Litoral
Cuando llegar a una cala es una aventura: el inaccesible tramo costero entre Portals y Son Caliu
Plantas con pinchos, vallas que obstaculizan caminos, orografía abrupta... El acceso a las bonitas calas que se encuentran entre Portals y Son Caliu aparece como una carrera de obstáculos, que pueden ser tanto naturales como artificiales. Para llegar a esas calas, hay que remar, de forma metafórica y real, ya que son muchos los que usan pádel surf.

En 2018, se retiró parte de la valle con alambre de espino que impedía el paso por este estrecho sendero litoral
Es tiempo de fiestas de verano. De paperí en las plazas. Con las actividades habituales. Sopars a la fresca, concursos de comer sandía, pintacaras, verbenas. Sin olvidar, las gincanas, esas pruebas en que uno debe superar todo tipo de alocados obstáculos y pruebas para alzarse con la victoria.
El bañista que aspira a disfrutar del tramo de costa que hay entre una de las playas cercanas a Puerto Portals (al lado del delfinario) y Son Caliu, que alberga pequeñas calas paradisíacas de aguas turquesas, se siente un poco como en esas gincanas de verano. Todo son pruebas para alcanzar el ansiado objetivo. En este caso, un chapuzón en unas calas coquetas que son la excepción en el Calvià rebosante de cemento.
Para llegar hay que remar (en sentido metafórico y literal, porque muchos van en pádel surf o en canoa), o bien hay que nadar, o bien hay que sortear agresivos cerramientos de imponentes casas que obligan a hacer equilibrismos, o bien hay que tener dotes de escalador.
Llegar a esas calas se convierte en una cuestión de voluntad e incluso de osadía. Para bordear el escarpado y abrupto litoral, la orografía y los obstáculos artificiales que se encuentran por el camino no se lo ponen fácil al humilde bañista que busque un chapuzón en un sitio tranquilo.
No hay un camino definido y la introducción de elementos artificiales no contribuye a un paseo plácido. Este diario ya informó hace ocho años de que, en la parte exterior de una casa, se había instalado una barrera con alambre de espino en mitad de uno de esos pasos, lo que provocó la reacción del ayuntamiento de Calvià.
La Policía Local, informaron las crónicas del momento, se personó en el lugar y procedió a levantar un acta. Los hechos, además, se pusieron en conocimiento de lo que entonces era Demarcación de Costas en Balears.
Ocho años después
Ante el revuelo creado, el alambre de espino fue retirado enseguida y también una de las pantallas que conformaban la barrera. Ocho años después, la delimitación sigue ocupando buena parte del borde del acantilado, aunque es cierto que existe un paso de poco más de un metro y medio.
Al otro lado de ese paso, en medio del estrecho sendero, crece una frondosa planta de hojas puntiagudas, molestas para cualquiera que las roce sin querer. Este diario no ha podido determinar si el ejemplar fue plantado expresamente en ese lugar o si procede de una plantación anterior.

Las plantas que obstaculizan el paso al otro lado de la barrera que fue retirada en 2018 / Juan Luis Iglesias
En relación a este punto, algún bañista habitual asegura que en otras zonas de la isla ha visto cómo ese tipo de plantas, colocadas estratégicamente en senderos litorales, estaban conectadas a un sistema de riego. Que cada cual extraiga sus conclusiones, apunta este testimonio.
Excursiones marítimas
Se da la circunstancia de que los que sí suelen disfrutar de este tramo litoral entre Portals Nous y Son Caliu son las excursiones marítimas, que aprovechan este punto para atracar y dejar que los pasajeros se den un refrescante baño.
A una de esas calas, por cierto, sólo se puede llegar por vía terrestre descendiendo por una cuerda que alguien ha colocado de forma altruista para que los bañistas no se despeñen por una abrupta bajada rocosa que, desde luego no es apta para personas mayores o niños pequeños.

Tramo costero entre Puerto Portals y Son Caliu / Juan Luis Iglesias
Evidentemente, a algunos de los pocos bañistas que son asiduos de estas calas les interesa seguir preservando esa privacidad. Lo atestigua una mujer que, este mes de julio, decidió ir a explorar con su pádel surf uno de estos coquetos rincones del litoral, no muy lejos del club de tenis del Sporting.
A medida que se acercaba vio a un hombre que practicaba nudismo y que tenía toda la cala para él, lo que es mucho decir en Mallorca en el mes de julio. Cuando el hombre se percató de la presencia de la mujer, se incorporó y empezó a realizarse tocamientos mirándola.
La mujer cuenta a este diario que se dio media vuelta y se volvió al lugar de donde había salido con la tabla: la playa del delfinario, pedregosa y con aguas no tan transparentes. «La verdad es que me sentí intimidada», aseguró después recordando ese momento. «Parece claro que lo quería ese hombre era quedarse la cala para él solo», comenta, dando un ejemplo más de las dificultades a las que se enfrentan los bañistas que quieren disfrutar de este tramo de costa.
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