Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista

M. Agnès Pons y Hannes Bachinger, impulsores del galardonado proyecto ‘Binimel’: «Cuidar de las abejas también significa hacerlo de todo el paisaje»

Maria Agnès Pons Delacio y Hannes Bachinger. | JAUME CANUT

Maria Agnès Pons Delacio y Hannes Bachinger. | JAUME CANUT

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Binissalem

¿Cómo surge la idea del proyecto Binimel?

[Agnès] La familia tiene fincas, y en casa mi padre nos ha enseñado que la tierra es parte de lo que somos. Nosotros queremos tomar el relevo y volver a poner esta tierra en activo, con una agricultura que, en lugar de gastar el suelo, lo haga crecer.

¿Y cómo empezó?

[Agnès] Hannes tenía experiencia en el tema de apicultura y hace un año compramos seis colmenas para ofrecer a nuestras hijas un ‘mordisco’ goloso, de calidad y conociendo su origen. Este primer año hemos hecho dos cosechas (unos 80 kg de miel), hemos multiplicado los enjambres (ahora tenemos más de veinte) y hemos tenido buen feedback de la producción. Ha ido tan bien que nos cuestionamos si esto puede ser más que una afición, porque para reavivar la finca no basta con tener colmenas como afición. Con esta idea nos presentamos en la última convocatoria de los premios Rural’Up, para ponerla a prueba con números y plazos. Mallorca Rural nos ha ayudado mucho y hemos tenido la suerte de ser uno de los proyectos ganadores.

¿Qué tipo de miel producen?

Producimos dos variedades: la de otoño, de algarrobo —tan peculiar y mallorquina—, y la de primavera, de mil flores. Pero, a medio plazo, queremos tener nuestro obrador certificado para transformarlos en frío con productos de la finca (la miel misma y el aceite de oliva) y hacer venta directa a finales de este mismo año. La idea es llegar a hacer toda la cadena de producción, y que ésta convierta el proyecto en viable. Además, todo cuando aprendemos, lo queremos compartir —errores incluidos—, para que quien quiera probar cosas similares pueda aprender.

¿Y las fincas donde están ubicadas?

[Hannes] La principal está cerca del aeródromo de Binissalem, y la otra cerca de la posesión de Morneta. En la primera, el padre de Maria Agnès sembró olivos, higueras, almendros, algarrobos y otros árboles frutales. Todo este trabajo lo queremos mantener, ampliar y hacerlo más viable. Ahora estamos en proceso de conversión a la certificación ecológica de las fincas, y desde hace unos años hemos dejado que la tierra se vuelva algo salvaje, para fomentar la biodiversidad. En la agricultura ecológica, el equilibrio de la finca depende tanto de la fauna útil –los depredadores naturales de las plagas, todos los organismos que ayudan a mantener el sistema sano– como de las propias abejas. Por eso, cuidar las abejas también significa hacerlo de todo el paisaje. Las abejas son la parte más visible, y la que sostiene el proyecto, pero lo que construimos es el equilibrio entero. No buscamos el máximo rendimiento a corto plazo, sino sistemas sanos y duraderos, fieles a la tradición agraria pero adaptados a los retos de hoy.

¿Cómo es su forma de trabajar con las abejas?

Ponemos la salud de la abeja por delante de todo, aunque esto quiera decir cosechar menos miel. Cada colmena llega a tener, en plena temporada, más de 50.000 abejas, y las cuidamos con la mínima intervención posible. Renovamos la cera cada año, para que las abejas vivan en cera limpia. Contra la varroa (principal problema de la apicultura actual) no utilizamos productos de síntesis: actuamos sobre el ciclo natural de la colmena y, cuando es necesario, sólo con ácidos de origen natural. Las colmenas quedan fijas, sin trashumancia. Es una forma de hacer más lenta y más exigente, pero es la que tiene sentido con lo que queremos ser.

Y detrás de todo esto, la familia.

[María Agnès] A Hannes desde siempre le han interesado las abejas. En Alemania ya había tenido sus primeros contactos con la apicultura y, sobre todo, con la fauna silvestre y la protección de la naturaleza. En el proyecto, él aporta una mirada ecológica y mucho respeto por la naturaleza. Yo, mi familia, el vínculo con esta tierra y con Binissalem. Mi padre ha puesto mucho trabajo y cariño –es quien sembró los árboles que ahora cuidamos–, y ahora nos pasa el relevo. Ahora mismo, quien lleva el día a día del apiario es Hannes, quien tiene todo el apoyo de la familia detrás. Estamos en plena construcción, pisando terreno nuevo, y no descartamos que pueda no salir: la agricultura es difícil y somos conscientes de ello. Pero creemos. Al fin y al cabo, recibir estas fincas de la familia es asumir su responsabilidad.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents