación festiva del encuentro entre Jaume I y Abú Yahya.
La polémica es pública desde hace días. Razones aparte, las colles mantienen una postura inamovible sobre la continuidad de la representación en la pinada, el Ayuntamiento de Calvià permanece entre la espada y la pared y la conselleria del Mar y Ciclo del Agua, que tiene la última palabra por razones y normas medioambientales, permanece en silencio, pero más pronto que tarde, tendrá que hablar.
Sea cual sea la solución final, se celebre o no la fiesta, todo eso dejará secuelas entre los afectados y, con toda probabilidad, división de opiniones en la opinión pública. Ya que hablamos de cuestiones bélicas transformadas en fiesta histórica, podemos sostener que han fallado las estrategias del diálogo y la prevención, planteamientos básicos cuando se trata de firmar el armisticio de la tradición, el respeto a la norma y la salvaguarda medioambiental del escenario acostumbrado. No ha habido emboscada sorpresa. Todo, las desavenencias actuales, eran tan previsibles como evitables.
De momento permanece en el alero la elección de las personas que deben encarnar a los personajes clave. A partir de ahí, si salta el cañonazo de la solución, todo serán correrías, porque hay que entrenarse y aprenderse el papel. El Ayuntamiento, quizás para no alimentar el enfado, se mantiene optimista y parece aferrarse a informes técnicos que se decantan por acotar las zonas más vulnerables de la pinada y prescindir de mobiliario capaz de dejar mella.
Si la fiesta de Moros y Cristianos de Santa Ponça no llega a celebrarse será un fracaso para todos, pero si, visto lo ocurrido, acaba escenificándose, tampoco podrá resaltarse éxito alguno porque las fiestas, a fin de cuentas, no son más que el exponente de lo que hacen sus protagonistas.
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