Agricultura
Los ‘caragolins’ se multiplican en el campo y suponen una amenaza para los cultivos jóvenes
La pérdida de la tradición de consumo y ciertas prácticas agrarias favorecen la expansión de este molusco, cuya presencia masiva preocupa a los agricultores

FOTO: J. Ortiz | VÍDEO: Redacción Digital

La expansión del ‘caragolí’, en castellano caracolillo de tierra (Theba pisana), se ha convertido en uno de los fenómenos más visibles de este verano en el campo, donde su proliferación empieza a generar inquietud entre agricultores y técnicos. Aunque su impacto es desigual y afecta en menor medida a explotaciones más equilibradas desde el punto de vista ecológico, sí está incidiendo con fuerza en las plantas más jóvenes, cuyos brotes tiernos resultan especialmente vulnerables.
En numerosas fincas se repite la misma imagen: tallos, ramas y malas hierbas completamente cubiertos por centenares de pequeños ‘caragolins’ agrupados en racimos compactos. Este comportamiento, característico de la especie, no solo dificulta el desarrollo normal de los cultivos, sino que también puede llegar a complicar tareas como la recolección, especialmente en viñedos o plantaciones hortícolas. Su presencia suele ser claramente visible en los laterales de las carreteras porque colonizan hierbas o postes de electricidad. Es una de las imágenes más características del verano mallorquín.

Los 'caragolins' ascienden por los árboles y se posan en las ramas. / J. Ortiz
Jordi Ortiz, técnico de la Associació de la Producció Agrària Ecològica de Mallorca (APAEMA), entidad que ha alertado sobre la elevada presencia de ‘caragolins’ este año, señala que uno de los factores que explican este aumento es el cambio en los hábitos sociales. “Hace años, la recogida de 'caragolins' para el consumo era una práctica habitual. Las ‘caragolinades’ no solo tenían un componente cultural y gastronómico, sino que también contribuían a mantener bajo control las poblaciones”, explica. La progresiva pérdida de esta tradición que antiguamente juntaba en torno a la mesa a grupos familiares y de amigos para disfrutar de una buena ‘caragolinada’, concebida como una fiesta gastronómica, ha eliminado, en parte, este mecanismo de regulación.
A este factor se suma la evolución de las prácticas agrarias. Según Ortiz, la agricultura regenerativa, cada vez más extendida por sus beneficios en la mejora de la fertilidad del suelo y la biodiversidad, también puede tener efectos colaterales. “El hecho de intervenir menos, mantener más materia orgánica y favorecer la presencia de cubierta vegetal genera condiciones muy favorables para el 'caragolí'. Cuanta más hierba hay, mayor es su proliferación”, apunta. Por este motivo, desde APAEMA recomiendan una gestión más equilibrada, manteniendo las líneas entre cultivos trabajadas y con menor cobertura vegetal para limitar su expansión.

Las viñas también son víctimas de la proliferación de 'caragolins'. / J. Ortiz
El comportamiento del 'caragolí' difiere notablemente del de su ‘hermano mayor’, el caracol común (Cornu aspersum). Mientras este último busca refugio en zonas húmedas y sombreadas durante las horas de más calor, el 'caragolí' adopta una estrategia completamente distinta. En pleno verano, asciende en masa por la vegetación, vallas o estructuras elevadas para alejarse del calor extremo del suelo. Una vez en altura, se agrupa en densos racimos y sella su concha mediante un epifragma —una capa de moco seco— que le permite reducir su metabolismo y resistir las condiciones adversas.
Este comportamiento gregario es precisamente lo que lo convierte en una plaga especialmente problemática. De pequeño tamaño —entre 12 y 20 milímetros— y con una concha de tonos claros con finas bandas oscuras, el 'caragolí' puede concentrarse por cientos sobre una misma planta. Allí consume brotes tiernos, debilita el crecimiento de los cultivos y, en algunos casos, interfiere en los procesos de mecanización agrícola. Además, su presencia en altura reduce la eficacia de los tratamientos convencionales aplicados en el suelo, lo que obliga a replantear las estrategias de control.

Jordi Ortiz, técnico de la entidad APAEMA. / J. Ortiz
Entre las soluciones disponibles, Ortiz destaca el uso de fosfato férrico, un método autorizado en agricultura ecológica que resulta eficaz y respetuoso con el entorno. También menciona prácticas más tradicionales o naturales, como la colocación de lana en los troncos para dificultar el ascenso de los moluscos o la introducción de patos en las explotaciones, ya que estos animales son grandes depredadores de 'caragolins'. De hecho, cada vez más fincas incorporan este tipo de control biológico como parte de un enfoque más sostenible.
Con todo, los expertos insisten en la necesidad de mantener una visión equilibrada. El 'caragolí' forma parte del ecosistema agrario y cumple su función dentro de la biodiversidad. Sin embargo, cuando su población se dispara, deja de ser un elemento más para convertirse en un problema que puede comprometer la viabilidad de los cultivos, especialmente en sus fases más sensibles.
En este contexto, el reto para el sector pasa por encontrar fórmulas que permitan compatibilizar los beneficios de modelos agrícolas más sostenibles con un control eficaz de las especies que, en determinadas condiciones, pueden convertirse en plagas. Recuperar prácticas tradicionales, ajustar la gestión de la cubierta vegetal y apostar por soluciones naturales se perfilan como algunas de las claves para hacer frente a un problema que, lejos de desaparecer, podría intensificarse en los próximos años.
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