Lletra menuda
Los valores debilitados de la fiesta

Las imágenes del desembarco del Rei en Jaume en Santa Ponça / Ajuntament
Mallorca ha entrado en el punto álgido de las fiestas patronales de sus pueblos, el momento esencial del año para reencontrarse con la identidad y la familiaridad local de modo distendido.
Sin embargo, estas convocatorias imprescindibles del verano topan este año con demasiadas debilidades y desencuentros que invitan a la reflexión. Cuidado, una fiesta que se vuelve objeto de confrontación acaba perdiendo su condición natural.
Miren lo que pasó anoche en Santa María del Camí, L’Horta o Petra. Se postergaron pregones o devaluaron convocatorias de los programas oficiales en beneficio del Mundial de fútbol y del partido entre las selecciones de España y Bélgica. Pantallas gigantes sobre verbenas tradicionales y cenas que en principio debían homenajear a mayores. La fiesta del deporte nacional goleó a la genuina fiesta local anunciada y esperada y eso, por muy futbolero que uno pueda ser, no es precisamente una victoria de conciliación.
Pero, para desencuentros, el que se está fraguando en Santa Ponça a cuenta del acostumbrado desfile de Moros y Cristianos de las fiestas del Rei en Jaume. Las normas proteccionistas impiden mantenerla en la pinada y las colles se plantan. Si hay cambio de ubicación no hay fiesta, dicen aferrándose a la permisividad de los años precedentes. Mientras, el Ayuntamiento de Calvià suplica nuevo indulto a la conselleria del Mar. Que lo paguen otra vez las dunas del lugar. Es difícil sostener la condición de fiesta a una convocatoria que puede poner en riesgo las condiciones proteccionistas del lugar en el que se expande.
Las alternativas de urgencia que insinúa el Ayuntamiento tampoco convencen por falta de organización y logística. En eso vienen a coincidir colles y oposición municipal. Es verdad que la problemática no es nueva y que el Ayuntamiento ha tenido tiempo de sobra y por lo visto no voluntad, para consolidar escenarios consecuentes para el desfile de Moros y Cristianos. Entre una cosa y otra, los valores propios de bastantes fiestas se van debilitando, lo cual no es buen síntoma.
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