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Lletra menuda

Un sendero de intromisión política

El camino de Cala Magraner ha sido cerrado con una barrera, según ha denunciado la plataforma hace unos días.

El camino de Cala Magraner ha sido cerrado con una barrera, según ha denunciado la plataforma hace unos días. / Plataforma procamins

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Llorenç Riera

Llorenç Riera

Cierto que la gestión, más bien la inacción, de Miquel Oliver en relación a los caminos públicos y privatizados del extenso municipio de Manacor se asemeja casi como un calco a la mantenida por Antoni Pastor durante los doce años, de 2003 a 2015, en los que el oscilante político del PP estuvo al frente de la alcaldía. En este sentido, resulta asumible la homologación del todavía alcalde y aspirante a presidir el Consell en representación de Més, como candidato reciclado para los conservadores al igual que hace, a modo de reproche, la plataforma Procamins. Dicho esto, también cabe preguntarse si el colectivo, al salirse de su ruta habitual, no acaba poniendo un bache y una desajustada barrera de intromisión política y confusión en una trayectoria que ha venido caracterizándose por la constancia, la solvencia y el rigor. Sí ha errado en las formas, en definitiva. Lo decimos porque en Manacor, en eso de la defensa de derechos de paso y caminos públicos, no hay grupo político que pueda alardear de buen manejo de llaves en la apertura de bienes colectivos. Solo han actuado cuando el impulso cívico les ha dejado al borde del precipio.

La designación de Catalina Sureda como Hija Predilecta ha enervado la indignación de Camins Públics i Oberts. Eso de los honores y distinciones en Manacor es capítulo aparte, pero en el caso de quien también fue alcaldesa entre 1996 y 1999, la distinción entra en candelero porque mantiene litigios abiertos con el Ayuntamiento sobre los caminos de Cala Magraner y Cala Pilota y se atribuye a su familia otras trabas o intromisiones privadas en caminos considerados públicos.

El enfado de la plataforma Procamins con Oliver es una clara expresión de denuncia, impotencia y casi desesperación que no invalida sin embargo su trabajo ni le cierra puertas de cara al futuro, pero que también excede en personalismos. Es hasta cierto punto comprensible en un municipio en el que nadie ha sido capaz de trazar un inventario de caminos públicos y cuando, 17 años después de la firma del Camí de es Fangar, el Camí de la Plana sigue cerrado.

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