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Medio ambiente

El mar escupe basura en la Colònia de Sant Jordi

El viento y las corrientes marinas han acumulado grandes cantidades de residuos en uno de los litorales de aguas más cristalinas de Mallorca

Estado de la costa de la Colònia de Sant Jordi después de que las corrientes marinas y el viento expulsaran grandes cantidades de residuos

FOTO: A. Rotger | VÍDEO: Redacción Digital

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Colònia de Sant Jordi

Apenas ha comenzado el verano y el litoral de la Colònia de Sant Jordi luce más colorido de lo habitual. Plásticos, microplásticos y objetos propios de la temporada estival, como chanclas, envases o botes de crema solar, han aparecido en playas y calas del municipio salinero después de que las condiciones meteorológicas hayan sacado a la luz una realidad tan incómoda como persistente. El viento y las corrientes marinas han acumulado en la orilla tanto los residuos flotantes como aquellos que habitualmente permanecen ocultos entre la arena y las rocas del fondo marino, dejando una imagen desoladora en uno de los litorales de aguas más cristalinas de Mallorca.

La presión humana sobre la Colònia de Sant Jordi ha crecido de forma sostenida en las últimas décadas. Más que el aumento de la población empadronada, el cambio responde al fuerte incremento de visitantes durante la temporada alta y a la transformación urbanística del núcleo, que un estudio realizado en 2021 de la Universitat de les Illes Balears identifica como la más intensa del sur de Mallorca a través de fotografías aéreas históricas analizadas desde la década de los años 50.

Actividad náutica

Las excursiones al Parque Nacional de Cabrera, la proximidad de la playa de es Trenc y de otros arenales vírgenes, como es Carbó, hacen que la población presente durante el verano se multiplique notablemente respecto a la temporada baja. A la afluencia de visitantes por tierra se suma la intensa actividad náutica. Un estudio piloto elaborado por las fundaciones Mallorca Preservation, Menorca Preservation e IbizaPreservation concluyó que aproximadamente un tercio de los residuos del fondo marino de Baleares procede de la navegación, ya sea de embarcaciones de recreo, yates, barcos o de la propia actividad portuaria.

El Servicio de Limpieza del Litoral del Govern retiró el pasado año 36,8 toneladas de residuos - de los cuales casi la mitad son plásticos - de las costas baleares, un 32 % más que el año anterior, lo que refleja el aumento de la presión sobre el medio marino y la creciente cantidad de basura que acaba en el mar.

Los efectos de los microplásticos sobre los ecosistemas son cada vez más conocidos. Peces, tortugas, aves marinas y cetáceos los ingieren y ello les provoca obstrucciones en el aparato digestivo, inflamaciones, alteraciones reproductivas y daños celulares. Sin embargo, ya no son solo un problema ambiental, sino también una preocupación para la salud pública. Además de llegar a nuestro organismo a través del consumo de pescado y marisco, los microplásticos también se han detectado en el agua potable, otros alimentos e incluso en el aire que respiramos.

Aunque la planta hotelera de la localidad continúa renovándose y realizando esfuerzos para mejorar sus estándares de sostenibilidad, la presión humana deja una huella cada vez más difícil de borrar. La acumulación de residuos -tanto por su litoral urbano como por las calas y playas vírgenes que la rodean -, la masificación y la intensa actividad náutica amenazan un entorno especialmente frágil por su proximidad al Parque Nacional del Archipiélago de Cabrera y al Parque Natural de es Trenc, y que representa para varias generaciones de mallorquines uno de los destinos de veraneo más emblemáticos de la isla.

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